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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Obama

Mario López
Mario López
sábado, 24 de enero de 2009, 08:09 h (CET)
No quiero ser aguafiestas, pero conviene que no nos llamemos a engaño. Hoy estrenamos líder mundial; en esta ocasión, además, líder mundial carismático y legendario. Es el primer presidente norteamericano que, por negro, se espera de él que sea el mejor valedor de los derechos de las inmensas minorías marginadas en el mejor de los mundos posibles.

Igualmente, contamos con su compromiso contraído con el conjunto de la sociedad para superar esta crisis económica que padecemos y que, al parecer, tiene unas proporciones nunca vistas y va a demandarnos unos sacrificios que no podemos valorar por ser aún desconocidos. Puede que el nuevo presidente de los Estados Unidos no defraude en estas importantísimas expectativas que de él se han hecho los ciudadanos que le han votado. Pero tenemos que recordar las palabras de Obama, pronunciadas delante del lobby judío al día siguiente del final de las primarias: “Que nadie tenga ninguna duda: mantendré encima de la mesa en todo momento la amenaza de una intervención militar cuando se trate de defender nuestra seguridad y a nuestro aliado Israel. Hay ocasiones en las que no hay alternativa a la confrontación”. Cualquier analista político puede inferir de estas afirmaciones y de los últimos acontecimientos sucedidos en Palestina que la virulencia de la masacre consumada en Gaza ha venido provocada por la necesidad de llevar a cabo una acción contra Hamás lo más dañina posible en el más breve espacio de tiempo, por la necesidad de concluirla antes del 20 de enero, día de la coronación. La acción ha contado y, en cualquier momento, contaría con el beneplácito de Obama, pero convenía cargársela a Bush. El coste de añadir una tropelía más a la larga lista de tropelías cometidas por el presidente saliente resulta irrelevante; Bush ya ha pasado a la Historia como el más nefasto dirigente de todos los tiempos. ¿Qué se pierde, por tanto, añadiendo a su deplorable labor el asesinato de más de mil palestinos? Pero que Obama hubiera tenido que auspiciar la masacre de Gaza nada más acceder a la presidencia de los Estados Unidos, hubiera supuesto una auténtica catástrofe de consecuencias imprevisibles. Al nuevo presidente nos lo han presentado como la gran esperanza de Occidente; como el líder de esa nueva América que todos anhelamos: la democracia más antigua del mundo, la madre de todas las democracias que por fin va a poner freno a los despropósitos neoconservadores que a punto han estado de dar al traste con toda una civilización. Además, y gracias a la forma en como se ha llevado a cabo el holocausto de Gaza, Obama podrá representar el rostro amable de la nueva política en Palestina, toda vez que el peligro que suponía el demonio Hamás ha sido conjurado a sangre y fuego y el pueblo palestino, como el resto del mundo, sitúa a la nueva administración norteamericana en las antípodas de la nefasta administración Bush. Obama llega al poder ostentando el marchamo de último humano capaz de salvarnos de todas las plagas existentes que amenazan muy seriamente con poner punto final a nuestras sacrosantas democracias. Si Obama tuviera que haber empezado su ejecutoria presidencial manchándose las manos con sangre palestina, aviados íbamos a estar. Pero lo dicho, dicho está: “hay ocasiones en las que no hay alternativa a la confrontación”. Puede que me equivoque, pero, por una vez, creo que las tengo todas conmigo. Esto lo escribo horas antes de la ceremonia del relevo presidencial, así que no conozco el contenido del discurso de investidura del nuevo presidente. Pero aún nos quedan muchos conflictos por resolver y conocemos las convicciones más profundas de sus protagonistas.

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