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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Personalidades maduras

Pepita Taboada (Málaga)
Redacción
lunes, 2 de febrero de 2009, 09:23 h (CET)
No consiste la madurez en la persona sólo en cumplir años. Para hacerse mayor no es necesario esfuerzo alguno: los días, las semanas y los años van sucediéndose inevitablemente, y es triste descubrir que a la madurez de los años no le sigue, en muchos casos, la madurez interior, aquella por la que se consigue una personalidad rica y equilibrada.

Decía Juan Pablo II en su carta a los artistas que "a cada hombre se le confía la tarea de ser artífice de la propia vida: en cierto modo debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra". Pero no es tarea fácil. Sería necesario en primer lugar aprender a reflexionar desde la infancia para, posteriormente, no quedarse hipnotizados por la publicidad y la fantasía que deja a la persona sin fuerzas para rechazar lo novedoso, cuando le es perjudicial. Y si desde la infancia no se ha recibido esa educación, la persona posee voluntad para adquirir valores que desemboquen en una personalidad responsable.

No resulta atrayente una persona inmadura, suele ser caprichosa, solo capta aquello que perciben sus sentidos, se deja llevar por la ley del gusto y se queja de cualquier obligación. Tampoco le interesa agotar la verdad, por temor a tener que cambiar sus costumbres y suele desentenderse de los demás: "que cada cual haga lo que quiera", queriendo justificarse para no comprometerse, porque todo compromiso conlleva sacrificio, esfuerzo. Almacena en su cabeza una lista de agravios y pierde con frecuencia el buen humor. Y ante una enfermedad larga y difícil no sabe mantener la paz y la serenidad.

No me resisto a comentar que la aplicación de la eutanasia constituye una gran falta de madurez interior, tanto en los que la defienden, como en los que la practican. La vida, aunque esté deteriorada, es el mejor don que hemos recibido y su dignidad está por encima de cansancios, dolores e inmovilidades. Habría que animar, confortar, enseñar a estas personas a tener convicciones firmes, como muchas otras que, padeciendo las mismas enfermedades, son un ejemplo de fortaleza. Y se tienen convicciones firmes al aprender lo trascendente de la vida, aceptando las Normas morales o Mandamientos del Creador.

Disponemos de mecanismos para elegir entre pesimismo y optimismo, entre aburguesamiento y generosidad para controlar alguna jugarreta que nos puedan hacer los sentimientos.

Personalidades maduras, pues: un gran reto para la sociedad.

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