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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Aconfesional no igual a laicista

José Morales (Gerona)
Redacción
viernes, 23 de enero de 2009, 07:22 h (CET)
¿Podemos hablar de neutralidad del Estado? En principio no, es de las personas de quienes podemos decir que son, o no, neutrales, pues la neutralidad supone el acto subjetivo, a veces difícil, por el que uno se abstiene de asumir cualquiera de las opciones por referencia a las cuales se determina esa postura en cada caso. Son, en efecto, las personas que desempeñan el poder público, en cuanto tales, las que, por exigencia de la neutridad confesional del Estado, están obligadas a mantenerse confesionalmente neutrales, esto es, a abstenerse de hacer valer como oficial, única y pública su particular opción religiosa personal.

Y la laicista, no por ser la opción negativa, deja de ser una particular opción, entre otras, ante lo religioso, que de ningún modo, puede identificarse con la actitud general de neutralidad religiosa. Una es la negatividad por abstención de quien se mantiene neutral (no asume ante lo religioso ninguna de las opciones en juego; no toma partido por ninguna) y otra muy distinta la negatividad de quien asume la opción negativa (la de quien toma partido contra toda opción religiosa positiva). No es lo mismo no-profesar-religión-alguna que profesar-la-no-religión. En confundir esas dos tan distintas posturas está lo que alguien, con desgarrada expresión, ha llamado "el truco del laicismo". Está claro, según esto, que, paradójicamente, el Estado laicista no es Estado laico, en cuanto este último término equivale a aconfesional o religiosamente neutro / neutral. Prefiramos aquí, por libre de ambigüedad, el término "aconfesional".

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