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Etiquetas:   Un lugar llamado desarrollo   Coaching   -   Sección:   Opinión

El arte de practicar el desapego

La felicidad va mucho más allá de lo que tenemos, y del papel que desempeñamos
César Piqueras
@cesarpiqueras
viernes, 26 de febrero de 2016, 08:37 h (CET)
“Yo ya me he desprendido de todo” me decía el Padre Paco mientras me despedía de él al salir del Monasterio después de una semana de retiro. Me gustó la frase, tenía que ver con prácticar el desapego, algo que a todos nos hace falta…

El Padre Paco, el hijo del famoso actor Paco Martínez Soria, uno de los clásicos del cine español, ya lleva varias décadas en el Monasterio de Poblet, tiene cerca de los 80 años. Siempre es pacificador hablar con un monje, la primera vez que le conocí todavía era quien se ocupaba de la hospedería, tomó el teléfono para preguntarme ¿A qué vienes al Monasterio?… no supe que decirle, pues no soy creyente, así que le dije algo así como “busco silencio…” él respondió “Pues aquí siempre estamos cantando a Cristo”.

Más gracioso fue cuando me preguntó “Y ¿en qué iglesia te vas a casar? y le dije “No padre, no me caso por la iglesia”… luego se hizo un silencio.

La cuestión es que mis idas y venidas al Monasterio me hicieron conocerle mejor, y un día antes de despedirlo, y que bendeciera mi coche antes del viaje de vuelta a casa. Me dijo que “ya se había desprendido de todo”. Por suerte, todavía sigue más sano que una manzana, si vas a Poblet puedes preguntar por él y conocerle, y darle recuerdos de mi parte, del Sr. Piqueras, como me dice él. Yo iré en unas semanas y le volveré a ver y a convivir con el resto de los monjes de la comunidad.

Esa frase escondía mucha sabiduría, como casi todo lo que encontrarás detrás de los muros de Poblet. Desprenderse de todo, desapegarse, no depender, todas las palabras tienen que ver con lo mismo: liberarse, abrir las alas, liberar la mente.

Practicar el desapego
Los budistas dicen que el apego es la causa del 50% de nuestros problemas (el otro 50% es causa del odio). El deseo, de alguna forma, nos hace depender, dependemos de lo deseado, de lo que no tenemos, no podemos completarnos porque todavía nos falta algo.

En realidad cualquier religión nos hablará de lo mismo: no te hace falta nada más, lo tienes todo, eres todo.

Si logras desprenderte de lo superficial lograrás ver el diamante en bruto que eres, no necesitarás nada más, podrás desprenderte de todo.

Sin embargo, estarás de acuedo conmigo, en que cada día lo tenemos más difícil. ¿Cómo no depender de tantas y tantas cosas que hay a nuestro alrededor? y no sólo cosas, también personas, ¿Cómo no depender de las personas que queremos?

El marketing nos invita cientos de veces al día a comprar el último grito tecnológico, la publicidad hace que nos sintamos infelices sino tenemos ese cuerpo, ese pelo, ese coche, esa ropa, ese perfume…

Dependemos de la aprobación del otro, de la mirada del otro para ser nosotros… Pero ¿Qué ocurre cuando el otro no nos mira, no nos reconoce, no nos valida? ¿No seguimos siendo nosotros mismos?

En realidad, no podemos depender enteramente del entorno, pues el entorno te puede dar o no, te puede reconocer o no.

Uno tiene que saber dónde está su valor, cuál es su esencia, y no depender de nada para saberlo.

Por eso me pareció interesante la frase del Padre Paco “Me he desprendido de todo”, algo así como “ya he cumplido mi parte”, “no dependo de nada más para ser feliz” y tantas otras lecturas que podría tener.

La cuestión es que en demasiadas ocasiones nos identificamos demasiado con nuestros roles, con las mascaras que pretendemos ser, pero no somos. Si yo me identifico con mi máscara de escritor, tendré problemas el día que las editoriales no quieran publicar mis libros, o el día que no reciba feedback positivo de los lectores.

Si te identificas con tu rol de directivo, cuando tu empresa prescinda de ti tendrás una crisis de identidad.
Si te identificas demasiado con tu rol de esposa o marido, tendrás muchos problemas cuando tu pareja te pida el divorcio.
No quiero decir que uno no tenga que disfrutar de todos sus roles, lo que quiero decir es que su identidad la tiene que construir en base a lo que es, no al rol que ocupa, el dinero que tiene o las personas que le rodean.

A mi me encanta ver mis libros en librerías, recibir feedback positivo como muchos de los comentarios que leí ayer, que mi actividad cada dia sea más frenética y rentable, saber que mi mujer me ama y que muchas otras personas me aprecian, pero no tengo que depender de ello. No sería saludable. Hay que desprenderse incluso de todo esto. Depender de los aplausos puede ser muy peligroso.

La vida es la vida, por lo que es, no necesita de nada más parar ser fascinante. Todo lo que pones encima de la vida, es superfluo.

Confundimos la felicidad innata que ya tenemos, con la felicidad que supuestamente nos da cualquier logro, cualquier persona, cualquier reconocimiento material o inmaterial.

La felicidad va mucho más allá de lo que tenemos, y del papel que desempeñamos.

La meta es desprenderse de todo, como diría el Padre Paco. Viniste sólo al mundo y te irás en soledad, acéptalo. Disfruta del camino, pero no dependas de él.

Dice Eckhart Tolle que el sufrimiento acaba cuando acaba nuestra identificación con la mente, cuando vamos más allá y reconocemos a nuestra conciencia, al observador que mira. Es lo mismo que dijo Buda hace más de 2500 años.

¿Quién es el que mira, el que observa lo que estás pensando ahora mismo?, ¿qué hay detrás de tu mente? Conciencia pura, ser. En ese lugar hay desapego.

Sólo podemos aspirar a eso, a practicar, sin tratar de agarrarnos ni tan siquiera a esos momentos, si los has vivido alguna vez. Recuerdo dos segundos de mi vida, hace unos años, meditando en un hotel, también fueron similares. Después de varios años de práctica de la meditación, es lo máximo que he conseguido. No importa, no hay meta, el camino es la meta. Desapegate de esto también.

¿Quién eres?, ¿Quién es el que observa dentro de ti lo que tú mente piensa?

¿Cuál es tu esencia?

Más allá de todos tus roles, padre, madre, marido, esposa, profesional, amigo, hija… ¿quién eres?

Que tengas un gran día.
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