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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

El Coloso de Goya y las colosales mentiras del mercado del arte

Raúl Tristán

jueves, 29 de enero de 2009, 08:31 h (CET)
Que el del Arte es un mercado, lo sabemos todos. Que en ese mercado se trapichea como en todos, también lo sabemos, no somos ignorantes.

Y que los expertos en Arte, como los críticos literarios, de cine o de cualquier otra de las artes, son una especie que, en general, causa más perjuicio que beneficio.

Para empezar, el experto o el crítico, no pueden serlo con razón si no han sido antes creadores.

Desconfío del crítico literario que jamás ha escrito una poesía, una novela, una columna periodística, etc.; como desconfío del crítico musical que jamás ha cantado, o compuesto; del experto o crítico en pintura, que jamás ha manchado un lienzo o emborronado una cuartilla de Guarro con su Staedler, difuminando nubes, árboles o torsos desnudos, garabateando figuras grotescas, o caricaturas, o personajes de cómic…

No son, en general, sino garrapatas, sanguijuelas, que viven a expensas del ser que los avitualla y provee de jugosos fondos monetarios, o de un inmerecido prestigio.

Y toda esta disertación, me viene al hilo de la palurdez en la que algunos se han involucrado con "el caso de El coloso", que más que una investigación de tipo científico-artístico, semeja una pesquisa del más burdo de los detectives de pacotilla.

Estimados señores, durante años, nos han estado ustedes convenciendo de las excelencias magníficas del cuadro de Francisco de Goya, El Coloso… Su valor artístico, por no hablar del crematístico, era enorme, pues no había más que observar la calidad pictórica, el trazo excepcional, la profundidad conceptual, el tenebrismo sombrío, la transmisión de lo lúgubre lograda, el dinamismo corpóreo de la masa gigantesca… Señores míos, a los amantes del arte, a los estetas, a los bonvivants de este mundo, a los epicúreos del alma, el-cuadro-que-ahora-no-es-de-Goya, seguirá sorprendiéndonos; asombrándonos; provocando que nuestro espíritu rebelde, inconformista, único, se pierda en los matices tormentosos de una noche de tragedia clásica, épica, ética y estética.

Sí, ya lo sé, soy consciente de que, para ustedes, el cuadro AHORA, carece de virtudes, está pleno de defectos, no merece ni una mísera crónica en un diario de pueblo, no debería colgar de las paredes de El Prado, porque… simplemente no es de Goya, sino de uno de sus discípulos…

¿Se han parado a pensar ustedes, en las miles y miles de obras atribuidas a artistas y creadores a los que se ha dotado de marchamo, de renombre, de marca… sí de los que se ha hecho marca, y que realmente no fueron nunca factores de las mismas? Antes, cuando el mundo del arte tenía escuelas, y academias de verdad, y los mecenas, mecenas de verdad, que valoraban el arte, y a los artistas, y el prestigio que el mecenazgo les infundía, los Maestros tenían discípulos, y los gremios eran escuela, y el discípulo devenía Maestro, o, al menos, artista creador…

Hoy, lo que es arte o no lo es, lo establecen los expertos y críticos, o lo que es lo mismo, muchos de aquellos que no sirven para crear; o de los otros, que muchas veces sólo ven el oro tras el purín, o que visten con el sanbenito a obras superiores de las que no van a sacar tajada…

El mercadeo del arte, y de sus expertos, y de sus críticos… no va con los librepensadores.

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