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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Parlamento injusto

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 5 de febrero de 2009, 09:28 h (CET)
En Afganistán en donde los fundamentalistas señores de la guerra ejercen un férreo control, se incrementan los abusos infantiles y las violaciones. Cuando Malalai Joya, una joven diputada afgana habló en el Parlamento en contra de la presencia en el hemiciclo de “criminales de guerra” para tratar los asuntos de estado, se la expulsó de la sala con el acompañamiento de gritos malsonantes: ‘puta’, ‘comunista’.

La joven ha recibido diversos reconocimientos internacionales y habla de su compromiso adquirido en la defensa de las mujeres y de los niños, a pesar de los diversos atentados de que ha sido objeto. Afirma que es el blanco de diversos intentos de asesinato “porque defiendo los derechos humanos y la igualdad de la mujer en un país en donde las violaciones, los matrimonios forzados y los inhumanos abusos infantiles son el menú de cada día… Vivo escondida y tengo que cambiar de un lugar seguro a otro, nunca pernocto más de una noche en el mismo lugar. Es irónico que la burka, símbolo del sometimiento de la mujer en el régimen talibán se haya convertido en mi disfraz. Describo el vestido como un velo que me proporciona un cierto grado de seguridad”.

Malalai Joya afirma que “bajo el régimen actual, que me ha expulsado ilegalmente del Parlamento, se siguen deteriorando los derechos de la mujer. Las tasas de auto inmolaciones y suicidios debido a los matrimonios obligados, la violencia doméstica y la pobreza, hoy son más altas que nunca… Las violaciones de niños por bandas casi son a diario, especialmente en el norte de Afganistán en donde los señores de la guerra, aliados de Estados Unidos, ejercen el poder y tienen las manos libres… Triste, parece ser que Estados Unidos ayuda a estos criminales señores de la guerra. En el año 2001 el gobierno americano invadió Afganistán en nombre de la democracia, pero ha traicionado a nuestro pueblo ayudando a los más sangrientos enemigos de estos valores. El terrible régimen de los talibanes ha sido reemplazado por corruptos y crueles señores de la guerra y antiguos títeres de los rusos…”

Indiscutiblemente, los autores de estos crímenes merecen ser juzgados, pero, la justicia humana es tan injusta que los que merecen ser condenados severamente ni tan siquiera atraviesan la puerta de un palacio de justicia.

El estilo de vida afgano, influenciado por el Corán es muy distinto del nuestro que tiene sus raíces en la Biblia. La gravedad de los abusos que cita Malalai Joya no se dan en Occidente de una manera tan descarada. Se dan, y ello es un indicio de que si no se le pone remedio pronto, dada la tendencia del hombre a hacer el mal, se incrementarán a tal extremo que será imposible conseguir que las aguas vuelvan a su cauce.

El libro de Eclesiastés comienza así: “Palabras de Cohelet, hijo de David, rey en Jerusalén”. Se intuye que Cohelet, el autor del libro y Salomón sean la misma persona. Salomón fue el hombre más sabio de su tiempo, dedicándose a la investigación del mundo que lo envolvía. Pues bien, fruto de este análisis escribe: “ Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad, y en lugar de la justicia, allí la iniquidad” (3:16). El mismo Salomón escribe en Proverbios: “La justicia engrandece a la nación” (14:34). Si nos fijamos lo que ocurre en la administración de justicia percibimos que se forman penumbras que nos alertan que la justicia no es tan justa como debería ser.

Fruto de su investigación Cohelet añade algo más: “Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol, y he aquí las lagrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador” (4:1). Si se cree que la situación no tiene arreglo y que la victoria es de los opresores, se puede entender que las tasas de auto inmolación y de suicidios se incrementen en Afganistán tal como afirma Malalai Joya. No debe olvidarse que el Juez justo no mide los hechos con la misma vara con que lo hace el hombre porque es justo y conoce todos los detalles de los hechos. A sus ojos no se le escapa el más pequeño pormenor. Además, Dios es el Juez justo que no admite soborno y paga a cada uno según sus obras. Debido a que nadie puede eludir la justicia divina, antes que se tenga que comparecer ante el Juez justo se tiene la oportunidad de rectificar las obras injustas y opresoras que tanto dolor y lágrimas causan al prójimo.

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