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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Barreras artificiosas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 26 de enero de 2009, 06:36 h (CET)
Me gusta la expresión de Jeffrey Pfeffer, aquello de "La ecuación humana"; ya suena a vieja cantilena, por que ahora diez años son muchos. Pero resulta válida la locución, y al mismo tiempo, no se acaban las perversas interpretaciones de su sentido, con los consiguientes abusos sobre las personas. Veamos, veamos. La escueta imagen de una ecuación supone un buen reflejo de cada persona; "x", como incógnita de dimensiones variables. Luego, a + b + …, toda una serie de CIRCUNSTANCIAS diferentes, sumas y restas, grupos o elementos aislados. En abstracto queda bien eso de los diversos componentes. Será algo más complicado descender a los aspectos concretos, nos aparecen indefiniciones por todos los horizontes. ¿Cómo precisar los variados influjos?

La idea gráfica, el esquema de esta ecuación, nace con un cierto tinte perverso o de DESVIACIÓN interesada. Se recogieron esos factores individuales, con miras a su aprovechamiento como recursos humanos de una empresa, del tipo que fuere. Esa primera idea no supone un abuso de por sí, pero el enfoque no está centrado en cada sujeto; al contrario, persigue la extracción de ciertas cualidades del empleado, para la obtención de mejores resultados empresariales. Además, eso de ponerle letras y números a cada fórmula transmite una idea de precisión, que puede resultar engañosa, como iré comentando. Fijemos aquí un concepto percibido por todos, las vias de escape de cada persona, son infinitas, y eso de dar prioridad a las fórmulas es sospechoso. Es necesaria la cautela cuando la modestia de los fuertes no luce por ninguna parte. La bola de nieve de los grandes emporios y gestores no se detiene.

No sería mala cosa que las evidencias lo fueran de verdad; los datos científicos incontrovertibles; o la información, extensiva a todas las neuronas. En sí, no sería mala, con la condición de que no dominara todo eso un grupo determinado. De todas formas, sigamos con cierta tranquilidad, por que esos absolutos no serían humanos, serían propios de otras galaxias. Repugna cualquier clasificación esquemática de los individuos, por la intuición subsiguiente; se esconden o desconocen aspectos concretos, brotan los aprovechateguis. ¿A quién vemos preocupado para que cada PERSONA se desarrolle según sus cualidades y preferencias?

No, no es tan fácil la ratificación de unos pretendidos datos objetivos, de ahí que lo habitual sea encontrarnos con la ecuación FALSEADA. Cuando se detecta un gen, se mide la temperatura, se comparan Resonancias Magnéticas cerebrales, se imponen decisiones de tres o cuatro mangantes; se incluyen magnitudes de lo más variadas. Se pone de manifiesto lo que el viejo refrán ya captó, cada persona tiene la complejidad de un mundo. Queda bonito eso de la ecuación. Sin embargo, no va más allá de la simpática aproximación. Si hemos de introducir muchas "x", se difumina su significado global. Pero si falseamos los restantes términos, llamamos "a", "b" o "n", a conceptos que en realidad no lo son, habremos entrado en una locura de cuidado. Por este motivo, se vislumbra el verdadero camino fascinante, de muchas direcciones, que cada persona se perciba libre y con posibilidades para llevar a cabo sus experiencias peculiares.

En todo lo escrito y comentado estos días sobre la matanza de GAZA, se expresan ejemplos de lo dicho. Ante la complejidad de la situación, surgen los argumentos encontrados, influyen muchas circunstancias. Quienes prescinden de los diferentes términos de la ecuación, no consideran los diversos factores, se limitan a un dictamen dogmático; Israel genocida, Hamás terrorista, con la intolerancia añadida de no admitir ninguna otra dialéctica. ¿Qué papel juegan los países árabes? ¿Jordania y Egipto? ¿Interés de Estados Unidos y Rusia? ¿Tiene Europa criterio? Domina la imposición de una manifestación simple y global, con el silencio y el menosprecio dedicado a todo aquel que pretenda analizar los pasos previos conducentes a esta masacre. Hay términos indiscutibles, incógnitas y numerosas mentiras; todos en el mismo caldero. A la vista de esas posturas, ¿Se ponen o no se ponen barreras que impiden las verdaderas soluciones?

Algo por el estilo acecha cuando observamos algunos comportamientos con ínfulas de DEMOCRÁTICOS. Los gobiernos se han esforzado en las respuestas a la debacle económica. Sin embargo, ¿Qué sabemos realmente sobre el destino de esas ayudas? En una sociedad es lógico que surjan controversias, educativas, históricas, religiosas, o intolerancias abyectas; no obstante, ¿Cómo calificaríamos las actitudes de los gobernantes actuales? ¿Quizá potenciadoras de la crispación? Si echamos un vistazo a eso de la participación ciudadana, aunque en la teoría nos seducen con palabrería, el talante de la práctica se desvía con excesiva facilidad hacia el punto y final, no se discuta la perorata. Molestan las listas demasiado largas de colaboradores, les deben resultar farragosas, interfieren el pensamiento del oráculo de turno. El debate constructivo pierde actualidad, ahogado por las trabas y engaños.

Con frecuencia se topa uno con barreras insospechadas, desde ámbitos con apariencia de favorables; hasta podemos decir que son las más firmes, por lo imprevisto. La misma CULTURA puede originar varias de ellas y muy potentes, ¡Quién lo iba a decir! Gustavo Bueno hablaba del mito de la cultura, por que a través de su supuesto prestigio, de unos criterios dominantes; ejerce de instrumento oscurantista, bloquea los brotes socio-culturales que resultan invonvenientes para las mayorías. Equipara este mito a la "Teología medieval e inquisiciones", o también al concepto de "raza", de tantas repercusiones. Sin llegar a ser tan drásticos, no caben disimulos, las potencias culturales pueden ser nocivas para mucha gente. La segregación sobre bases culturales, silencios cómplices, agresiones y las tergiversaciones, están ocupando las vicisitudes diarias. Los adelantos técnicos no suplen otros atrasos, en ocasiones empeoran las cosas, y muchas otras son neutrales. ¿Cómo revertiríamos estas tendencias?

Escojamos la estatua "El pensador" de Rodin. El arte y la intención del autor no consolidan una estructura cerrada. Con el tiempo, y los clásicos lo hacen con mayor fuerza, despiertan nuevas interpretaciones, contrapuestas o no; menos mal que nadie controla su magia. ¿Quién pretenderá cegar o dominar esa fuente? ¿Con qué barreras? La inteligencia combina percepciones distintas, los matices peculiares no se acaban. En un exámen dijo un chaval, que esa estatua reflejaba el dolor de cabeza, otros se fijan el la perfección de la estatua. Quizá esté sólo y aburrido. La ecuación está abierta, con aportación permanente de incógnitas y respuestas. Surge de ahí el diálogo constructivo. El establecimiento de barreras zafias no tiene sentido.

Hay dos posturas diferenciadas. Una persigue la inclusión y el diálogo abierto. Sin embargo, abundan más los acotadores de unos espacios, los intolerantes. Veamos los EJEMPLOS en ciernes derivados de las temporadas pre-electorales; se nos presentan varias a la vez para comprobarlo.

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