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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Llámame Bond, no Esperanza

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 26 de enero de 2009, 06:36 h (CET)
Cuando los dirigentes del Partido Popular se refieren a la paz que reina en su corral deben estar hablando de la denominada “paz de los cementerios” porque al paso que van la batalla entre las diversas facciones seguidoras de la ya añosa gaviota van a quedar seriamente diezmadas, al menos metafóricamente. Después del último congreso del partido, en el que Mariano Rajoy salió vencedor de la guerra entablada aunque con alguna que otra cicatriz, parecía que por la sede de la calle Génova las aguas volvían a circular con total mansedumbre aunque quedaban fondos de marejada en Puerta del Sol, feudo de Esperanza Aguirre, y Cibeles, donde mora el alcalde Gallardón.

Y la guerra estalló hace pocos días traspasando el campo donde medir las fuerzas de cada bando a los cómodos y mullidos sillones del Consejo de Administración de Caja Madrid. Es sabido que muchas de las cajas de ahorro de este país han olvidado un poco los motivos sociales para los que fueron creadas y han pasado a ser refugio de oro y brillantes para políticos de todas las especies y partidos. No olvido que al frente de BANCAIXA apareció justo después de su corto y pactado pase por la presidencia de la Generalitat Valenciana José Luís Olivas, quien desde hace ya más de veinte años viaja en coche oficial, al fin y al cabo estas entidades bancarias, algunas más cercanas a la usura que a los fines sociales para los que se constituyeron, son la meta y fin de carrera de muchos políticos que reciben un premio de consolación cuando su partido les aparta de los órganos de decisión política y les manda a aposentar sus posaderas en un mullido sillón del Consejo de Administración de cualquier Caja de Ahorros. Por todo eso, por el poder, Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón han estado midiendo sus fuerzas en el palenque instalado en los salones de Caja Madrid.

Y esta semana Madrid se ha convertido en un decorado chapucero de novela negra aunque más bien parece que algunos despacho oficiales en los que reina el Partido Popular se han transformado en el centro de operaciones de la T.I.A, esa agencia de información dirigida por los flamantes y torpones Mortadelo y Filemón. Somos un país lleno de morbosos en el que a la ciudadanía le chifla sentarse delante del televisor y conocer, sean ciertas o no, las interioridades de famosos, famosillos, frikis y aspirantes al famoseo y también a algunos políticos les ha perdido en esta ocasión su particular ración de morbosidad y de querer conocer a fondo las interioridades de sus conmilitones. Pero así como los ciudadanos seguidores de ciertos programas televisivos donde tertulianos y presentadores se dedican a remover la mierda ajena no tienen nada a ganar, si acaso alguno de los coches que se sortean como cebo para la audiencia, estos políticos que han ejercido de chapuceros aprendices de James Bond tienen sus miras en poder calentar con su culo, o el de uno de los suyos, alguno de los poderosos sillones que hoy por hoy les quedan lejanos.

Un subordinado de Esperanza Aguirre espía a su Vicepresidente pero también al Vicealcalde, cada uno de una facción del partido, la Presidenta niega tener nada que ver con lo que, al parecer, ordena su Consejero de Interior y mientras la Fiscalía investiga el portavoz del PP, González Pons, culpa a los “espías” de Rubalcaba en un intento de distraer a la ciudadanía. Y al socaire de todo este galimatías de chapuzas, secretos y alguna que otra cinta de video Mariano Rajoy, el todopoderoso, calla y comienza a estar harto de tantos dimes y diretes y tantas luchas internas justo ahora que llaman a la puerta las elecciones en Galicia y el País Vasco, elecciones que van a pillarle con el calzón quitado por culpa de tanta rencilla cainita entre sus colegas de militancia. Tal vez ahora, si se demuestra que Esperanza Aguirre tiene alguna responsabilidad en el espionaje, le llegue a Rajoy la hora de dar un puñetazo en la mesa y deshacerse para siempre de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, que un día si y el otro también se dedica a segarle la hierba bajo los pies. Puede que de esta crisis Rajoy salga fortalecido, pero que no pierda de vista a Francisco Camps que también ansia el sillón más alto de la calle Génova y que en todo este negocio del espionaje ha estado callado como un muerto, aunque es un vivo muy vivo.

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