Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Exprimiendo el discurso de Obama (I)

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 24 de enero de 2009, 08:09 h (CET)
Me puedo imaginar que serán muchos los españoles que se habrán leído, íntegro, el discurso que pronunció el señor Obama después de su jura como presidente de los EE.UU. Debo suponer que la mayoría de los que han tenido la ocasión de hacer algo más que una lectura superficial del texto, podrán haber sacado sus conclusiones que, como es lógico, puede que sean tantas y tan diversas como sea el color del cristal político a través del cual las han analizado. Sin embargo, a mi hace el efecto de que, desde el intento de ser objetivo, sin profundizar en los motivos por los cuales el señor Obama ha pretendido mostrarse desde esta faceta particular, tal como se puede desprender de sus palabras; es obvio que hay partes de este documento programático que pueden chocarnos a los que esperábamos a un Obama más radical, más izquierdista, más en sintonía con sus primeros discursos como aspirante a candidato, cuando medía sus fuerzas con la señora Clinton. Me temo que, como es muy probable, el señor Zapatero, que tanto esperaba de la elección del demócrata, confiase en que, su primer discurso en la toma de posesión del cargo –si es que debemos atenernos al entusiasmo con el que se lanzó nuestro Presidente a una campaña sin control y absolutamente parcial a favor del aspirante de color a la presidencia de la nación americana –, es probabled que hubiera esperado del señor Obama un mitin al estilo de los del señor Hugo Chávez de Venezuela.

Es por ello que no puedo sustraerme a mencionar algunos párrafos de la que podríamos denominar, empleando un galicismo, “pièz bien faite”, excelente texto, sin florituras y con un marcado espíritu realista, utilizado por el nuevo presidente para indicar las líneas maestras que piensa poner en práctica para salvar a la nación de la crisis, elevar el ánimo del pueblo americano y corregir aquellas desviaciones, malas prácticas y actividades especulativas, que han sido la causa de que se produjese la recesión que se está padeciendo en todo el Mundo. En cualquier caso, no estará de más que confrontemos las ideas que ha expuesto en su discurso el señor Obama con las que mantienen el señor Rodríguez Zapatero y su Ejecutivo y, ya no hablemos, con los radicalismos de los nacionalistas que pretenden hacer de España un país troceado en manos de gobiernos de extrema izquierda, como ocurre en las comunidades de Catalunya y el País Vasco.

Por supuesto que, con este pequeño comentario no quiero pontificar y mucho menos sentar cátedra de entendido por lo que me voy a limitar a opinar como lo podría hacer cualquier ciudadano de a pie empleando sólo el sentido común. Lo primero que me ha llamado la atención ha sido el tono respetuoso que ha empleado para referirse al equipo gobernante anterior, algo que, en España, al menos en la que nos ha tocado vivir en los últimos años es impensable y, si no, vean ustedes la parafernalia que rodeo al 11-M del 2004, donde los socialistas no sólo le cavaron la tumba al Gobierno del sucesor del señor Aznar, sino que estuvieron machacándole desde el mismo momento en que se hicieron con el poder. Otro de los párrafos que me han impactado ha sido aquel en el que reconoce, sin hipocresías ni excusas, la mala situación de la nación: “Hoy os digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto periodo de tiempo”, a lo que, poco después, añade: “Hoy venimos a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado nuestra política”.

Espero que el señor Zapatero, tan contento con el señor Obama, haya tomado ejemplo y se apresure a rectificar la política de engaños continuos a los ciudadanos españoles; tanto en las cuestiones relativas a las negociaciones con los terroristas como a aquellas concernientes a la situación de nuestra economía, cuyo deterioro lleva tantos meses sin querer reconocer. En cuanto al dogmatismo, no sé a cual se referirá el nuevo presidente americano, pero si sabemos el que los del PSOE nos quieren imponer, el dogmatismo de la extrema izquierda, el de la opresión y el adoctrinamiento forzoso en las teorías marxistas. Por cierto que el señor Obama ha citado como dos males contra los que hay que luchar, al fascimo y al comunismo, equiparándolos,: “Recordad que las generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques sino con sólidas alianzas y firmes convicciones”. Y es que ZP habla de social democracia como si fuera lo que él practica y defiende; cuando lo que nos ha venido demostrando, a través de todo el tiempo que viene gobernando, es que sus métodos, sus leyes, su desprecio por la oposición, su intromisión en la justicia y su poca utilización de la vía parlamentaria para solucionar los problemas del país, nos indican que, en realidad, estamos ante un filocomunista partidario de los métodos totalitarios aunque, para ello, tenga que ponerse por montera a la Constitución española.

Otro de los puntos cruciales en los que queda patente la diferencia entre el señor Obama y el señor Zapatero es la forma de enfocar el tema religioso. No dudo de que Barack Obama puede que no sea creyente, pero ello no le lleva a olvidar la realidad de su país donde existen varias religiones, entre ellas la cristiana y la musulmana, profundamente arraigadas en partes importante del pueblo norteamericano. El respeto con el que se ha referido a ellas da muestra de la consideración que le merecen todas las creencias que se practican en su nación, incluso la de los que no creen en nada. Vean estas frases: “…la promesa divina de que todos son iguales y todos merecen la oportunidad de alcanzar la felicidad plena” o “somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes y de no creyentes”. Seguramente que al señor Zapatero le debió de dar grima ver como Obama juraba su cargo sobre la Biblia que utilizó el señor Lincoln y, me imagino, el estremecimiento de rechazo que le debió recorrer el cuerpo cuando un pastor evangelista rezó el “padre nuestro”. En España y entre socialistas una ceremonia de este tipo es impensable. Todavía recuerdo el juramente por “su honor” de algunos ministros que luego, por cierto, han demostrado que más bien anduvieron escasos de tal atributo.

Noticias relacionadas

Hacer República

J. Hernández, Málaga

Un blanco sueño por Astún (Huesca)

V. Rodríguez, Zaragoza

La Navidad, Trump y los demás

M. Ferraz, Barcelona

Demasiadas ‘normalidades’

S. Madrid, A Coruña

Un regante alimenta a 155 personas de media al año

D. Martínez, Burgos
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris