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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política  

El Senado, el talón de Aquiles de los proyectos de destruir España

Miguel Massanet
miércoles, 24 de febrero de 2016, 08:26 h (CET)
Parece ser que, en esta batalla que los partidos políticos tienen entablada para ver cuál de ellos se lleva el premio de poder constituir un gobierno estable, con los apoyos necesarios para conseguir llevar a cabo un determinada política que, por todos los signos que se van conociendo, es muy posible que tenga visos de ser más bien de izquierdas, si el acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos llegara a materializarse y, una política de extrema izquierda y de tipo revolucionario, si el acuerdo fuera entre el PSOE y Podemos. Nadie parece dar un centavo por las propuestas del PP de constituir una gran coalición de los tres partidos: PP, PSOE y Ciudadanos que sería, sin duda alguna, la que mejor respondería a las peticiones de los ciudadanos, tan mal interpretadas, hasta ahora, por los líderes de los tres partidos que se disputan entre ellos los apoyos precisos para formar gobierno. Y es que parece que nadie se fija en la importancia del Senado.

Resulta llamativo que nadie y cuando digo nadie excluyo a la totalidad de los partidos políticos en liza, parece haberse enterado de que, los ciudadanos, que para el `PSOE, Podemos y Ciudadanos, votaron a favor de un “cambio”, cuando votaron a los que debían componer el Senado de la nación, le otorgaron, de nuevo, mayoría absoluta al actual partido en el gobierno, el PP. Y me refiero a esta omisión, a todas luces interesada, por la importancia que supone que, según la Constitución, en su artículo 167, del Título X, en sus números 1 y 2, cuando se habla de los requisitos precisos para realizar cambios en ella, se establece lo siguiente: “ 1-. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado. 2- De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma.”

Resulta desconcertante de que, cuando los lideres de Podemos, del PSOE o de Ciudadanos hablan de sus proyectos, de los cambios que ellos consideran imprescindibles para nuestra nación y de las reformas que, necesariamente, precisarían acometer una reforma de nuestra Carta Magna, parece que lo hacen contando con la posibilidad de llevar a cabo, con sus propios medios y con sus votos, esta presunta modificación a la que vienen haciendo referencia. Vemos con qué displicencia se deja de lado al PP, con que poco disimulado desprecio se prescinde de la opinión del partido que ha resultado ser el más votado y, con que escaso sentido de la realidad y de las verdaderas posibilidades de llevar a cabo esta supuesta modificación constitucional, se hacen planes al respecto, cuando la realidad es que, sin el apoyo, el consentimiento, la colaboración y los votos del Senado, en manos de los senadores del PP, se prometen proyectos que, en modo alguno, podrían llevar a cabo ninguno de los posibles gobiernos, tanto entre Ciudadanos y el PSOE, como en el caso de una alianza de izquierdas, entre el PSOE y Podemos con el apoyo de otros partidos y la abstención de los nacionalistas.

Pueden jugar a aliarse de la forma que consideren que más les va a favorecer, pero la realidad es que, están atados de pies y manos en cuanto precisen la colaboración del Senado que, como claramente indica al apartado 2 del citado artículo 167 de la Constitución, condiciona sine qua non la posibilidad de prosperar sin el apoyo de la mayoría absoluta del Senado, algo que sólo está en manos del PP el poder conseguirla.

Es posible una investidura in extremis, en el caso de que las izquierdas con Podemos, IU, el PNV (¿qué haría un partido de derechas como es el vasco rodeado de partidos de izquierdas y de extrema izquierda? Es algo que se debería consultar con el señor Urcullu) y la abstención de los separatistas catalanes. Pero ¿se han preguntado ustedes lo que sucedería después?, ¿qué posibilidades tendría un gobierno de coalición sabiendo que las importantes reformas, que tienen en mente precisan, en su mayoría, una reforma constitucional? ¿Estarían en condiciones de imponer el previsto cinturón sanitario al PP si, acto seguido, necesitarían mendigarle votos de los senadores para poner en práctica la mayoría de sus proyectos de cambio?

Y uno, en su calidad de mero ciudadano de a pie, se pregunta: ¿ cómo es posible que el PP, que tiene esta importante baza que esgrimir y con la que poner en cuarentena la mayoría de los disparatados proyectos comunistoides de Podemos o del PSOE; no los ha puesto sobre la mesa?, protestando de que se haya prescindido de un partido que ha conseguido, en los últimos comicios, más de 7.200.000 votos , muy por encima del segundo partido, el PSOE, que sólo consiguió 90 o de los de Podemos que lograron 69 o los del señor Rivera, convertido en el gran predicador de las políticas honradas y de los comportamientos honestos cuando, a pesar de las expectativas que tenían, apenas consiguieron 40 escaños; muy meritorios, pero, sin duda, muchos menos de los que precisaban para ser un verdadero partido bisagra, que fuera decisivo a la hora de lograr acuerdos. No salen los números y si, en un alarde de la más absurda locura política, llegaran a plegarse a las peticiones de los nacionalistas, ya fuera permitiendo el referéndum que están demandando o prometiendo futuros pactos que les garantizasen poner puentes para que, en un futuro, pudiera realizar nuevos pasos hacia el independentismo; siempre estaría, al menos durante esta nueva legislatura, el cerrojo infranqueable de un Senado, convertido en guardián y defensor de los derechos fundamentales de los españoles, recogidos en la Constitución de 1.978.

Si en el PP hubiera alguien capaz de quitarse de encima esta capa que los ensombrece, debido a la humillación de la corrupción que ha ido cubriendo al partido de la inmundicia de unos pocos pero, los suficientes, para que haya cundido el desánimo, la desmoralización y la sensación de derrota entre una gran mayoría de los miembros y simpatizantes del partido; alguien que estuviera libre de culpas y que tuviera las cualidades de un buen parlamentario y los mimbres de un eficaz administrador y gobernante, que pidiera paso, se deshiciera de toda esta cúpula del actual gobierno del PP –que ha sido la verdadera causante de que, un partido con mayoría absoluta y amplias posibilidades de llevar a cabo una reestructuración a fondo de todas las administraciones autonómicas y la eliminación, sin contemplaciones, de las leyes obscenas y contrarias nuestra moral y ética, que los socialistas nos dejaron en herencia de lo que fue un gobierno incapaz, derrochador y absolutamente incompetente, en lo que fue un ejemplo de una de las más absurdas fórmulas propias de la arbitrariedad de las izquierdas absolutistas –; se los enviara a casa, cubriendo sus vacantes con la savia nueva de los verdaderos defensores de los valores tradicionales del partido, haciéndole regresar a aquellos tiempos en los que, lo más importante, era defender aquellos principios constitutivos que fueron los que reunieron en la antigua Alianza Popular a todos los españoles que no querían perder sus tradiciones cristianas y su moral y ética trasmitida a lo largo de generaciones de españoles, que no dudaron en mantener el espíritu de la unidad de la nación y el respeto por sus símbolos e instituciones.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no acabamos de entender en qué se basan, todos estos ensoberbecidos políticos de la izquierda, para pretender imponernos, desde su impotencia para cambiar las columnas fundamentales de nuestra nación, recogidas en nuestra Constitución, desde una autocomplacencia que sólo se puede entender en personas que: o pretenden engañar al pueblo español prometiendo lo imposible o bien que, en el fondo, pretenden imponernos, como ha sucedido en Venezuela, sus adoctrinamientos, olvidándose de las leyes que nos amparan a todos los ciudadanos.
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