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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cajas y bancos: Incitando "la vista" de Robin Hood

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
viernes, 30 de enero de 2009, 09:30 h (CET)
“No son terroristas. Pero tampoco respetan la ley. Pertenecen a un grupo de nombre complicado: Movimiento de Parados y Precarios en Lucha. Y últimamente han adquirido cierto renombre en Francia tras haber actuado estas navidades en los grandes almacenes Lafayette, en Rennes, y en dos Monoprix de Nantes y del centro de París”.

Así empieza el artículo referido a estos activistas del País vecino que llenan las cestas de comida y se niegan a soltar un euro con el argumento de que las campañas de movilización por los derechos sociales ya no funcionan y hay que buscar formas de solidaridad más concretas: “autodefensa social”, “autodistribución”. Son los llamados Robin Hood de los Supermercados, puesto que lo sustraído es repartido minuciosamente entre parados, inmigrantes y demás colectivos con problemas de supervivencia.

Aquí en España, todos sabemos –no voy a entrar en cifras- que las cuantiosas ayudas que están recibiendo del Estado los Bancos y Cajas de Ahorro, por el momento, sólo han servido para saldar sus deudas provocadas por la avaricia financiera. Y, obviamente, estas ayudas, que han salido de los abrumadores impuestos que pagamos todos –excepto la mayoría de los ricos, nueve de cada diez no paga impuestos- y estaban destinadas a hacer fluctuar el mercado del crédito e hipotecario, se han difuminado en el paroxismo de la crisis porque Cajas y Bancos -¡vaya jeta!- se niegan a “corresponder”.

Así vistas las cosas, es fácil que, cualquier día, nos encontremos con que un grupo de personas exasperadas por la situación en que nos hayamos, un grupo de “Robin Hood de las finanzas”, “visite” algunos Bancos y Cajas de Ahorro para hacer que parte del dinero “prestado” vuelva a los ciudadanos. La pena será -caso de ocurrir- que si en Francia, para no complicar la situación, se les dejó marchar con los carros llenos, aquí serán detenidos y vilipendiados por impedir que el latrocinio se consume, aunque lo que se lleven sólo sea una ínfima parte de lo que Cajas y Bancos de todos han recibido.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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