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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   PSOE   -   Sección:   Opinión

Hernando, por los cerros de Úbeda cuando le hablan de corrupción en el PSOE

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera” Albert Einstein
Miguel Massanet
viernes, 26 de febrero de 2016, 08:33 h (CET)
Es extraordinaria la facilidad de ciertos personajes de la política para conseguir no entrar al trapo cuando alguien les pregunta sobre temas que les pueden resultar incómodos, engorrosos y, evidentemente, para los que no tienen una contestación satisfactoria. Y cuando un partido político ha basado toda su estrategia, tanto electoral como para desacreditar a su adversario político, en cargar las tintas sobre un único tema del que espera sacar la suficiente ventaja para apartarlo de la lucha por el poder; resulta obvio que, si alguien pretende aplicarles la misma medicina que la que ellos utilizaron para desbancar a su oponente, aportando datos incontestables que demuestren que aquello de lo que acusan y recriminan a sus rivales, ellos mismos también van sobrados de lo mismo. En este caso, no tienen otra salida que intentar esquivar el tema recurriendo, cuando no a los balbuceos o la censura de la pregunta, saliéndose por la tangente y buscando una vía de escape, recurriendo a otro tema en el que sientan más seguros, algo así como sucedía en las famosas “espantás” del famoso torero El Gallo.

Hemos tenido la oportunidad de escuchar una entrevista en la COPE, al Secretario de Relaciones Institucionales y Política Autonómica del PSOE, señor Antonio Hernando. Aparte de recurrir a todos los tópicos propagandísticos para alabar el acuerdo conseguido por su partido con los Ciudadanos de Albert Rivera y de intentar, en cada ocasión que le ha sido posible, cargar las tintas en contra del PP del señor Rajoy y acudir a la sempiterna cuestión de la corrupción que azota a los populares, que utilizan para salir al paso de su negativa, rotunda y mil veces repetida, a cualquier negociación con el PP; una partido que ganó las elecciones con 123 escaños, que les superó en casi dos millones de votos y que, si ellos y el resto de las izquierdas no hubieran roto la tradición consensuada de que, el vencedor de los comicios, era quien tenía derecho a formar gobierno, aunque fuere en minoría, ahora estaría formando gobierno. El aludido, señor Hernando, no ha sido capaz de evitar que sus interlocutores, encabezados por el señor Carlos Herrera, le argumentaran que ellos, los socialistas, también tenían en sus filas numerosos casos de corrupción y que, sin embargo, procuraban que pasasen desapercibidos (con la colaboración de la prensa de izquierdas, tan experta en estos menesteres, añadimos nosotros)

Después de balbucear y mostrar su incomodidad, se ha desmarcado de la pregunta y ha vuelto a insistir en lo importante que había sido el pacto que el PSEO y Ciudadanos acaban de firmar para intentar el milagro de conseguir una investidura para la que no cuentan con los apoyos precisos. Alguien le ha recordado que sólo en Andalucía su partido tiene encausados a 600 de sus miembros juntamente con los de su sindicato, la UGT y que, el importe de lo defraudado a los trabajadores de los ERE´s andaluces, ya se calcula en una cifra que ronda los 4.000 millones de euros, algo que, curiosamente, supera con creces a lo que pudieran suponer económicamente todos los casos, tan jaleados y difundidos por la prensa, que vienen afectando al PP. Ni aún así, esta figura señera del partido socialista, ha tenido los arrestos precisos para reconocerlo y entonar el mea culpa. Otra vez ha evitado la contestación y nos hemos quedado con las ganas de recibir una explicación coherente y tranquilizante respecto a esta distinta vara de medir que, para el PSOE, parece que existe cuando distinguen, hipócritamente, entre los delitos o supuestos delitos cometidos en el seno del PP y, a cambio, esconden, minimizan y descartan de cualquier discusión los numerosos y sumamente escandalosos casos de corrupción que les afectan a ellos.

No nos sirve, como ha intentado argumentar el señor Hernando, que eso era emplear el conocido “y tú más”, como ha querido alegar en su descargo el entrevistado; porque, señores, lo que no es de recibo es que, unos se constituyan en adalides de la honradez, ejemplo de las virtudes de la honestidad, la probidad y el decoro, cuando lo que recriminan a sus adversarios políticos lo tienen ellos, corregido y aumentado, dentro de sus propias filas. Un ejercicio del más puro y repugnante sistema de descalificación del contrario, utilizando el conocido truco de amagar y esconder la mano, perversamente esgrimido para atacar a un adversario al que, todo hay que decirlo, siempre le ha faltado malicia, capacidad de reacción y ha andado sobrado del lastre, tan propio de una derecha, sobrada de un sentido del juego limpio y del honor, que le impide responder a las insidias de sus enemigos, utilizando sus mismas armas y ¡así les va!

Lo verdaderamente llamativo de toda esta etapa política por que estamos discurriendo, es que, por mucho que intentemos buscarle una salida lógica, un acuerdo que permitiera que España recobrara su tranquilidad, se alcanzara lo que ahora se definiría como “ el buen rollo” entre los ciudadanos, que se van dividiendo a medida que los ataques entre los distintos partidos van forjando distintas sensibilidades políticas que, como ocurre actualmente en Cataluña, se ha empezado a notar en las discusiones entre amigos, familiares y conocidos, en las que el grado de virulencia provoca que muchos ya se hayan retirado el saludo y, otros, no se hablen con sus propios hermanos y familiares. Mucho nos tememos que, si se va prolongando demasiado esta situación de interinidad, si no se apaciguan los ánimos y se encuentran soluciones a este rompecabezas, derivado de las elecciones del 20D, puede llegar un momento en el que el pueblo diga ¡basta!

De momento, no parece que la anunciada investidura, prevista para el 1 de marzo, vaya a servir para otra cosa que para que el señor Pedro Sánchez se de el gustazo de aparecer como aspirante a la presidencia del gobierno. Seguramente hará, como es de prever, un discurso cargado de tópicos, buenas intenciones y llamamiento a la unidad, solicitando que, en bien de la nación, todos los partidos se brinden a colaborar con el nuevo gobierno y que, respecto al pasado ¡pelillos a la mar! No se entendería que cuando se ha dedicado a insultar, ningunear, acusar, y negarse a negociar con el PP, sea éste el que se preste “de buena gana” a acceder a las propuestas de modificar la Constitución que los nuevos investidos le pidan. Sería absurdo y sus votantes no se lo consentirían.

¡Ni lo sueñen! Si ellos han querido plantear las cosas como lo han hecho, si se han negado a discutir un acuerdo con el PP y Ciudadanos, para formar una mayoría que todos esperábamos, capaz de sacar a España de sus problemas más inmediatos y mantener nuestras buenas relaciones con Europa, a la par que seguir gozando de la confianza de nuestros inversores; es evidente que ningún votante o simpatizante del PP aceptaría que la directiva del partido se prestara a acuerdos semejantes o a prestar apoyo que contribuyeran a que las disparatadas doctrinas económicas sustentadas por el PSOE pudieran llegar a ponerse en práctica. Ha bastado ver la prodigalidad que, en las propuestas acordadas por los socialistas y los miembros de ciudadanos, han demostrado querer gastar el dinero de los impuestos, para ver lo difícil que les sería llevar adelante un gobierno de subvenciones ( una basé mínima para todos los ciudadanos que ya se valoró en más de 15.000 millones de euros, algo inasumible debido al alto coste que supondría para una nación que apenas está empezando a superar la larga crisis que nos ha mantenido a las puertas de la quiebra.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta entender lo que le ha hecho al señor Rivera llegar a un pacto, una pacto sin posibilidades de prosperar, porque la aritmética parlamentaria es terca; cuyo destino final tenemos la impresión que va a ser un fracaso y que es posible que nos lleve, de nuevo, a otras elecciones que, a la vez, no cabe esperar de ellas que surjan situaciones muy distintas a las registradas el pasado mes de diciembre. Todo ello nos lleva a una inquietante situación que, si Dios no lo remedia, nos podría situar a finales de este 2016 sin gobierno constituido, sin PGE y en un terreno enfangado en el que el disgusto de los ciudadanos pudiera adquirir tintes parecidos a la situación que existía en nuestra naciones a principios de 1936. Lo que sucedió después ya es conocido de todos los españoles o, al menos, sería conveniente que se les refrescase la memoria a aquellos que no han sido capaces de sacar lección de aquellos dramáticos acontecimientos.
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