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Opinión
Etiquetas:   Política   Izquierda  

Colau y Carmena, de coño a coño

¿Qué tiene de novedad que esta nueva izquierda prepotente intente dominar a la parte de la sociedad que está disconforme con ella?
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 22 de febrero de 2016, 01:07 h (CET)
Uno esperaba más de los nuevos partidos: Regeneración, actitudes frescas, políticas nuevas. No, no es que esto del bolchevismo o del bolivarianismo sea nuevo, no hay nada más fracasado y obsoleto que el comunismo, pero uno esperaba más inteligencia, mentes más despejadas y actitudes no ligadas a los años sesenta. A los años treinta.

Porque viejo, pasado de moda, gastado y desacreditado es el anticlericalismo. Si la izquierda se quiere presentar como el adalid de una nueva España es absurdo volver a políticas arcaicas, atrasadas y primitivas. ¿Qué tiene de novedad que esta nueva izquierda prepotente intente dominar a la parte de la sociedad que está disconforme con ella? ¿Qué hay de nuevo, de rompedor, en esa exposición de fotos de hostias consagradas de Pamplona? ¿La intransigencia? ¿Qué tiene de regeneración esa oración blasfema de Ada Colau? ¿La intolerancia? ¿Esa exposición de coños de Carmena es la regeneración que nos habían prometido? ¿Es democracia ese desprecio a parte de la sociedad? ¿Es democracia ese rechazo, esa ofensa innecesaria al que piensa distinto?

Esa política de desprecio al disidente es la que se ha hecho en España desde hace siglos, es el tradicional “si no estás conmigo estás contra mí” que se ha cebado en España con los perdedores, sea de guerras o elecciones, es la imposibilidad de coexistir amigablemente con el homosexual, con el “rojo”, con el facha, con el raro, con el que se distingue de la masa homogeneizante. Es la política de siempre. Es la intolerancia, es el “quítate tú que me pongo yo y mis creencias”. Es lo de siempre, nada de regeneración, nada de actitudes frescas, ninguna novedad; es más de lo mismo, las mismas recetas que soportaron nuestros abuelos, las mismas recetas que proporcionaron nuestros padres. Es las dos Españas machadianas que esta izquierda pretendía superar y parece condenada a repetir.

La izquierda tiene la misma obsesión sexual que los grandes señorones decimonónicos que tenían una amante en cada barrio. Pero esta izquierda chabacana y ruin hace de ello un banderín de enganche y se dedica bobamente al apostolado sexual. A esa derecha rancia del franquismo y del prefranquismo le bastaba pasar a Perpignan, ver un programa doble y retornar a España con el Playboy escondido en el fondo de la maleta. El apostolado sexual se hace mucho mejor con el Playboy que con Carmena o Colau, no hay color, qué quiere usté que le diga.

A ofender a la otra España le llaman regeneración, la regeneración que ha practicado España desde Fernando VII, por lo menos. Vamos por buen camino. Bueno, por el de siempre.
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