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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Los aprendices de brujo se olvidan de la crisis europea

“La verdadera preocupación nacía de que no sabía lo que andaba buscando. ¡Demasiada reflexión, lógica, sentido! La vida misma no obedece a ninguna lógica, ¿Por qué querer inferir su significado a fuerza de lógica? Y luego, ¿Qué es la lógica? Yo creo que debería apartarme de la reflexión, pues ésta es la raíz de mi mal.” Gao Xingjian
Miguel Massanet
domingo, 14 de febrero de 2016, 11:21 h (CET)
Mientras en España los partidos políticos siguen enzarzado en sus batallas particulares, se pasan los días en discusiones bizantinas sobre si es mejor fulanito o menganito para ocupar la presidencia del Gobierno o se emplean con una energía que, seguramente, estaría mejor aprovechada en otros menesteres, en el empeño de descalificar al adversario político, insultarle, buscar sus defectos en lugar de apreciar sus cualidades o intentar buscar punto de coincidencia en vez de insistir en encontrar desacuerdos; es evidente que las cosas, en esta Europa que sigue sin encontrar el medio de consolidar su unión y perfeccionar sus leyes comunes, para llegar a este punto álgido que todavía no se ha logrado, consistente en conseguir formar una federación de todos los países que la integran, con una Constitución unitaria, que acabe, de una vez, con determinadas singularidades que impiden que, este proyecto común, acabe consolidándose en una verdadera supra-nación al estilo de los EE.UU de América, capaz de actuar con la necesaria cohesión cuando las circunstancias políticas, económicas, financieras o sociales, así lo requirieran.

Resulta desalentador contemplar a nuestros políticos enzarzados en la lucha por el poder, cuando España apenas acaba de dar los primeros pasos para salir de la crisis que la azotado durante 7 años, mientras graves problemas que vienen amenazando esta ansiada recuperación, que todos estamos esperando, han vuelto a poner en tela de juicio el que, realmente, nos encontremos en la buena senda para dejar atrás todas las complicaciones que fueron las causantes de la crisis del 2008 y de las nuevas surgidas de la aparente fragilidad de aquellas economías emergentes, en las que tantas esperanzas se puso pero que, a la vista de los últimos informes sobre su situación, parece que también están padeciendo de este mal de las burbujas, en este caso consistentes en la sobre valoración especulativa de sus activos reales.

Sin embargo, es preciso reconocer que España no puede estar enzarzada durante meses en sus problemas de formar gobierno, mientras en Europa están ocurriendo sucesos que nos afectan directamente y que requerirían que existiera un gobierno fuerte, estable y conocedor de los resortes económicos, para poder afrontar con ciertas garantías de solvencia, todos los desafíos que nos pudieran llegar de la inestabilidad de la banca de la CE, afectada especialmente por la situación del Deutsche Bank y sus emisiones de bonos ( cocos), un tipo de ellos emitidos por las entidades financieras para cubrir sus necesidades de capital adicional, sin un vencimiento prefijado y con la facultad de poder retrasar el pago de intereses cuando el emisor lo decida. Ello, precisamente, ha sido una de las causas de la desconfianza de los inversores en el principal banco alemán., que se ha visto sacudido por un desplome en su cotización de un 10% en un solo día.

Resulta que, en los últimos años, los bancos europeos han colocado 90.000 millones de euros de este tipo de deuda; lo que justifica la inquietud que se ha producido ante el aviso de lo sucedido en el Deutsche Bank. Y es que, señores, Portugal no acaba de cumplir con sus compromisos de ajustes y reformas, lo que ha conducido a su prima de riesgo a los 392 puntos básicos desde los 353 anteriores, llevando la rentabilidad de su deuda al 4,4% el mayor nivel en dos años; en Grecia, la rentabilidad de su deuda alcanzó el 11%, llegando su prima de riesgo a los 1.139 puntos básicos. Lo que, en este caso, requiere del visto bueno de los acreedores comunitarios para seguir recibiendo el dinero de su rescate. Malas noticias para Europa y malas noticias para los países periféricos, como España, debido a que los inversores que acudían a nuestro país para invertir en nuestra deuda y valores, se están refugiando en masa en la deuda pública alemana, en el oro o en bonos de los EEUU, para protegerse de las fuertes caídas bursátiles.

Ante una situación semejante ¿cómo podemos confiar en que un gobierno formado por una coalición evidentemente inestable, integrada por el PSOE, PODEMOS (un grupo de antisistemas de tendencias comunistas y ácratas) IU, el PNV y el posible apoyo de Ciudadanos, un grupo que parece que prefiere tirarse a la izquierda para formar parte de este grupo de perdedores cuyo destino, de no variar radicalmente sus planteamientos políticos y no ajustarse a las reglas que se nos vienen imponiendo desde Europa, incluidas las que hacen referencia a nuestro mercado laboral, a la reducción del gasto público para reducir los 9.000 millones de euros que se nos piden para ajustar nuestro déficit público y, los 25.000 millones de euros que se precisan para reducir nuestra disparada deuda pública; es seguro que vamos a tener serios problemas para recibir las ayudas del BCE,el FMI o el mismo BEI, sin las cuales nos podemos despedir de todas estas reformas de carácter social de las que todos estos partidos hacen gala ante sus votantes.

Es evidente que, las acusaciones de corrupción han mermado las posibilidades del PP de conseguir apoyos para gobernar y, es cierto que, si no se toman en serio el acometer una catarsis para limpiar de todo rastro de corruptos sus filas, va a ser imposible que sus votantes sigan confiando en ellos; pero también es cierto que, lo quieran reconocer o no, un gobierno de coalición que no cuente con el apoyo del PP para acometer las grandes reformas previstas y para modificar la Constitución en aquellos puntos en que fuere necesario, no será más que un gobierno cojo, limitado en sus expectativas de reforma y, evidentemente, incapacitado para acometer las reformas de la Constitución que llevan incorporadas en sus planes de gobierno.

Y esto la saben perfectamente tanto el señor Rivera como el señor Sánchez, por mucho que el señor Iglesias, con su espíritu revolucionario y copartícipe, con Chávez y Maduro, en la revolución bolivariana de Venezuela y de su evidente control del TC que les sigue la corriente a los secuaces de Maduro, en contra de los acuerdos del Parlamento democrático legitimado por las urnas, con una gran mayoría de votos y que, no obstante, se ve obstaculizado por los trucos legales y la complicidad de las instituciones en las que mantiene su supremacía revolucionaria; siga insistiendo en un gobierno en el que su partido, Podemos, corte el bacalao y, si es necesario, apelaría, como ya ha sucedido en Venezuela, a usar la calle y sus cómplices comunistas para saltarse la Constitución en lo que, con toda probabilidad, les ayudarían sus posibles aliados de DyL ( CDC) y ERC, siempre dispuestos a todo lo que sirviera para debilitar el Estado de Derecho en España.

Uno confiaba, hace unos días, en que unas nuevas elecciones serían buenas para aclarar el panorama político, para desatascar el problema de la investidura y para poner a cada formación en su lugar. Ahora, visto lo visto, y ante los últimos acontecimientos que han tenido lugar en nuestro país, ya no sabemos a que opción acogernos. Lo que sí sabemos y es lo que nos trae a mal traer, es que un gobierno de izquierdas, como el que se está proyectando para España, va a significar uno de los mayores errores de nuestra democracia; por mucho que se les haya atribuido al resultado de las urnas el deseo de un cambio. ¿Pero qué clase de cambio? O es que podríamos pensar que el pueblo español que votó masivamente al PP y les concedió a Ciudadanos ( un partido que aparentemente se mostraba moderado), amigo de mantener la actual Constitución y de seguir la misma política económica que han venido patrocinando los del PP; aunque, evidentemente, con un sesgo más social, con una suavización de algunas políticas de apoyo a las clases desfavorecidas pero que, claramente, aparecían como incapaces de negociar un acuerdo, aunque fuera de abstención, ante un PSOE dispuesto a aliarse con quién fuera y, aceptar la abstención de los partidos independentistas, con tal de conseguir alcanzar la presidencia del Gobierno de España. Un feo panorama.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta hacernos a la idea de que, en España, se pretenda construir una alianza de izquierdas, con la participación de Podemos y la abstención de los soberanistas o el apoyo de Ciudadanos, que se vea incapaz de llevar a buen término una política coherente con la que se ha llevado, hasta ahora, para conseguir salir de la crisis y acercarnos al resto de naciones europeas con las que, inexorablemente, deberemos seguir entendiéndonos si es que queremos seguir en la UE y comerciar con ellos. Todo lo demás no serán más que errores que, indefectiblemente, nos van a llevar de nuevo al punto de partida si es que, no acabamos hundiéndonos en el abismo del caos y el desorden, algo que podría acabar, de una vez, con España.
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