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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Sublimes discordancias

“¡Si la persona es libre, es un fantasma!”. Robert Musil, en El hombre sin atributos.
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 20 de febrero de 2016, 11:00 h (CET)
Las discordancias son importantes, constituyen la sal de la vida y sus esencias; evitan la modorra que inutiliza. Forman parte del bagaje como seres vivos. Si aún no estamos acostumbrados a sus invectivas; no quedará otro remedio, habrá que amoldarse a sus características, porque son INELUDIBLES. En cada experiencia, hemos de intentar la comprensión de sus funcionamientos. Somos discordancias andantes o sedentarias. La uniformidad es una mera falsía, mucho màs tenebrosa por sus componendas.

Somos protagonistas de una diversidad radical, superando las múltiples semejanzas, sobrepasando las diferencias groseras; es la SINGULARIDAD personal, el rasgo determinante de cada individuo. El carácter enigmático de su origen manifiesta el grado de nuestra ignorancia, pero no obstaculiza la visión de ese abismo insalvable que separa las individualidades. El respeto a esta expresión única nos adapta a la realidad. Aunque, curiosamente, experimentamos la frialdad del trato hacia esa realidad en los ámbitos sociales, que son propensos a las actuaciones de talante hegemónico, aplastantes sobre aquellos fenómenos singulares.

Siendo un foco de discordancias capacitado para unas aportaciones megníficas e irrepetibles, lo maltratamos en cada ocasión, y no sólo por parte de los de fuera. Sino porque, dejamos inexplorado ese fondo, con la consiguiente pérdida de sus riquezas creativas. Son RENUNCIAS delatoras de unos contrastes entrañables, centrados en el desdén arriesgado hacia unas espléndidas pertenencias de las cuales disponemos desde el nacimiento.

Al par de ese hecho singular, estamos forjados por una URDIMBRE de conexiones móviles, de intercambios notables; si bien, domina en ellos el carácter de indeterminación de cara a nuestra capacidad mental. Experimentamos el influjo de una fascinante paradoja. Ejercitamos la individualidad con un sinfín de influencias foráneas. Todavía ampliamos la paradoja, agregamos al conjunto nuestras aportaciones, formando parte de la trama comunitaria influyente sobre otros individuos.

En el circuito que va desde lo particular, y viceversa, chispean los roces, las llamaradas de los encontronazos; junto a los mejores brotes de convivenciales. Con la posibilidad de EXAGERACIONES insospechadas, que tienden al olvido de aquella coexistencia de los fenómenos constituyentes, aunque sean contrapuestos. El mal y el bien navegan entre esos equilibrios, salpicados de actuaciones extralimitadas; con las consecuencias que tildamos de imprevistas, pero en cuya génesis habremos participado con toda seguridad de alguna manera. La concordia fluye en la proximidad de la discordancia.

En los afanes democráticos son de ver ejemplos notorios de semejantes desequilibrios. Precisamente, quedan establecidas con frecuencia las ideologías de supuesta elaboración en común, pero con la paradójica anulación de los posibles pensamientos particulares. Contemplamos POPULISMOS de signos diversos, centrados en unos pocos dirigentes, intolerantes con respecto a las disgresiones de cada siudadanos, que son naturales, forman parte de sus características genuinas. El péndulo extremoso desafina en los auténticos procesos comunitarios.

Muy alejados del respeto a la urdimbre o la singularidad constitutivas; es abrumadora la tendencia alarmante a la creación de entidades homogeneizadoras, con las que pretendemos el control simultáneo de los brotes individuales y el de las diferentes conexiones influyentes. Ante tales artimañas, celebramos la reserva de una cierta AUTONOMÍA en cada sujeto, inalcanzable para los de fuera. La intimidad exclusiva del pensamiento, el uso arbitrario de las palabras o las intenciones, disponen de potencia propia. También, en ese sentido, son autónomos los manipuladores; la alegría nunca es completa. Habrá que guardar con los mayores empeños esa discordancia liberadora.

En la confluencia de las autonomías particulares, el parloteo acumula decibelios altisonantes, aunque poco esclarecedores; configuran un panorama exclusivo, con hablantes en una emisión constante de expresiones; donde nadie escucha, convirtiendo los pronunciamientos en oráculos alienados. En semejantes contradicciones cobra prestancia la ausencia más sIgnificativa, la de los DIÁLOGOS francos, una especie realmente rara, quizá extinguida. El encrespamiento plagado de insultos no los sustituirán nunca. El discernimiento de las maneras comunicativas realza las cualidades o defectos de los implicados; la pasividad rutinaria nubla los entendimientos.

Cuando las mentalidades siguen trayectorias desperdigadas, despreocupadas de sus orígenes, la coherencia estará alejada de sus proyectos; por lo que no extrañará la inconsistencia de sus creaciones. En consecuencia, nos abocan a un lamento casi habitual, sufrimos una serie de entidades DESCABEZADAS, aplicadas a diferentes sectores de la sociedad. Son evidentes en los mamotretos de la política europea, en los consorcios capitalistas e incluso en formaciones culturales o religiosas. Y cuando no las detectamos, es todavía peor, añaden a sus incongruencias ocultismos o tiranías de mal agüero, en una acentuación perniciosa de los desencuentros abusivos, en apariencia descontrolados.

Lo sueños esquivan las responsabilidades, su papel en los circuitos mentales escapa al control voluntario. ¿Liberadores? ¿Restauradores? ¡Quién sabe! La decencia de los sueños nadie la discute. Lo de soñar despierto es bien distinto, exige otras consideraciones personales, con repercusiones directas sobre las conductas. Si la inconsciencia o la mala conciencia provocan ALUCINACIONES, aparecen los esperpentos en su apogeo.

Los fenómenos contradictorios son incesantes, con el contrapunto de lo mejor y lo peor en su horizonte. Determinados cambios sutiles pueden modificar la ubicación de los extremos, con la consiguiente desorientación de los observadores y las posibles utilidades para los promotores de las sutilezas. La simple REITERACIÓN de una necedad, lo vemos a diario, la convierte en creencia, firme convicción; y lo que es más repugnante, en argumento para los procedimientos proyectados, en una nefasta escala ascendente. Lo sabemos, no obstante…

Entre tantas discrepancias, convendremos en la inestabilidad de la experiencia existencial. Las circunstancias originan modificaciones sustanciales, los humanos complicamos las realidades y las zonas enigmáticas del conocimiento subsisten; juntos, remueven los cimientos sin contemplaciones. Una sola conclusión parece consolidada, las grandezas, bellezas, verdades, certidumbres, no eluden las contradicciones; nos abocan a la buena CRÍTICA permanente, sin ocultamientos ni fijaciones absurdos. La apertura es radical.
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