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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Por qué a mí?

Nuria Rubio (Madrid)
Redacción
miércoles, 4 de febrero de 2009, 12:35 h (CET)
Aparece sin previo aviso invadiendo cualquier parte de nuestro organismo; aparece con la férrea voluntad de quedarse, con la amenaza de expandirse, con el propósito de destruirnos.

El anuncio de su presencia produce una concatenación de sentimientos: incredulidad, impotencia, desesperación, dolor, miedo...; unos sentimientos que confluyen en una pregunta silenciosa que el afectado se hace a sí mismo y para la que no parece haber respuesta satisfactoria alguna: "¿Por qué a mí?". Tras este angustioso interrogante, sólo le quedará asumir que le sucede a él como a tantos otros y emprender una dura batalla con final incierto. A los tratamientos médicos -cada vez más avanzados y eficaces- habrá de sumarse necesariamente sus ganas de vivir, su fortaleza, su espíritu de lucha; porque el adversario es fuerte, pero por fortuna no siempre invencible.

La suya será una batalla de la que todos nos sentiremos partícipes, ya que todos hemos padecido -o podríamos en cualquier momento padecer- tan temible enfermedad de forma directa o en la persona de seres queridos. Detrás de su historia particular latirá de algún modo nuestra historia; desde el escalofrío que recorrió su espalda al escuchar el temido diagnóstico, escalofrío que, por empatía, imaginamos ser nuestro propio temblor, hasta su ansiada recuperación, alimentada en la distancia -física, que no emocional- por nuestro sincero deseo de que tenga muchos años de vida por delante. Detrás del numeroso colectivo enfermo estará nuestra solidaridad; en la celebración del Día Mundial contra en Cáncer (4 de Febrero) el pensamiento de todos se unificará -como no podía ser de otra manera- en torno a la esperanza de que, en un futuro no muy lejano, nadie más esté llamado a formularse, en la callada antesala del sufrimiento, esa cuestión que, de pronto, un aciago día encoge el corazón: "¿Por qué a mí?".

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