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Vuelve, Nicanor

Luís Agüero Warner
Redacción
viernes, 30 de enero de 2009, 09:15 h (CET)
Hace días en una conocida radioemisora, ante el descalabro en que ha caído el Paraguay con el obispo Fernando Lugo, un oyente pidió a gritos: ¡Volvé Nicanor, que te perdonamos!

En realidad, no hay mucho que añorar, dado que el actual clérigo-presidente, ha dado los primeros pasos para sellar su propio pacto de Punto Fijo, y renovar a su antojo el Poder Judicial.

Con la misma idea fija de establecer una corte suprema de justicia a la medida, el obispo Fernando Lugo viene convocando a reuniones una tras otra entre referentes de los diferentes partidos políticos, aunque hasta ahora sin mayor éxito.

La misma idea tuvo a principios de su mandato Nicanor Duarte Frutos (1) , su vilipendiado antecesor, quien también mantuvo un enfrentamiento de baja intensidad con los sojeros, que se encuentran realizando su anunciado "tractorazo".

Queda por verse si la similitud entre Lugo y Nicanor se mantiene en los siguientes pasos de su gobierno.

Ya obtuvo, con la venia de la embajada norteamericana (2), una cúpula militar y una policial a su medida. Sólo resta ubicar a los amigos en la Corte.

LA GESTACIÓN DE NICANOR Y EL MESÍAS LUGO

La gestación de Nicanor Duarte Frutos, y de su mesiánico sucesor no fueron casualidad.

En estos días que corren, propicios para pensadores de tiempos indigentes –como dijera Lowith refiriéndose a Heidegger durante los años de dictadura nazi (1933-45)–, es posible observar en Paraguay un escenario político transportado que atrasa las siete décadas transcurridas desde que un parlamento servil otorgó en Alemania poderes dictatoriales al canciller Adolf Hitler.

Si aquella república que había nacido en Weimar en 1919 había patentizado así que era una "república sin republicanos", la transición paraguaya se ha caracterizado por ser una "democracia sin demócratas".

Para notar hasta qué grado se ha recompuesto aquel escenario alemán de los años treinta con el nicanorato presente, basta mencionar unos pocos de los muchos ejemplos:

1. En la República de Weimar el poder cayó en manos de socialdemócratas que hacía rato habían abandonado sus ideales revolucionarios y consideraban que su único papel era reorganizar políticamente al estado sin hacer ninguna redistribución de la propiedad privada en la industria y la agricultura.

En la transición paraguaya el poder cayó en manos de "aggiornados" y luchadores selectivos contra algunas etapas de la dictadura, que tardaron poco en convertirse en adalides del mismo sistema corrupto y prebendario que dicen haber combatido, para terminar defendiendo a capa y espada el statu quo y obstaculizando por todos los medios a su alcance las reformas y la posibilidad de la alternancia.

2. Las penurias económicas de Alemania tras la primera guerra mundial originaron un profundo escepticismo con respecto a la república.

Asimismo, la miseria espantosa en que nos ha sumido la ficticia "transición" paraguaya y el súbito paso a la opulencia de ciertos actores aparecidos en 1989 han generado reservas crecientes hacia la democracia tutelada de Paraguay.

3. En la República de Weimar el control del ejército alemán siguió estando en manos de quienes lo dominaron en tiempos del imperio bismarckiano.

En la transición paraguaya el control del ejército paraguayo siguió estando en manos de quien lo manejó durante la dictadura: el imperio norteamericano.

4. Tanto en la República de Weimar como en la transición democrática paraguaya los ministros y miembros del poder judicial de mayor tendencia antirrepublicana y antidemocrática fueron los más respaldados y mantenidos contra viento y marea en sus cargos.

5. En ambos escenarios, la anarquía y los enfrentamientos violentos entre adversarios políticos llegaron hasta sangrientas batallas callejeras, como el "putsch de la cervecería" de Hitler o el "marzo paraguayo", en medio de generalizado desorden, creciente confusión y desesperante inestabilidad.

6. En ambos casos, se actuó militarmente contra la izquierda radical con la complacencia de las fuerzas "democráticas".

7. En la República de Weimar, la incapacidad del parlamento de asumir sus funciones deliberativas derivaron en una cada vez mayor concentración de poder en manos del presidente del Reich.

En la transición democrática paraguaya presente, una falsa mayoría fabricada venalmente ha despojado al Poder Legislativo de capacidad deliberativa, allanando el camino a los sectores totalitarias que hoy tienen a su alcance sus metas políticas.

La gestación y consolidación de la dictadura nazi es pues, un acabado ejemplo de cómo puede terminar una democracia electoral donde solo se vota pero no se respetan la división de poderes ni la Constitución, una "democracia sin demócratas" en una "república sin republicanos", cuando es furiosamente combatida por sus enemigos y defendida sin entusiasmo por sus partidarios.

La inevitable moraleja es que una democracia real y estable también implica respetar elementales principios republicanos como la estricta división e independencia de los poderes, la libertad de expresión y prensa ("violentada" en nuestro país por regulaciones inicuas y distribución injusta de privilegios bajo el ropaje de propaganda oficial, así como sobornos imperiales de la USAID o la National Endowment for Democracy) además de vigencia de todo el espectro de los derechos humanos y no solo de aquellos que satisfacen la posición de quienes se dedican a fabricar con fervor la historia a gusto del trono.

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