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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Los hay que hablan de miseria cuando deberían hablar de desigualdad.

“La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos” Platón
Miguel Massanet
domingo, 21 de febrero de 2016, 12:24 h (CET)
Es evidente que, uno de los medios de crear mal estar en una nación, de desmoralizar al pueblo o de conseguir crear un cultivo de rencor y rebeldía, es hacer creer a los ciudadanos que, en la nación, existe una pobreza o miseria superior a la que, en realidad, se ha constatado por aquellos organismo encargados de controlarla y, en la medida de lo posible, paliarla. Una vieja técnica de los agitadores, de los activistas o militantes de grupos ácratas, antisistema o revolucionarios, es intentar trasladar a la población la idea de que los gobernantes son los causantes de que el pueblo viva en unas condiciones materiales inferiores a las que, en realidad, tendría derecho a disfrutar. Durante la pasada campaña electoral hemos tenido que escuchar por parte del PSOE, del señor P.Sánchez o de los partidos de extrema izquierda, como es Podemos, duras acusaciones sobre la miseria que está padeciendo el pueblo español; hasta el punto de que se ha llegado a afirmar que: una de cada tres personas, en España, están en la pobreza o exclusión social. Pues bien, esta afirmación no es más que una falsedad de estas de las que se valen ciertos políticos para crear malestar entre la población apelando a la desinformación y el engaño respecto a un tema tan sensible para los ciudadanos como es el nivel de pobreza de sus gentes.

Hemos tenido ocasión de leer recientemente un artículo, elaborado por FAES con datos de Eurostat, en el que se desmiente de modo categórico que, España, sea uno de los países europeos en los que existe más miseria. En el se habla de que la media europea del indicador de pobreza extrema se fija en un 24.4% y esto, señores, teniendo en cuenta que la UE es una de las áreas de más prosperidad del mundo. El hecho evidente es que, según la fundación FAES, se habla de que, según los últimos informes, la población española que sufre de “privación material severa” se reduce a un 7.1%. ¿Cómo se entiende pues que aparezcan cifras en algunos pretendidos estudios de pobreza en España, que multiplique, no se sabe si con intenciones aviesas, esa cifra por cuatro veces? Lo cierto es que, como dice el mentado informe, si la comparamos con el resto de naciones europeas se puede comprobar que salvo Alemania, con un 5% o Francia con un 4.8%, España se coloca por delante de Portugal, un 10.6%; Italia, un 11,5% o Grecia con un 21,5%

Recordemos una declaraciones insólitas de la actual alcaldesa de Madrid, la señora Manuela Carmena, con las que alarmaba a los españoles afirmando que unos 25.000 niños pasaban hambre en Madrid. Por supuesto que era falso y ello se comprobó cuando se puso en marcha un programa de comedores, en Madrid, con capacidad para prestar servicios de comedor a 5.500 niños y la sorpresa fue comprobar que, de aquellos supuestos 25.000 niños hambrientos, solamente acudieron a usar de la nueva oferta unos escasos 600 niños. Es lamentable que algunas formaciones políticas, para arrimar el ascua a su sardina y para descalificar la labor social de los gobernantes, acudan a trucos y artimañas semejantes, que sólo sirven para irritar al pueblo y dar la falsa sensación de que las cosas se hacen mal cuando la realidad demuestra todo lo contrario. En el estudio de FAES mencionado, hay datos muy ilustrativos recogidos de las estadísticas de Euroestat que ayudan a clarificar algunos puntos relacionados con el hambre en las naciones de nuestro entorno. Por ejemplo, si hablamos de cuántos españoles no pueden comer carne, pollo o pescado cada dos días, vemos que la cuota es de un 3,5%, un porcentaje muy cercano al de Dinamarca, un 3% y, evidentemente, muy alejado del 8,5 europeo. Al respecto Grecia e Italia registran un 13,8% y un 14,2% respectivamente. En realidad, cuando habla de hambre en términos realistas sitúa a España en una posición mucho mejor que el resto de naciones europeas.

Y aquí está la clave de la distinción entre lo que se pudiera entender como desigualdad económica, en cuanto a las diferencias existentes entre los que más ganan y los que menos ganan que, si bien, en ocasiones pueden dar porcentajes alarmantes y que, evidentemente, debieran poder ser corregidos; respecto a cuando nos referimos a la pobreza o la miseria; es evidente que ambos términos no se rigen por los mismos parámetros ni tiene que ser, necesariamente, la pobreza o miseria una consecuencia de las desigualdades económicas, aunque, en ocasiones, si se llega a situaciones extremas puedan estar relacionadas. Para FAES “la desigualdad no es una buena aproximación estadística a la pobreza absoluta, puesto que los países más igualitarios de Europa presentan tasas de pobreza en términos de privación material que son significativamente mayores que las de otros países que cuentan con una distribución más desigual de la renta”.

Así es como, cuando se escuchan estas voces pretendidamente airadas de estos grupos que, interesadamente, acusan al gobierno de no preocuparse por sus ciudadanos, de la “inmensa pobreza” en la que se encuentra el pueblo y de que, un tercio de los españoles, se encuentre en situación de miseria extrema(¿?); como sucede con todos estos grupos radicales que no hacen más que pedir el cambio, atribuyéndose capacidades que no tienen para hacer que, en España, se haga una mejor distribución de la riqueza, que los ricos paguen más para que haya menos pobres o que dicen tener los medios, la piedra filosofal, para hacer el milagro de que, el Estado, sustituya a la economía de mercado por una política intervencionista; se constituya en el gran distribuidor de las ayudas para los pobres y el gran repartidor de subvenciones para darles vida a todos aquellos que, sin un apoyo estatal, estarían condenados a desaparecer, por ser incapaces de llevar adelante sus negocios, conseguir audiencia para sus espectáculos, que ellos definen como de “gran interés cultural” o publicar sus pretendidos “best selers” para los que no encuentran editorial que se atreva a publicar.

España, como cualquier otro país de la CE, no puede inventarse de nuevo, echar por la borda las instituciones, su sistema industrial, desentenderse de las políticas que, pese a sus defectos, han conseguido que un país basado en sistemas primarios de producción se haya ido transformando, gracias al empuje de los españoles, en una nación industrial y turística, que gracias a los sacrificios, en ocasiones muy duros, del pueblo español, ha conseguido situarse, una vez más, entre los más avanzados de la CE que, hasta que las pasadas elecciones legislativas del 20D, gozaba de la confianza de todas las naciones con las que hemos mantenido relaciones, del Parlamento Europeo y de los inversores foráneos, los que han transformado nuestra situación de desamparo y falta de apoyo económico, en ser una nación que inspira confianza, un lugar privilegiado en el que invertir de modo que se ha conseguido que haya inversores que, en algunos valores públicos, en lugar de cobrar intereses por sus aportaciones, los paguen, con tal de mantener sus capitales a salvo de los vaivenes económicos a los que está sometida Europa y otros lugares tradicionalmente considerados seguros.

Sin embargo, ya se empiezan a notar los primeros síntomas de la desconfianza que se va generando fuera de España ante la perspectiva de que se acabe constituyendo un gobierno de los llamados “progresistas”, con participación de comunistas bolivarianos, de los mismos que se han batido el cobre para hacer creer que, en España, todo es miseria y que los logros, evidentemente importantes conseguidos por el PP en materia económica y financiera, no han servido para nada. Europa ya empieza a manifestar síntomas de desconfianza hacia el futuro de los españoles y ha sido la agencia de rating Moody’s la que ha modificado la perspectiva de la economía española de “positiva” a “estable”. Y esto no ha hecho sino empezar, si tenemos en cuenta que esta noticia ha seguido a Fitch que, hace unos días, confirmo la BBB+, advirtiendo, no obstante, de la creciente incertidumbre política que existe en nuestro país. Quedará por ver lo que Standard&Poors recogerá, al respecto, en su informe del próximo 1º de Abril.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, observamos como los partidos radicalizados de izquierdas, incluyendo a un PSOE evidentemente escorado a posturas extremas, renunciando a su trayectoria de centro-derecha; amenazan la recuperación de nuestro país, ponen en peligro el sistema de libertad de mercado, orzan hacia vientos que nos vienen de las repúblicas bananeras de Sudamérica y ponen en cuestión el que los inversores sigan confiando en España, algo que, evidentemente, puede acabar con cualquier ilusión de mantener nuestro status europeo.
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