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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Rebajas y chollos orientales

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 1 de febrero de 2009, 12:07 h (CET)
Qué pensarán las personas aficionadas a las tiendas-chollo y los mismos “cholleros” orientales cuando salen las rebajas españolas más clásicas y cotizadas en los anuncios de radio y televisión. Se reirán. Por supuesto son precios rebajados, pero no llegan a otras ofertas de productos chinos que apenas marcan un tercio de esa cantidad cuestionándose o no su calidad, eso es lo que marcan las nuevas etiquetas recién llegadas en los barcos de China. La señora AAA va de compras y entra en una tienda, porque parece ser que eso de las rebajas y compras es de féminas..., lo debe decir por ahí alguna importante norma social de monedero. Sin embargo, aún no estamos en rebajas, ella no sabe cómo se llama el local, sólo sabe que está atestado de gente que pacientemente hace cola para pagar sus adquisiciones y que los escaparates del exterior llaman la atención por su modelos de plena moda y colorido. Ni siquiera ha reparado en los dependientes próximos a la caja. Se da unas vueltas por el comercio percatándose de que la ropa es bastante barata, aún cuando es de temporada. Se pone las gafas para cerciorarse de que los precios son los que son y, como quien no quiere la cosa entra al probador, lleno de pelusillas, cosa muy habitual por otra parte en las tiendas de ropa en fechas consumistas, por cutres o elegantes que sean, y se prueba varios modelillos comprando tres prendas por unos eurillos de nada. Se acerca a las cajas y es entonces cuando comprueba que dos dependientes son dos jóvenes orientales, que envuelven a toda prisa las prendas a la vez que desconectan la ficha de la alarma y dan con rapidez las vueltas a los compradores.

Esa noche tiene una cena con un grupo de amigos y va tan contenta pues puede responder con gusto al “qué me pongo” que le increpa su armario cada día. Esa noche cenará, entre otros, con un amigo comerciante que le dirá que tiendas como esa están acabando con muchos negocios pero, ¿qué hacer cuando la ley de lo barato le encamina a productos tal vez de dudosa calidad pero que aguantan la temporada sin que se queje el bolsillo? El amigo de la señora AAA colgó las perchas y cerró la tienda. Ahora ambos han escuchado a un ministro español decir que se compren y consuman productos españoles, y a un presidente francés que ha exigido que las factorías de automóviles se queden en Francia si quieren recibir ayudas. Y hasta escucha a Obama como acusa a China de no respetar los tratados comerciales de libre comercio.

La señora BBB se toma un día de rebajas, no tiene mucho tiempo, va buscando algo concreto y de un color concreto, por lo que no le resulta demasiado complicada su búsqueda. Entra en varias tiendas donde se da cuenta que tampoco la rebaja es tanta, son tiendas nacionales o eso parece, sin embargo al mirar en un rinconcito de la cintura, para conocer la composición de la prenda, pues ése es uno de los consejos de las Asociaciones de Consumidores en rebajas, repara en que es un producto fabricado en China, busca en más etiquetas de su “algo concreto”, en distintos colores, en distintas tiendas, en distintas calles, en comercios que se suponen españoles, elegantes y serios y camufladas en etiquetas mínimas aparecen de nuevo que su fabricación es de origen chino. Por fin encuentra la ropa deseada, qué paño, qué sólido color, en la etiqueta dice ser italiano, no en vano la tienda en una franquicia italiana, compra la prenda y sólo en casa le advierten que muy camuflada esta la frase de que pertenece a China.

El señor CCC entra en una zapatería, a probarse zapatos. Es una zapatería de las de toda la vida, hay de distintos precios, aparentemente el calzado viene de la zona levantina, sólo al pagar ese par de zapatos que entendemos están baratos por las rebajas y mirar la información que nos da la caja, entendemos y comprobamos que también va a ser chino.

Pues pónganse de acuerdo los gobernantes con la ley de libre mercado y con los tratados internacionales ya que todas las señoras y señores del abecedario, por más y más vueltas que den en rebajas, sólo aprecian que la mayoría de los productos que nos rodean y que hay en las tiendas, sean o no chollos, son chinos. Y ese no es el problema, no es un problema xenófobo o racial ni mucho menos, es una cuestión de nuestras tiendas, de nuestros comerciantes, es cuestión del sueldo y del bolsillo.

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