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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El PP pierde la vergüenza, el Gobierno la paciencia y Wyoming se apunta un tanto

Mario López
Mario López
jueves, 5 de febrero de 2009, 09:28 h (CET)
El PP acepta hablar del espionaje, pero no de la corrupción. Se apuntan al mal menor. De esta manera, queda demostrada una vez más la veracidad del proverbio “no hay mal que por bien no venga”. En este caso, el mal es hablar espías. Y viene por el bien de no tener que entrar al trapo sucio de la corrupción. Así que, el espionaje es el chocolate del loro y la ciudadanía, el loro del chocolate. El objeto del deseo que mueve a la lucha política, al encarnizado tirarse a la yugular del adversario, nos ha quedado claro que, para los dirigentes del PP, es el fabuloso mercado Persa donde se venden favores, prebendas, puestazos y que se llama Madrid. Ese bazar de las recalificaciones y del trasiego de bolsas. Bolsas repletas de dinero. Dinero más negro que Obama –el mesías de la crisis-, enterrado en chalets de lujo, ingresado en cuentas de paraísos fiscales o embutido en el bolsillo de un baranda presto a sufragar “en metálico” un viaje a Sudáfrica. Fiscales anticorrupción que, a juzgar por su mutismo, con ellos no va la cosa. Como ocurre con la señora Aguirre, que tampoco va con ella la trama de espionaje y corrupción tejida por sus más cercanos colaboradores y que, cual tela de araña, nos tiene atrapados a los madrileños invisibles en un estado de mortal acinesia. Así que en la euforia de verse salvos de más graves imputaciones, los dirigentes populares se ofrecen para hablar de los espías con transparencia, luz y taquígrafos; y, si es menester, polígrafos. Saben los señores del palacio de la DGS que el asunto del espionaje se volatilizará sin dejar mácula en sus curriculares méritos. La DGS ya pasó por trances peores y ahí está, tan fresca. Los sótanos del siniestro edificio de la Puerta del Sol dieron cobijo a las más infames torturas y hoy pueden acoger, sin empacho alguno, cualquier tipo de corruptela. Son estancias de malhadados destinos.

A la par que esto sucede, el ministro Sebastián nos confiesa que se le está acabando la paciencia con los bancos. A muchos ciudadanos esto nos viene ocurriendo desde hace ya muchos años. Demasiados. Pero está bien que los miembros del Gobierno empiecen a compartir sentimientos con la ciudadanía (más vale tarde que nunca). Esto les hace más Gobierno y a nosotros, más ciudadanos. Si llegáramos a conseguir una perfecta conjunción sentimental, Gobierno y ciudadanía podríamos escribir otro capítulo épico de nuestra historia. De la misma envergadura que la guerra del francés; aunque en aquella ocasión el Gobierno se desentendiera del asunto y fuera el pueblo llano el que expulsara al gabacho a golpe de tozudez y empecinamiento; dos señudas señas de identidad ibérica. La burguesía se ha pasado mucho con nosotros y es hora de que nosotros se lo hagamos ver. Sirva de buen ejemplo la genial mascarada con la que Wyoming puso en evidencia la absoluta mezquindad de la derecha informativa representada, en esta ocasión, por la “inefable” cadena Intereconomía.

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