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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La falta de disciplina y esfuerzo, en las aulas

María Muñoz (Málaga)
Redacción
lunes, 26 de enero de 2009, 06:51 h (CET)
Hace tiempo que la situación de desinterés de los estudiantes es mayor cada día y que la disciplina en las aulas no existe.

Prácticamente seis de cada diez docentes españoles opinan que los alumnos de educación infantil, primaria y secundaria son peores que los de años atrás, tanto en conocimiento como en comportamiento.

El colegio, después de la familia, está entre los principales eslabones de la cadena de transmisión de valores de una sociedad, especialmente para los más jóvenes.

El respeto, la autoridad y la disciplina, así como el esfuerzo, la sana competitividad o los méritos son principios de los que un sistema educativo no puede prescindir.

Lo contrario, desgraciadamente, generará un progresivo contagio de consecuencias nocivas. Cosa que, a mi entender, una sociedad desarrollada no puede permitirse.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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