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Etiquetas:   OPINIÓN   -   Sección:   Revista-arte

Mercado y arte; dinero y privilegio

Jesús-Pau Vázquez Vilardell
Redacción
domingo, 1 de febrero de 2009, 23:00 h (CET)


Para definir mercado es preciso tener presente que el propio concepto se desarrolla en la vida cotidiana en distintas ramas que acompañan a toda transformación cultural que se da en la sociedad en cada momento de la historia. Desde la etapa postfordista podemos hablar de mercado capitalista en Occidente puesto que el Capitalismo es el modelo de producción elegido por los gobernantes de muchos de los países más influyentes.

Así, en términos generales podríamos decir que el mercado es un conjunto de pequeños intercambios en comunidad o individuales que la administración se encarga de compendiar para entrar en competencia con otros países haciendo balances de pérdidas y ganancias en relación a otros mercados. Desde un punto de vista local el mercado es la compra-venta en un espacio público o no de productos o mercancías entre clientes y vendedores.

Inevitablemente hablamos de productos, mercancías, objetos, comercio de la propiedad, consumo de cosas que se pueden tocar, oler, ver, degustar... John Heskett en "El diseño en la vida cotidiana" define los objetos como "aquello que se utiliza para describir un amplio conjunto de artefactos tridimensionales que encontramos en las actividades cotidianas en entornos tales como el hogar, espacios públicos, trabajo, escuelas, lugares de entretenimiento y sistemas de transporte. Abarcan desde piezas de finalidad única y simple, como un salero, hasta mecanismo complejos, como un tren de alta velocidad. Algunos son expresión de la fantasía humana, otros de la alta tecnología".

Los productos del mercado van ligados al progreso de la técnica, el ejemplo más claro es el mercado de la tecnología. Este mercado está adaptado plenamente al tipo de sociedad que se da en nuestro tiempo. Por este motivo al hablar de mercado hay que hablar de cultura, la razón de existencia del mercado. Consecuentemente hay que hablar de una sociedad tecnológica, una sociedad tecnológica que comprende los objetos a través de los símbolos, un mercado de símbolos, como decía Cohen "esenciales para el desarrollo y manteniemiento de un orden social". Según J. Zerzan "una sociedad sometida a la prisión de la conciencia: lo simbólico como lo represivo".

Hablar del mercado del arte no es hablar de algo distinto. En este caso se trata de una "industria de la conciencia" (J.L. Brea) que ejerce su actividad en una cultura de masas a través de su distribución expansiva por medio de comisarios, galeristas, museos, etc. Conceptos de resistencia, críticas sociales y revoluciones a través del arte se mercantilizan y se presentan como productos acabados. Se puede considerar este mercado como un medio para el ocio puesto que "nada distingue el arte de cualquier industria del entretenimiento, nada impide que la lógica de su recepción social se sustraiga a la Ley -por ejemplo a las leyes de modas y mercados- que decide su significación pública como -espectáculos-" (La era postmedia, J.L. Brea, 2002).

Hay otros mercados muy influyentes como el mercado mobiliario donde el factor creativo-artístico también se hace patente. Los productos que se comercializan en este mercado pretenden adaptarse a nuestra forma de ser para lograr la autosatisfacción con el entorno más próximo que tenemos, nuestro hogar. Una de las empresas más influyentes en el mercado es Ikea que diseña mueble para casi todos. El éxito de Ikea y otras empresas reside en la localización exhaustiva de los problemas de las personas con sus prototipos para crear un modelo, una plataforma, del cual posteriormente se elaboran soluciones creativas que se limitan básicamente a cambiar la exterioridad del producto.

Lo cierto es que pocas definiciones bastan para dejar de dar razones de existencia al negocio del arte. Probablemente muchos privilegiados de Madrid o Barcelona se sentirán orgullosos por el alquiler de su loft o dormitorio. ARCO e Ikea les da soluciones creativas para autorrealizarse. Cuando se aburran siempre pueden optar por la solución de Brad Pitt en uno de sus films, hacer saltar por los aires todos los muebles de Ikea, también sus obras de arte compradas claro. Arderán tan bien que ayudarán a coger calor para superar la crisis de los mercados.

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