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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La educación infantil y la rama del sauce (padres, profesores, entrenadores)

Paco Milla
Paco Milla
sábado, 24 de enero de 2009, 08:09 h (CET)
Cuando alrededor de una mesa, se sientan docentes y entrenadores a saborear un magnifico guiso, la sobremesa es inevitable y el tema de conversación fácilmente adivinable.

La educación de nuestros jóvenes y su profundo odio al esfuerzo, la apatía, desmotivación, pasotismo, que observamos en ellos desde hace unos años, lo inunda todo.

Algunos de los comensales, afirman categóricamente que la culpa es de los padres sin duda alguna y que ellos y solo ellos, malcrian a los cachorros, cubriéndoles de manera inmediata las necesidades primarias, secundarias y todo aquello que por sus bocas sale en cuanto a deseos.

¡Ahora quiero este móvil, ahora este ordenador, ahora estos deportivos, ahora traje de esqui, en fin!… como digo, era bastante generalizada la opinión, de que los padres solo son los pagadores de facturas y los culpables directos de una pésima educación, de la ausencia de valores de todo tipo incluso de la muerte de Manolete si me apuran.

Pero lo interesante, llegó cuando ambos grupos, comenzaron a tirarse puntadas entre ellos. Pepin, famoso entrenador, que llevaba 30 años despabilando adolescentes exclamó:

Y vosotros, los profesores-educadores o como queráis denominaros, tampoco hacéis ningún favor a los chavales, con la estrategia que estáis utilizando desde hace unos diez años.

Habéis bajado tanto el nivel de exigencia, que ellos no tienen necesidad de esforzarse. Cada vez bajáis mas el listón, con lo cual los listos se aburren y los tontos se acomodan. De esta forma, aprueban todos y quedáis como si hubierais hecho con ellos un trabajo notable, pero debajo de eso solo hay humo.

Son aprobados falsos, como muchos conductores con los que nos cruzamos habitualmente en las carreteras y que después de años, aun no aprendieron a conducir. ¿Qué margen necesitan?

Pues el mismo que vuestros chavales, que cuando entran en la Universidad, se derrumban por no tener base y ya no hablo de cuando tienen que entrar en el mundo laboral. El acabose, oye, pues algo de culpa, además de los padres, también la tenéis vosotros, por hacerles creer que su preparación intelectual es optima –sentenció Pepín-.

Con la arteria hinchada y bien dibujada en su cuello, tomó la palabra Margarita, veterana curtida como directora de instituto desde… casi siempre, famosa por un autocontrol pasmoso y una retranca notable.

Querido Pepín: desde el respeto que te tengo por los muchos años que te conozco te contesto: me gustaría tenerte como compañero en mi centro por tu capacidad de lucha y claridad, pero claro como no estudiaste lo suficiente, quedaste en entrenador y hay que ver lo bien que lo haces, por cierto.

Pepín hizo el gesto de añadir, pero Margarita con la diestra levantada cual mesias bendiciendo exclamó:

-No he acabado Pepin-. Y prosiguió: lo que ocurre, amigo, es que los profesores somos ramas de sauce. Nosotros nos adaptamos al nivel del alumno y no somos tan tercos como vosotros, que pretendéis que los alumnos o pupilos se adapten a vuestras exigencias predefinidas y centenarias en su mayoría irracionales, ya que los alumnos de ahora, no son los de hace 25 años y no se les puede, por tanto, exigir en igual medida. Se trata simplemente de amoldarnos.

“Las ramas de sauce, solo ceden para descargar el peso de la nieve, pero una vez hecho, vuelven a mostrarse energicas” –dijo Fredo, del grupo de entrenadores, que tenia fama de poco hablador y aficionado a la filosofía cuasi silenciosa:-.

Eso es Fredo, eso es lo que yo quiero decir –grito Pepín-.

A lo que el orondo Julian, desde el fondo de la mesa dijo: quizás sea por esa inflexibilidad y exigencia de la que tanto presumís los entrenadores, que ahora hay tan pocos chavales haciendo deporte y tantos haciendo botellón.

Nuria, la mas joven coach y que había sido olímpica en la ultima cita susurro: si los docentes no estuvierais pagados por el Ministerio, no os estaría permitido acomodaros.

Nosotros cobramos de nuestros alumnos y hemos de estar atentos a que los grupos sean numerosos. Es por eso que algunos entrenadores, están empezando a ceder. Si ponen a los chicos a jugar, no se les van, pero si les piden entrenamiento exigente, abandonan la actividad. La pregunta es…¿cuántos alumnos tendríais vosotros si no se les obligara a ir al colegio?¿Os imagináis que tuvierais que cobrar por asistentes? Pensad en eso queridos docentes.

Se hizo un silencio que solo el anfitrión se atrevió a cortar. Dando una profunda pipada a su Montecristo exclamo: pues de vuestras palabras lo que extraigo no es precisamente esperanzador: los padres trabajando 16 horas para pagar la hipoteca y los lujos de los infantes, los profesores bajando el nivel y los entrenadores empecinados con mantener la exigencia. El uno por el otro, la casa sin barrer.

En el exterior hacia frío, pero no tanto como dentro del comedor. La solución no se apreciaba cercana. Seguiremos dejándonos llevar por la inercia –pensó- el Sr. Ministro- mientras dirigía su mirada a un sauce llorón que habitaba en el jardín.
Y usted, como padre, docente o entrenador… ¿qué opina?

P.D. Dicha reunión, nunca se celebró. Es solo producto de un cerebro falto de riego. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. El autor.

Les hago un regalo: aun sabiendo que me tacharán de insistente, repetitivo y plasta, (no me cansaré de ello), por el mismo precio les voy a dar dos: no son los diez mandamientos, pero se parecen mucho. Juzguen ustedes. Me refiero al decálogo del juez Calatayud y al de Bill Gates. A ver que les parecen: Juez Calatayud:

DECÁLOGO PARA FORMAR A UN DELINCUENTE
1.Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.
4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

DECÁLOGO BILL GATES
La vida no es justa, acostúmbrate a ello. Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo.

No ganarás U$S 5000 mensuales justo después de haber salido de la preparatoria y no serás un vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos logros.

Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida.

Dedicarse a cocinar hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para describirlo: le llamaban Oportunidad.

Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no lloriquees por tus errores: aprende de ellos.

Antes de que nacieras, tus padres no eran tan “aburridos” como son ahora. Ellos empezaron a serio por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escacharte hablar acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que, antes de emprender tu lucha por las selvas vírgenes contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida; empezando por tu habitación.

En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las oportunidades que necesites para encontrar la respuesta correcta en tus exámenes y para que tus tareas sean cada vez más fáciles. Eso no tiene ninguna semejanza con la vida real.

La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo -si lo deseas - en tu tiempo libre.

La televisión no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café, de la película, para irse a trabajar.

Sé amable con los “nerds” (los más aplicados de tu clase). Hay muchas probabilidades de que termines trabajando para uno de ellos.

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