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El lado oscuro del Nóbel Vargas Llosa

La copla de José Ulloa, el “Tragabuches”: “Una mujer fue la causa de mi perdición primera; que no hay perdición de hombres que por mujeres no venga”
Miguel Massanet
martes, 16 de febrero de 2016, 00:13 h (CET)
Es cosa cierta que, cuando un hombre famoso, de cualidades sobresalientes y obras merecedoras del aplauso general de sus seguidores y de todos aquellos que llegan a conocerlas; desea cimentar su fama, crear en su entorno un muro de prestigio, de sólida reputación, de hombre de principios y de persona influyente; debe convertirse en una persona intachable que una, a sus indudables méritos como artista, escritor, músico o intérprete, el marchamo de llevar una vida familiar ordenada y de poder exhibir, en todo momento, una conducta ejemplar que le haga merecedor del respeto y consideración de todos aquellos admiradores que le siguen y de todas las personas que tengan conocimientos de sus méritos en la profesión o arte en el que destaque.

Nadie puede poner en duda que don Mario Vargas Llosa, escritor, galardonado con el Nóbel de literatura, con la doble nacionalidad española y peruana, gran maestro de las letras españolas y aspirante a político, aunque en esta faceta (como suele ser habitual en personas que destacan en una determinada materia, cuando pretenden probar suerte en otra en la que, no necesariamente, han de tener la misma fortuna que en aquella en la que consiguió triunfar), en este caso la política, sólo consiguió fracasar. El autor de novelas como “La ciudad y los perros”, “La tía Julia y el escribidor”, “Pantaleón y las visitadoras” o “Quién mató a Palomino Molero” ha sabido demostrar a todos los que lo han leído su pericia en el manejo del idioma castellano, su facilidad para enganchar al lector en la trama de sus historias y su versatilidad a la hora de escoger los temas de sus obras. En fin, que en el aspecto profesional, nadie puede encontrar un pero en la trayectoria literaria de este escritor vocacional y perfeccionista. La culminación de la carrera de este escritor hispanoperuano fue cuando recibió, en el 2010, el premio Nóbel de literatura por su novela “La ciudad y los perros”.

No obstante, este personaje mediático, padre de familia, casado en segundas nupcias con una prima, Patricia Llosa ( su primera esposa, Julia Urquidi, que fue la causante del primer gran escándalo en la familia del escritor, era su propia tía) y padre de tres hijos fruto de este segundo matrimonio: Alvaro, Gonzalo y Morgana, su hija menor; tiene un lado oculto, un escondido Mr. Hyde, hasta hace poco tiempo desconocido aunque, a la vista de la singularidad de sus anteriores matrimonios ¿casarse con una tía?, deberemos admitir que, como suele ocurrir en muchos casos en los que las fantasías sexuales de los hombres y mujeres entran en juego, ya existía una tendencia por lo exótico, lo poco frecuente y lo que, en cierta manera, representaba un desafío a las normas sociales imperantes en la sociedad.

Si fue una bomba el que se destapase las relaciones del escritor con la, tres veces casada, señora Preysler; la forma en la que la noticia se produjo, la brusquedad con la que su familia ( mujer e hijos) tuvieron noticia del hecho ( aunque es cierto que las relaciones conyugales ya hacía tiempo que estaban en crisis) y la subsiguiente petición de divorcio por parte de don Mario de su mujer Patricia, fueron capaces de conmocionar a todas aquellas personas que, probablemente, desconocían esta faceta oculta y, evidentemente, sorpresiva del gran escritor.

En todo caso, para muchos de los que simpatizábamos con él, los que lo considerábamos como una persona incapaz de dejarse llevar por frivolidades, de una seriedad y adustez, en sus actos y expresiones, rayana en lo que se espera de un gentleman británico; el que el señor Vargas Llosa se dejara arrastrar, como cualquier otro ser humano, por la pasión desbordada de un jovenzuelo de veinte años; el que se mostrara tan audaz de tirarle los tejos a una viuda que, apenas hacía unos meses, había enterrado a su último marido, el señor Miguel Boyer, ex ministro de Hacienda del PSOE; debemos reconocer que: primero nos sorprendió y descolocó pero, una vez hechos a la idea, conociendo la fama de la señora Isabel Preysler de buscar maridos bien situado, ricos ( su modus vivendi, no la pone a la altura de ninguna persona que no tenga una saneada fortuna) lo único que se nos ocurrió es que, el sesudo caballero peruano había caído, como un pajarillo inocente, en las redes de glamur y experiencia amatoria de esta filipina, que vino a España con la idea de que no iba a quedarse arrinconada y que, sin duda, iba a emplear sus savoire faire y su exótica belleza, en conseguir relacionarse con la crème de la crème; algo que nadie se atrevería a negar que no haya conseguido con creces.

Es obvio que, si don Mario hubiera estado soltero o hubiese enviudado o, incluso, se hubiera divorciado de su actual esposa, antes de dar la campanada de declararse a la señora Preysler; nadie hubiera tenido motivo de reproche ni de sorpresa ya que, la edad, siempre es algo relativo y, tanto el señor Vargas Llosa como la viuda de Boyer, sin duda conservan un envidiable tono físico, al menos de cara para fuera y, teniendo en cuenta que el maquillaje, y más en el caso de esta clase elevada de la sociedad, es capaz de suplir cualquier imperfección o desgaste físico y, cuando no basta, para esto está la cirugía estética capaz de hacer milagros, nadie se puede extrañar de que, la de Porcelanosa, siga dando, como vulgarmente se dice, el pego. A ello, añádanse vestidos de precios astronómicos y zapatos que no se quedan atrás y ya tendrán ustedes, a la pudiente de turno, convertida en una de las princesas de la yet-set.

Pero, en este caso, don Mario Vargas, el premio Nóbel, el gran señor y aspirante a político, es obvio que se ha dejado arrastrar por su apasionamiento, su gran amor escondido y mantenido durante años, como parece que ha declarado, lo que le ha impedido tener en cuenta una cosa importante, que nunca es conveniente olvidar: respetar los tiempos y los plazos. Lo mismo que, al parecer, tenía que ocurrir inevitablemente, dada la mutua pasión de los dos enamorados; se hubiera podido mantener discretamente hasta que, a don Mario, le hubiera dado tiempo de preparar a su familia, iniciar el divorcio de su actual esposa, Patricia, y explicar a su prole las causas que le impulsaban a dejarlos a todos, con una parte importante de su fabulosa fortuna, por cierto; lo que, sin duda alguna, hubiera contribuido a que la pena causada por tan sensible separación, hubiera sido aceptada con menos enfado, tensión y más comprensión.

En todo caso, a los ciudadanos de a pie, a estas alturas de la Historia, se puede decir que ya nada nos sorprende, que estamos de vuelta de todo lo que pueda ocurrir y que venimos en conformarnos con cualquiera que fuere la extravagancia, humorada o genialidad con las que nos quieran sorprender todos estos personajes mediáticos que, si te empeñas en escarbar debajo de su imagen pública, es raro que encuentres algo que no sea petulancia, egoísmo, insensibilidad, desapego o frivolidad y por supuesto, indiferencia a todo lo que no consista en recibir halagos y pleitesía de quienes forman parte de su cohorte de aduladores.

O así es como, señores, desde la óptica de meros ciudadanos de a pie, en esta ocasión, hemos querido entrar, con nuestra curiosidad, en el terreno de los grandes vudús de la alta sociedad, dispuestos a dejar al descubierto aquello que el refrán nos descubre: “no es oro todo lo que reluce”.
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