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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

¿Cómo ser cada día menos agresivo?

Jose Vicente Cobo
Vida Universal
martes, 3 de febrero de 2009, 13:20 h (CET)
¿Ha pensado usted alguna vez en el hecho de que con su mal carácter, su genio o incluso su agresividad puede dañar a alguien?, pues bien, toda esa acumulación de energía negativa se podría disolver rápidamente arrepintiéndose de la parte que le corresponde en la disputa, para después pedir perdón a la persona afectada. La experiencia enseña que con estos pequeños pasos uno ha tendido un puente invisible a la otra persona, la que con seguridad estará más dispuesta a buscar conmigo una solución a nuestro altercado.

Si ante cada situación en la que me enojo me preguntase ¿por qué este enojo en mi?, ¿por qué estoy alterado?, tendré la oportunidad de aprender algo sobre mí mismo, de esta forma el día será un día de aprendizaje, un día para cambiar. Cada día trae un mensaje personal para cada uno de nosotros, un mensaje que nos puede cambiar y hacer más ricos internamente.

Sepa que la suma de cada pelea, de cada pensamiento de odio y enemistad termina haciéndose grande. Hemos escuchado de los grandes físicos del siglo XX que ninguna energía se pierde, tampoco ningún pensamiento. Por ello cada pensamiento de agresividad y de rabia es acumulado y algún día puede terminar convirtiéndose en una guerra.

De la segunda parte del programa "El Eterno y usted" del Emisor Nueva Jerusalén reproducimos el siguiente extracto: "Si cada vez me preguntase, ¿por qué este enojo en mí?, ¿por qué me alteró esto?; sabría que en el fondo estoy enfadado conmigo mismo. Si me doy cuenta de esto, será la oportunidad de aprender algo, entonces el día será un día de aprendizaje. Cada vez que algo se pone a hervir en nosotros y se destruye esa tranquilidad interna, para nosotros es la oportunidad de reconocernos en ello. Esto significa que en mí ha resonado algo. Ahora puedo reconocerlo, arrepentirme y purificarlo. Esto significa que si ahora me altero con alguien, no he de empezar en seguida una pelea, sino primero cuestionarme. Pues la suma de todas las pequeñas peleas, cuando se hace grande, llega a convertirse en una guerra entre pueblos. Esto significa que cada guerra es una guerra entre hermanos. Yo me vuelvo por tanto contra mi hermano, pues en el Espíritu de Dios es mi hermano. O incluso mato el cuerpo de mi hermano, que igual que yo, forma parte del Reino de Dios.

Si mira detenidamente la respuesta que le dio a su vecino, a su compañero de trabajo o quizás a su pareja y analiza la situación que ha vivido, entonces podrá descubrir que una y otra vez son las mismas o parecidas cosas las que le enfadan y alteran, esto le indica que el „mensaje" que el día trae para usted quiere ser cumplido, es decir, arreglado, por eso se repite y esto sucederá hasta que sea capaz de resolverlo.

En muchas ocasiones lo que críticamos de nuestro prójimo en mayor o menor medida está tambien activo en nosotros, esto puede ser una magnifica pista para conocernos mejor. No es al otro al que debo mirar, sino a mi mismo para poder arreglar mi parte, el otro tambien cuenta con toda la ayuda para poder arreglar la suya, sin embargo ninguno podrá arreglar la del otro. Si he conseguido cambiar y resolver algo en mí ya no buscaré mi viga en el ojo del otro, si no que podré ayudarle a sacar la paja de su ojo. Esto que nos enseñó hace más de 2000 años Jesus de Nazaret, sigue siendo la clave para un mundo en paz. Que la situación de este mundo sea tan caotica, no es más que un indicativo de que la humanidad no ha cumplido estas sencillas enseñanzas del amor.

"Contribuya a la no violencia. Traiga la paz a su vida, a su entorno... y si quiere, cuéntenos cómo lo hace".

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