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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

¿Qué cambio propusieron los españoles el 20D?

“Si usted desea hacer enemigos, intente cambiar algo” Woodrow Wilson
Miguel Massanet
viernes, 19 de febrero de 2016, 08:30 h (CET)
Si usted se entretiene en escuchar a los políticos españoles, que perdieron las pasadas elecciones, pero se niegan a reconocerlo y buscan explicaciones imaginativas a un hecho que no las tiene, interpretando la voluntad de los españoles según mejor les conviene a sus respectivos partidos o a sus directivos, podrá encontrar los más rocambolescos elementos para justificar, por ejemplo, que un partido, como el PSOE, que ha sacado el peor resultado de su historia, con sólo 90 escaños en el Paramento, intenta atribuirse la calidad de vencedor y se empeña en dejar de lado al partido, el PP, que por su centralidad y por sus afinidades políticas, más cerca se encuentra de ellos entre las formaciones con alguna posibilidad de formar parte de un gobierno; obviando y excluyendo de cualquier posibilidad de pacto a una formación que consiguió más de 7 millones de votos y que, por otra parte, resulta que supera al partido de P.Sánchez en casi dos millones de votos. Un resultado que lo situó vencedor en los comicios del pasado 20 de Diciembre del 2015, con 123 escaños en el Parlamento y mayoría absoluta en el Senado.

Estamos cansados de escuchar a estos improvisados “intérpretes” de la voluntad popular, expertos en descifrar los jeroglíficos que representan aunar, en una sola conclusión, lo que los electores que votaron a derechas, izquierdas, extremistas o, simplemente, influidos por recomendación de amigos, por simpatías personales o rencores atávicos, decidieron, sin más reflexiones, que votar al partido que menos rabia les daba o al que parecía que más capaz sería de llevar a la nación al caos económico, lo que, a su juicio, les proporcionaría el placer de la venganza contra los ricachones, aunque, con ello, se perjudicaran a si mismos, que de todo hay en “la casa del Señor”. No acabamos de entender a estos señores que han sacado la precipitada conclusión de los resultados de las urnas, en las votaciones del pasado diciembre, intentando hacernos creer que, la dispersión generalizada del voto de los españoles, significaba un deseo de “un cambio”. De un cambio ¿en qué dirección?, ¿acaso en la de los independentistas catalanes, o en el de los comunistas bolivarianos encabezados por Pablo Iglesias o hacia el centro derecha del partido más votado, el PP, que fue el que consiguió más escaños? Porque, señores, cada uno de estos partidos se presentó con sus propios programas, sus particulares propuestas de gobierno y en solitario.

No formaron un frente común ni coincidieron en los métodos que ofrecieron, en su propaganda electoral, para conseguir mejorar lo que, para ellos, era una España (que sólo los ciegos, ignorantes, embusteros, fanáticos, intolerantes y obcecados pudieran atreverse a calificarla como una nación abocada a la miseria, necesitada de reformas estructurales, cambios en las políticas laborales o precisada de grandes evoluciones económicas, etc.) necesitada de reformas que nadie sabe a dónde nos conducirían y, si es cierto que, con toda probabilidad, nos llevarían a un enfrentamiento nada deseable con las instituciones europeas, que han sido quienes han marcado las orientaciones para que, España, siga el camino de la recuperación dentro de la UE.

¿Un cambio hacia la izquierda, ponernos en manos de estos ilusos de Podemos, cargados de adoctrinamiento mamado de sus fuentes soviéticas? Un propósito que se está empezando a evidenciar sólo contemplando sus exigencias, materializadas en un documento de 100 folios, presentado como su programa ante el PSOE, del cual se puede detectar, fácilmente, la evidencia de que sus intenciones no son mantener un gobierno estable de coalición con las fuerzas reformistas de los distintas formaciones políticas españolas, sino ocupar los puestos clave de un nuevo gobierno de coalición con Sánchez para, una vez en posesión de los resortes básicos del Estado, fagocitar, poco a poco, a los socialistas, arrinconándolos hasta hacerlos desaparecer u obligándoles a integrarse en sus propias filas, so pena de quedar condenados al ostracismo político. Una vez aunados todos los poderes del Estado en sus manos, ya les sería fácil dar el siguiente paso hacia una dictadura proletaria, al estilo de su modelo, el señor Maduro de Venezuela; el espejo de lo que, sin duda, tienen en mente estos rojillos bolivarianos, que pretenden venir a enseñarnos a los españoles lo que son las “delicias” de un régimen pro soviético.

Ya nos empiezan a doler los tímpanos de escuchar por todas partes, ya fuera en las tertulias en las TV o radiofónicas, en los discursos de los propagandistas del PSOE o desde los montajes propagandísticos hechos a la medida del señor de la coleta, repetir una y mil veces lo del famoso “cambio”, sin que nadie sea capaz de concretarnos, realmente, en lo que nos va a beneficiar a los españoles; qué acogida va a tener en nuestros vecinos de la CE; cómo se las van a arreglar para llevar a cabo los cambios constitucionales que tienen previstos realizar sin tener en cuenta al PP, el único partido que dispone de mayoría absoluta en el Senado; cómo conseguirán la financiación que necesitan para cubrir el aumento del gasto público, estimado en más de 96.000 millones de euros más para toda la próxima legislatura; si ya, desde Bruselas, se nos pide que aportemos 9.000 millones por el desfase del déficit público en el 2015 y se nos recuerda que deberemos rebajar nuestra deuda pública, exagerada, en al menos 25.000 millones de euros ¿ hay quien pueda compaginar todos estos factores, completamente hiperbólicos y mutuamente contradictorios, evidentemente imposibles de cohonestar?

A todos los que se presentan como verdaderos “salvadores de la patria”, con un surtido arsenal de teorías caducas, desacreditadas en todas las naciones en las que se han utilizado, contrarias a los sistemas económicos, financieros y sociales del resto de naciones de nuestro entorno y, evidentemente, rechazados por el Parlamento Europeo – sin hablar de lo que pensarían en la CE respecto a un país en el que se implantaran semejante métodos, todos estos inversores que, con tanto esfuerzo y dedicación, han sabido atraer a España los actuales gobernantes del PP, permitiendo que se abaratara el coste de nuestra deuda pública, se redujera espectacularmente nuestra prima de riesgo y nuestros intereses se situaran en mínimos para alivio de la tesorería nacional – habría que preguntarles ¿cómo van a financiar el enorme gasto que, tan alegremente, se han comprometido a llevar a cabo en España para conseguir que, todos los españoles, tengan derecho a una retribución básica, doblar el salario mínimo, extender a todos los inmigrantes la Seguridad Social, conseguir empleo para todos etc. sin conducir a España a la quiebra soberana?

Algo ya se sabe. Van a subir todos los impuestos, en algunos casos más de un 60%; van a intentar acogotar a los empresarios subiéndoles el Impuesto de Sociedades y van a ahuyentar a los ricos, sometiéndolos a porcentajes del IRPF de carácter incautatorio, lo que, obviamente, va a conseguir que se vayan de España a instalarse en otros lugares donde no se vean agobiados por la persecución fiscal. ¿Estos son los cambios que dicen que pide el pueblo español? O son, en realidad, aquellos en los que están interesados los extremistas de izquierdas, con el objeto de convertir a nuestra nación en un país tercermundista, como es el caso de muchos de los países del Cono Sur de América. Yo diría que los españoles votaron el 20D impulsados por la rabia, por el hartazgo de la corrupción dentro de los partidos políticos ( todos ellos), por el resentimiento producido por los recortes inevitables para poder sacar al país de la crisis, por la propaganda desleal vertida por las izquierdas ( las verdaderas culpables de que la crisis se ensañara en nuestra nación) y los separatistas, que quisieron aprovechar la situación en la que dejaron la nación, a punto de reclamar el rescate de Bruselas, para cebarse en el PP, que se vio imposibilitado, como era su propósito, de rebajar los impuestos a causa del mal estado de nuestra economía y de la ausencia de inversores que confiaran en nuestro país.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no se acaba de entender esta forma simplificada y, evidentemente, sesgada, de interpretar los resultados del 20D como un deseo generalizado de cambio, expresado por los ciudadanos. También le dijeron al PSOE, al que castigaron con 21 escaños menos, su disgusto por su comportamiento, lo que supone que sus votantes también les pidieron un cambio en sus políticas y lo mismo ocurrió con IU, reducida a un partido testimonial. Los beneficiados: Podemos y Ciudadanos, han sido los favorecidos porque todavía no han recibido el bautismo de fuego que comporta el gobernar, pero ya verán ustedes lo que tardan en que, dentro de sus filas, los haya que también saben meter la mano en los dineros públicos. En fin, la conclusión es que, desgraciadamente, parece que este país no tiene remedio. Y lo vamos a lamentar, ya verán ustedes.
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Rita Gomez 19/feb/16    12:18 h.
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