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Etiquetas:   Disyuntiva   Cultura   -   Sección:   Opinión

Gotas de sabiduría

“El mundo existe fuera de nosotros independientemente del conocimiento que podamos tener de él”. Umberto Eco, en Hay cosas que no se pueden decir. Revista de Occidente.
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 26 de febrero de 2016, 08:30 h (CET)
El misterio de la muerte, de la desaparición de las personas, enlaza de lleno con el enigma de las APORTACIONES de cada individuo; de su significado, bien para ellos mismos en particular, bien para el conjunto actual, también para los del futuro; al pasado aún no nos conducen los nuevos descubrimientos. Las aportaciones cubren toda la gama, nulas, perjudiciales o de indudable influencia benefactora para los seres vivos, para la Humanidad. La misma valoración de esas aportaciones introduce nuevos interrogantes, y las respuestas suelen escasear; en una gran proporción no entran en el meollo de los asuntos tratados.

El fallecimiento estos días de Umberto Eco, realza los matices de las consideraciones anteriores. Su muerte paraliza el flujo caudalosos de sus apreciadas manifestaciones, a las que nos tenía acostumbrados. Han sido innumerables sus obras (Libros, artículos, manifestaciones en público), con ideas muy ilustrativas. La interrupción no nos deja en el vacío, en cualquier medio, en cualquier ambiente cultural que se precie, continuarán vivos sus PENSAMIENTOS. Por lo demás, con una gran profusión de temas tratados, con altura de miras en las reflexiones y con una perspicacia encomiable. Como un modesto homenaje agradecido, recordemos con afecto algunas de sus aportaciones.

Acucian los problemas por la falta de agua, los pantanos enseñan sus riberas descarnadas con la ridiculez de unas presas mastodónticas para la contención de unas balsas de agua poco extensas. Sobre estos aconteceres de secano, escribió Umberto Eco un breve relato entre humorístico e irónico, “Erase una vez el agua” (Revista de Occidente. 2006), basado en la AÑORANZA del componente hídrico. Centra su narración en un viaje familiar sobre la autopista del Po, por la que en tiempos fue el rio Po; por increible que parezca, lo fue, y el agua seguía sus corrientes. Y en esas andamos, la escasez del agua disminuye la vegetación, cede los terrenos al cemento, bajo el contento de la estupidez general.

En el mismo relato insiste en la dificultad para explicarle al niño lo que era el agua, la existencia de la lluvia. “El agua caía hacia abajo en forma de gotas”. Son ideas expuestas con el ánimo de apertura hacia debates de sana ambición superadora. Termina el breve cuento diciendo; “Podríamos empezar así”. Me gustan sus maneras introductorias en el asunto, que cada día cobra mayor actualidad. Introduce más intuiciones que respuestas, refleja futuras complicaciones y las vivencias de las penurias originadas; en una mezcla de añoranza y DENUNCIA, lejos de las deliberaciones políticas, bizantinas por lo general y evasivas por su orientación. Plantea el predominio de los intereses sectoriales sobre los de la comunidad.

En los círculos sociales actuales está muy extendida la idea del fin de los grandes relatos, ideologías, etc. El cúmulo de conexiones impone su ley, con esa creencia asumida de que los conceptos no disponen de asideros fijos; por lo tanto, el balance de todas las ideas expuestas conduce a la razón determinante. De manera subrepticia medró la idea perniciosa; a todas las opiniones hay que respetarlas por igual, quedando supuesto en el aire su idéntico valor. Por eso, el debate de contenidos ha sucumbido ante la imposición del número de intervinientes o del poder de los mismos. Abocamos a la ANARQUÍA conceptual, extendida con una potente onda expansiva, tras de la cual asoma el desbarajuste de fácil comprobación.

Entre estas complicadas discordancias de uso habitual, reacciona poca gente. La mente lúcida de Umberto Eco lo hace con claridad en su artículo “Realismo negativo” (Revista de Occidente.2012); escribe que reaccionó hace mucho tiempo ante esta curiosa herejía. Para él, estar presente con su pensamiento, cuando las dudas plantan sus reales con ínfulas de sabiduría, viene a ser su actitud natural, reflexiva, expositiva. Asumidos los cambios de la época, como luego insistirá, en el debate conviene la introducción simultánea de la franqueza adobada con ARGUMENTOS bien elaborados, en una discriminación racional de cuanto acontece, sin fijaciones alocadas, con la atención vien dispuesta a las observaciones.

Qué es eso de lo fragmentado, lo polimorfo, como una mezcla de aptitudes sin ánimo de llamar a cada cosa por su nombre. Los caprichos existirán siempre, pero no constituyen una base argumentativa por su carácter anárquico. Insiste nuesro autor en el concepto de PERTINENCIAS. Las aptitudes de cada objeto, de cada persona, no sirven para todo, ni actúan con la misma intensidad en cada empeño; las matizaciones son infinitas. Cada uno interpreta a su modo, sí señor, faltaría más; aunque sus posibilidades van desde los disparates alucinatorios a las apreciaciones pertinentes de las características de cada ente. El sentido común no puede prescindir de las aplicaciones pertinentes para cada asunto.

Su realismo negativo apunta a la serie de CONSTRICCIONES naturales, que delimitan el buen sentido de las múltiples perspectivas. En su ejemplo del destornillador, no es pertinente su aplicación para hurgarse las orejas. Es decir, el sí y el no existen, son de aplicación cotidiana ante la realidad. Vivimos en aires de acentuada incertidumbre, quizá saturados de esa idea. Pero, topamos con las cualidades naturales de cada persona, objetos, relaciones, carencias y habilidades; constituyentes de un verdadero marco de actuación de apariencia caótica, aunque no apto para cualquier interpretación. En cada nuevo descubrimiento conocemos reglas subyacentes en ese caos, como elementos limitadores.

Cuando dice: “Hay cosas que no se pueden decir”, entendámonos, poder se podrá, si uno no está mudo y quiere decirlo, es el derecho de manifestación; será un dicho, a la espera de su confrontación con el mundo real. El Cosmos presenta sus credenciales, nos pone determinadas limitaciones, aparecen claras señales de rechazo ante ciertas afirmaciones inconsistentes. Hay diferentes grados dentro de la negación, de la refutación de proclamas caprichosas. Ese REALISMO capaz de señalar el rasgo negativo, resulta al fin un instrumento para el avance en los conocimientos, nos anima a buscar la autenticidad en los entornos, con la consiguiente capacidad de rectificación para desfacer los entuertos.

Resulta muy difícil la condensación en una frase escueta de unos determinados conocimientos, que suelen estar sometidos a numerosas conexiones, aspectos cambiantes y facetas variadas. La CONCRECIÓN suele otorgarles un acento estimulante hurgando en la herida social. Termino con la frase de Umberto Eco: “Internet permitió la invasión de los imbéciles”. Entraña toda una mezcla de sensaciones, denuncia de una floración plena de inconveniencias, estímulo para diferenciar los contenidos, exceso verbal aplicable a otros medios o provocación para mejores reflexiones.
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