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Etiquetas:   Un lugar llamado desarrollo   Coaching   -   Sección:   Opinión

Cuando las prisas son un analgésico para no sentir

Las prisas son un analgésico para no sentir, lo he comprobado
César Piqueras
@cesarpiqueras
sábado, 27 de febrero de 2016, 02:22 h (CET)
Aunque tener muchas tareas y responsabilidades nos puede hacer tener mucho éxito, también es cierto que se esconden algunos peligros. En ocasiones, toda nuestra multitarea esconde un problema mayor, utilizamos nuestra atareada vida como un analgésico para no sentir…

Cuando tenemos prisa no somos nuestro mejor yo, todo lo contrario, el estrés nos quita solidaridad, empatía y otras tantas cualidades que no deberían perderse bajo ningún concepto.

Hemos llegado tan lejos que incluso la solidaridad se ha conseguido hacer una commodity, ayer escuchaba que si pagas un billete de avión con Iberia (plataforma Amadeus) puedes donar entre 3 y 20€ para salvar vidas con Unicef. Me parece una idea muy buena, creo que hacen falta iniciativas de este tipo, sin duda harán un mundo mejor. Lo que me duele es que luego no seamos capaces de mirar a los ojos a la persona que pide en la calle, que busca comida en un contenedor de basura, o ser capaces de ayudar a quien lo necesita, en vivo y en directo.

La solidaridad se ha convertido en algo así como “Soy solidario, pero no me quiero manchar las manos… ni mucho menos el corazón. Es decir, no quiero sentir demasiado tu tristeza, tu carencia, tu pobreza, tu poca capacidad de tener un futuro digno…mejor que nos mantengamos a distancia. Te ayudo, pero no entres en mi casa. Así que, si me lo ponen fácil ,te hago un donativo al pagar un billete de avión con la Visa y asunto arreglado. Así podré decir que soy solidario“.

Antes se diría “reza tres Padres nuestros y cinco Aves Marías”, ahora como nuestro Dios es el dinero, nos quitamos las culpas haciendo donativos. Que está muy bien, repito, pero no tenemos que quedarnos en eso ¿podríamos llevarlo un paso más allá? podríamos también sentir algo.

Hace más de 10 años que soy socio de PayaSOSpital y de Payasos Sin Fronteras, destino tan sólo 150€ cada año a estas dos asociaciones. ¿Me hace esto ser más solidario? No demasiado. Sería más útil si, además de esto, de vez en cuando me pasara por la planta de oncología pediátrica del Hospital la Fe, me contagiara de sus ganas de vivir, de su alegría, y también de su tristeza y desesperanza en algunos casos. Eso sí que me tocaría el corazón, para siempre.

A veces no queremos sentir, y por eso decimos “no tengo tiempo”, “hay temas mucho más importantes que hacer”, entono el mea culpa. Entonces es cuando nos convertimos en robots, en meros gestores de sentimientos, pero no en los seres sintientes y solidarios que somos.

Las prisas son un analgésico para no sentir, lo he comprobado.

Se han hecho estudios muy concretos sobre esto. Se estudió como unos sacerdotes respondían a la solidaridad de un mendigo que pedía ayuda. Cuando estos tenían prisa porque llegarían tarde a una conferencia, su respuesta solidaria descenció dramáticamente. Si a un sacerdote, hipoteticamente más sensibilizado con la solidaridad que tú y que yo, le ocurre algo así por las prisas, ¿imaginas qué nos ocurrirá a nosotros?

Por eso, creo que en ocasiones erramos el rumbo, nos hemos complicado tanto la vida que no percibimos que a nuestro lado existe un ser humano sufriendo y que necesita ayuda, alguien que podría ser tu hermano, tu madre, tu hija, tu mejor amigo… pero no lo es. Es el mejor amigo de otro, la hija de otro, la madre de otro y el hermano de otro… Entonces ya no tenemos porqué sentirnos mal.

Creo que nos falta empaparnos, inundarnos, embriagarnos, de sensaciones del otro. Tenemos que pasar del capitalismo al humanismo.

Ayer tuve un día bastante completo. De 7:30 a 10:30 trabajando en distintos proyectos en nuestra oficina, de 10:30 a 13:30 realizando un coaching de equipos y de 14:30 a 21:30 non-stop manteniendo sesiones individuales con 8 personas de un equipo comercial. De esos días en los que tu energía baja cuando llegas a casa porque sientes que lo has dado todo en las últimas 14 horas de trabajo.

Durante el día, además, tuve dos conversaciones con personas a las que quiero. En ninguna de esas conversaciones, di el 100% de mi mismo. Hoy les he pedido perdón a ambas.

Una prueba más de que cuando te aceleras pierdes el corazón, lo dejas detrás de ti, tratando de alcanzarte, pero tú vas muy rápido, eres un cerebro con patas. Si tan sólo te detuvieras a dejar que tu corazón te alcance…

Las prisas no son buenas consejeras, ¡qué cierto!
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