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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Brújula interior

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 2 de febrero de 2009, 09:10 h (CET)
Basta con asomarse al balcón, no son precisas dotes extraordinarias, la panorámica enseña lo más llamativo de una serie abrumadora de inconveniencias. Las necedades irrumpen como una competición y un alarde. Los improperios crujen al menor roce. Mentiras, disimulos y falsos andamiajes, encubren una CRISPACIÓN molesta. Si incluimos grandes corrupciones y hasta agresiones, el lamento melancólico se transformará en irritación progresiva. ¿Cuál será la empresa de reparaciones que arregle esto? ¿A quién deberíamos acudir? Necesitamos testigos que testifiquen, clarificadores, no meros mirones, anónimos y afines al cambalache. Se precisa la recuperación del rigor para los análisis de cada proceso. También transparencia y presencia de los ciudadanos; llega un momento en que no es suficiente la pasividad.

Con estas actitudes y cualidades sí dispondríamos de un buen semillero para la renovación; pero eso no está en la Antártida, ni depende de Obama. Hannah Arendt lo condensaba en esa "única brújula interna", en ella se centra el alumbramiento de nuevos enfoques para la generación de acontecimientos dignos. Si no fuera así, ¿De dónde vendrá el maná? Ella vivió momentos históricos nefastos, no han sido ni serán los únicos, no hay más que observar la evolución de las barbaridades. La persistencia de ese cruel muestrario, nos exige una mayor atención hacia el lugar donde se cueza ese SENTIMIENTO ÍNTIMO de rebelión. No es otro que esa brújula interior, que todos llevamos en el corazón más o menos agazapada. Míremos, míremos, faltar no falta; pero el poco caso que le hacemos será la base de sucesos posteriores.

Examinemos el entramado de los modernos PEDAGOGOS. No todo es ponerse encima de las poltronas, tampoco en las pantallas subvencionadas o bajo los servilismos partidistas. No contribuyen al buen funcionamiento. Los adoctrinamientos no favorecen a una ciudadanía razonable, seguiremos anhelando eso de contar con los diferentes puntos de vista; no basta un dictamen de jueces, tampoco el ordeno/impongo de las mayorías. La escuela diversa y exigente, escapa de la mediocridad, impulsa las tendencias, huye de la uniformidad. Si planteamos el espíritu de la Universidad, Bolonia arriba y abajo, pero sin asomo de elaboración previa democrática; los despachos de rectores y políticos son fuente de nuevos dogmas, como a la vista está. Aunque esto pueda parecer complicado, en el fondo es sencillo, ¿Dónde queda la participación desde abajo? ¿Por qué tragamos con los nuevos engaños? Son preguntas y cuestiones muy clarificadoras. Hemos de retornar al semillero interno que mencioné, ese pálpito de las sensaciones íntimas aún no contaminado. ¿Por qué me van a imponer unas tendencias? ¿Por qué los profesores sabemos tan poco del plan de Bolonia? ¿Qué se sabe en definitiva? Y ya lleva años el proceso de marras.

Veamos lo que ocurre con ese sentimiento perenne de la Humanidad, profundo o superficial, angustia o anhelo, de orientaciones controvertidas; al que podemos denominar como enfoque RELIGIOSO de la vida. En esto de las preguntas últimas, dominan las inseguridades, quizá apreciemos una similitud entre las contundencias de unos u otros; demasiado intolerantes para cosa buena. En esas alturas se sienten vértigos, éxtasis o soledades, pero es increíble una seguridad abusiva. No iremos a circular detrás de los esperpénticos autobuses rotulados, suenan a regimenes de otro tiempo. Ni el sentido religioso, ni el ateísmo sensato se enraizan en el parque automovilístico, ni en la industria publicitaria. Volvamos al fondo modesto para repensar la orientación de nuestros corazones. Me da la impresión de que, tanto si hay brasa, piedras o frías cenizas, estamos ante una labor común que tenemos por delante, no hay mucho más. El respeto y la convivencia. El día que lleguemos al final de la galaxia o al fondo del agujero negro, quizá estemos en condiciones de apurar más los conceptos. Hasta entonces, simples intemperancias, exabruptos y enfrentamientos. En cuanto al sentimiento o su falta, escasean las demostraciones. ¿Hay alguna?, la tragedia es común (valga la expresión unamuniana) y el contagio es posible. ¿Es necesario zurrarse y zaherirse? ¿Sólo cabe el aplastamiento mutuo?

Al adentrarnos en el núcleo de las personas, no siempre encontraremos personalidades sólidas, que se debatan con firmeza contra los avatares de la vida. Si falta esa fortaleza, se buscan muchos sustitutos para mantenerse con buenas apariencias. Ese papel será ejercido por los partidos políticos, el estado, el dinero, el nivel profesional, familia, grupo de amigos, pandillas, como cualesquiera entidades de aparente consistencia. Como en otros excesos, si uno delega en demasía hacia esos entes, queda sometido al albur de lo que ocurra con ellos, queda desprotegido, sin voz ni voto para su presencia en la vida, y esta es sólo suya. Si se diera el caso de ir perdiendo progresivamente estos puntos de apoyo, esa persona se va sintiendo fuera del tiempo, exiliado de sus ambientes. Lo expresa con acierto Vasili Grossman en su famosa "Vida y destino", esos perdedores son como HIJASTROS del TIEMPO, desplazados, fuera de sitio. En los ambientes contemporáneos se dan circunstancias como estas, por despersonalización; sea por el paro, jubilaciones, debacles sentimentales, desgracias u otras marginaciones sociales. Por eso resulta relevante la luz encendida en el fondo de cada almario, porque desde ese núcleo se muestra la evidencia de los posibles contactos salvadores, es insustituible. Si domina el desdén y la desconsideración hacia las cualidades peculiares, los hijastros mecionados sólo podrán incrementarse, como el sufrimiento y las variadas violencias.

Aquel que quiera observar las circunstancias de la existencia, usted o yo, no tiene más que escarbar en ese fondo común, cada individuo con su peculiaridad, pero dispone de él. Fácil y consistente para cualquier pronunciamiento, vamos torcidos o en derechuras aceptables; las complicaciones son ajenas y posteriores. Nuestro inmenso Ortega y Gasset llegó a atribuirle una capacidad absoluta y cuasi matemática; lo que digo, bien o mal, sencillo y preciso, con sólo atenderlo. Decía Ortega, el alma humana tiene esa POTENCIA ESTIMATIVA. Podemos llevar a cabo esa valoración. Sin embargo, las evidencias muestran ciertas debilidades que también son propias; somos propensos a liar la madeja, hasta la pérdida total de los rumbos aceptables. Nos fijamos en los casos extremos, en los más descollantes; pero volvemos raudos a comenzar nuevas e insospechadas madejas. Como vengo insinuando, no aprovechamos el gran recurso. Ni brújulas, ni potencia estimativa. Cuesta creerlo, pero nos va la marcha; pese a que la rebelión pudiera parecer cosa hecha. ¿Qué nos pasa? A ese ritmo y con estas tendencias se nos quedará cara de NINOT fallero, para que nos pongan el cartelito y la cerilla.

Los ejemplos cunden en cuanto desmenucemos el arte, el comercio, la banca, el trato a la agricultura, la ecología, o las diferentes ramas de los derroteros existenciales. Aunque traten de aburrirnos con el sentido contrario, de complejidades sin freno, de enormidades; les resultará imposible la obstrucción del mencionado manantial, quizá el principal representante de los humanos como tales.

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