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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Gana la ciudadanía, gana la educación

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 30 de enero de 2009, 08:41 h (CET)
Aquellos a los que ahora tanto se les llena la boca con la frase “objeción de conciencia” hace algunos años se burlaban de ellos y tachaban de cobardes y malos españoles a aquellos jóvenes que la utilizaban para no acudir a prestar un servicio militar que tan sólo era una estación de parada inútil en sus vidas. Los primeros que utilizaron la objeción de conciencia para evadir el servicio de las armas incluso fueron juzgados y condenados por tribunales militares a pasar algunos años de sus jóvenes vidas en algún penal militar. Luego llegaría la democracia y con ella la objeción al servicio militar fue un derecho democrático más e incluso aquel belicoso Aznar que aplaudió y secundó la invasión de Irak firmó la disolución del servicio militar obligatorio cuando ya los objetores eran legión.

Más tarde llegarían otros “objetores”, estos dentro del gremio de las batas blancas hospitalarias. Cuando se aprobó la Ley de Interrupción del Embarazo una parte del sector más carca de la medicina también se acogió a la dichosa objeción de conciencia para evitar realizar abortos en los hospitales públicos aunque ninguno de ellos renunció a su cómodo puesto de trabajo ni al mensual estipendio, e incluso en algunos casos es probable que los abortos que no realizaban en la sanidad pública los hicieran, previo cobro de suculentos honorarios, en clínicas privadas. A estos también les venía muy bien acogerse a la objeción de conciencia aunque algunos de ellos en su día es probable que hubieran deseado el fusilamiento de aquellos “cobardes” muchachos que se negaban, acogiéndose a la objeción, a perder su tiempo en los cuarteles obedeciendo muchas veces las injustas órdenes de algún suboficial u oficial lleno de despotismo, y no ilustrado precisamente.

Así que, con el paso de los años, el nombre de la objeción ha sido tomado en vano por algunos colectivos para en su nombre dar una patada al Gobierno socialista de turno y a ser posible para ayudar a la vuelta de los suyos a las poltronas del poder. Con los cardenales y arzobispos a la cabeza la carcunda nacional comenzó una batalla contra la asignatura denominada Educación para la Ciudadanía y al toque del cornetín de ordenes episcopal respondieron desde el Foro de la Familia y la Concapa hasta el último sacristán. Todo este ejército de chupacirios lanzaba un desafío político al Gobierno amparándose en la objeción de conciencia y la excusa del derecho de los padres a no ver lesionado su derecho a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. Ya saben que durante un año casi cada sábado decenas de autobuses se dirigían a Madrid donde sus ocupantes, para con estas o parecidas excusas, protestaban contra el Gobierno, rojo y ateo para ellos, encabezados por los mitrados y azuzados por los vehementes panfletos lanzados a las ondas desde la emisora episcopal.

Pero afortunadamente vivimos en un país donde la democracia, pese a algunos, ya está asentada y son los jueces los que controlan si el Gobierno se excede en sus atribuciones. Después de varias sentencias con diverso contenido el Tribunal Supremo ha fallado que la asignatura Educación para la Ciudadanía es una asignatura más, una asignatura como cualquier otra y no se puede dejar de lado y de estudiar ni tan siquiera con la excusa de la objeción de conciencia. Veintidós de los veintinueve jueces del Tribunal Supremo han estado de acuerdo en que no se vulnera ningún derecho, ni de los padres, ni de los niños. Yo comprendo perfectamente a aquellos padres que están en contra de esta asignatura, es natural que, por su ideología, no quieran que sus hijos sean educados en los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres, es normal que no les guste en demasía aquello que la Unión Europea incluye como objetivos de los sistemas educativos y que simplemente es “ velar porque se promuevan realmente, entre la comunidad escolar, el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática con el fin de preparar a las personas para la ciudadanía activa”, esto es lo que dice la Recomendación 12 del Consejo de Ministros del Consejo de Europa que se celebró en el 2.002. Tal vez estos padres están añorantes de aquella Formación del Espíritu Nacional en las que nos inculcaban las fascistas enseñanzas de los textos de José Antonio Primo de Rivera y Onésimo Redondo, el profesorado de la asignatura estaba formado en las filas de la Falange y lo Alféreces Provisionales, mi profesor además era el director del penal valenciano de San Miguel de los Reyes donde habían centenares de presos políticos muchos años después de finalizada la guerra incivil.

Ahora a seguir dando patadas en el culo del Gobierno utilizando las leyes. Ya se ha anunciado el recurso al Tribunal Constitucional para que de manera cautelar pare la enseñanza de la asignatura, prefieren súbditos a ciudadanos. Todo será que de aquí algunos años alguno de los niños objetores de ahora se encuentre que terminando la carrera universitaria le falta aprobar una asignatura de secundaria si el Constitucional mantiene las tesis de la sentencia del Supremo. Pero eso a los padre objetores no les importa, ellos lo único que quieren es seguir haciendo ruido entre hisopos, manteos y agua bendita.

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