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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

¡Judas saltarín!, Dylan Dog. Detective de lo oculto: ‘Un extraño cliente’

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 10 de marzo de 2009, 05:43 h (CET)
Aleta Ediciones prosigue con esa línea que se ha trazado de ofrecer al aficionado un tebeo de entretenimiento, con suficiente calidad para que el lector se quede enganchado a sus series casi "de por vida". Si hace un tiempo les hablaba de ‘Martin Mystère, el investigador de lo imposible’, hoy me ocuparé de otro de esos personajes casi mágicos: ‘Dylan Dog. Detective de lo oculto’. Ambas colecciones corresponden a la versión española de estos fumetti italianos, editados en el país de la bota por Bonelli Comics y se han convertido casi en auténticas series de culto.




Portada del cómic.


‘Dylan Dog’ posee una trayectoria muy larga y aunque su creador inicial es Tiziano Sclavi, numerosos han sido, al igual que en ‘Martin Mystère’, los continuadores de guiones y dibujos. ‘Dylan Dog’ posee una extraña y meritoria cualidad: sus guiones son cuidados, no sólo en el aspecto documental, sino especialmente en el manejo de los personajes y en la dosificación de la acción. Cualquier número de ‘Dylan Dog’, una vez comenzada su lectura, difícilmente podrá ser abandonado para "más tarde": se resiste como un cosaco. Alguna causa poco habitual (un fuerte dolor de muelas o una visita intempestiva) constituye la única posibilidad de aplazar cualquiera de sus aventuras antes de su conclusión, aunque las pestañas nos pesen y el sueño trate de vencernos. Y es que resulta muy difícil sustraerse al poder medio hipnótico de sus páginas, de sus dibujos, de su temática.

‘Dylan Dog’ es un antiguo miembro de Scotland Yard, casi vegetariano, que no fuma, que no bebe, que siempre viste igual (camisa roja, chaqueta negra y bluyines) y que trabaja como detective por su propia cuenta. Dog se ocupa de asuntos extraños y de naturaleza poco humana: espíritus, brujas, fantasmas, desapariciones ... Habita un despacho sito en Craven Road 7, calle que existe en Londres y cuyo inmueble número 7 realmente es un restaurante italiano. Así que de los spaghettis, a la carbonara o a la napolitana, las pizzas y los maccheronis a las actividades con las que este joven detective se gana la vida, media un trecho más que considerable. Como ya he dicho, la mayoría de argumentos giran en torno a lo sobrenatural, sin embargo, los seres humanos de papel y tinta, que pululan por las páginas de ‘Dylan Dog’, son quienes sufren las consecuencias de las acciones de estos espíritus incorpóreos. Y así las pesadillas, las maldiciones, los seres extrañamente deformes, los fenómenos extrasensoriales se enseñorean de las vidas de estos personajes, atormentándoles, hasta que, habitualmente, recurren al señor Dog para que les auxilie.

‘Dylan Dog’, por desgracia, no actúa solo. Tiene un ayudante: Groucho. Este personaje, que pretende ser un homenaje cargado de buena voluntad al bigotudo hermano Marx, pinta poco aquí. Es un auténtico pelmazo. No consigue ser todo lo efectivo e indispensable que para Martín Mystere resulta Java, ese neandertal, mudo y gruñidor, que le acompaña en sus correrías. Porque al contrario que éste, Groucho charla por los codos, a destiempo y con evidente mala pata. Ni siquiera el puro que fuma permanentemente le incomoda para ello. Sus chistes, chanzas y bromas no sólo suelen "cargar" a los posibles clientes y al propio ‘Dylan Dog’, sino también al lector. A este que suscribe, por ejemplo. En más de una ocasión he sentido la tentación de saltarme ese puñado de viñetas en las que interviene el "simpático y apurado" ayudante. De momento no lo he hecho, pero más adelante ya veremos. Es curioso que la idea que puso en práctica Sir Arthur Conan Doyle de colocar un contrapeso, el Doctor Watson, junto al detective más universal de todos los tiempos, Sherlock Holmes, siga todavía funcionando. Parece que una sola persona, en ocasiones, no es suficiente para enfrentarse a la realidad que le rodea y precisa de un soporte físico y espiritual.

‘Dylan Dog’ no consigue convertirse en millonario gracias a su trabajo. Vamos, que no sale de pobre con sus investigaciones. Es más, casi siempre anda canino de faltriquera. Para colmo, buen golpe de los guionistas, no es la primera vez que en algún caso le atracan. Ya saben, mis improbables, encima de cornudo, apeleado, una doble mala pata. Sin embargo, Dylan consigue rehacerse y seguir adelante. Luego, unas veces cobra por sus quehaceres y otras no. Más de estas últimas que de las primeras.

Al igual que ‘Blake and Mortimer’, ‘Dylan Dog’ resuelve sus casos preferentemente en Londres. La capital británica, por sus leyendas, Jack el Destripador, por sus emblemáticas edificaciones, la Torre de Londres, Westminster, el Parlamento, Picadilly Circus, y por su atmósfera nocturna y diurna, la archisabida niebla londinense, se antoja un ambiente francamente muy adecuado para las aventuras de Dylan. En este sentido, como en muchos otros, Tiziano Sclavi acertó de pleno, ya que con la sola elección del escenario impregnó a la serie de una pátina histórica que, a priori, ya incita al lector a introducirse y manejarse por sus páginas.

Hasta hace poco, ‘Dylan Dog’ venía publicándose en España con periodicidad mensual: un solo álbum, tapa blanda y en blanco y negro, en formato pequeño, manejable y flexible, casi para llevar en los bluyines, que rondaba las cien páginas. Sin embargo, a partir del volumen del que hablamos, ustedes y yo, hoy, titulado ‘Un extraño cliente’, ha cambiado de formato. Sus nuevas características son también de tapa blanda, pero con casi trescientas páginas de grosor, conteniendo tres historias en lugar de una sola y con periodicidad trimestral. Esta nueva estrategia comercial también se va a extender a las otras series que publica Aleta Ediciones: la propia de ‘Martín Mystère’, ‘Dampyr’ y ‘Nathan Never’. No sé si la cosa funcionará mejor o peor que antes, aunque particularmente creo que la periodicidad mensual y su asequible precio, 5 euros cada ejemplar, eran muy adecuados y permitían fidelizar a todo el segmento de lectores con presupuestos bajos. El nuevo formato y la nueva periodicidad – créanme, se hace duro esperar tres meses para conocer nuevas aventuras de ‘Dylan Dog’ – es, bajo mi punto de vista, toda una incógnita. Los rectores de la editorial sabrán por qué han decidido introducir estos cambios. Lo bien cierto es que ojalá acierten y la serie continúe publicándose en nuestro país.

‘Un extraño cliente’ contiene otras dos aventuras más: ‘¿Quién mató a Papá Noel?’ y ‘Los cuatro elementos’. En la primera de ellas, Dog recibe la visita de un avispado y endomingado niño - ¡qué bien peinado va!, ¡qué educado que es! -, que desea que busque a su padre, un antiguo boxeador, que ha desaparecido. En el segundo episodio, en las vísperas navideñas de un villorrio apartado - hay mucha, mucha nieve, se lo aseguro -, se suceden una serie de crímenes cometidos por un extrañísimo y descomunal Papá Noel. Del tercer capítulo no les adelanto nada. Es mejor que lo descubran por ustedes mismos.

Mucho mejor.

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Dylan Dog. Detective de lo oculto: ‘Un extraño cliente’. De Nardo, Cossu, Ruju, Casertano y Celoni. Aleta Ediciones. Agosto 2008. 290 páginas, 15 euros.

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