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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La euforia no crea riqueza, ¿lo hará Obama?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 22 de enero de 2009, 07:06 h (CET)
El tema es obligado y se puede decir que, hasta cierto punto, con un elemento de morbosidad si se tiene en cuenta que, la elección del señor Obama como nuevo presidente de los EE.UU, marca un hito en la historia de dicha nación por ser la primera vez que un ciudadano de piel oscura accede al más importante cargo de la política norteamericana. Dicho esto, no puedo menos de sentir una cierta inquietud porque todo cambio implica un periodo de prueba, de inseguridad, de tanteos y de primeras decisiones que, si no se va con tiento, pueden causar efectos que, a largo o medio plazo, no respondan a lo que se esperaba de él. Los candidatos populistas, aquellos que se han hecho un hueco entre las grandes masas de votantes, no tanto por sus especiales conocimientos sobre la forma de gobernar un país; no por su específica formación en temas de índole económica o sus probadas aptitudes en política internacional ni, por supuesto, por su habilidad para manejarse con solvencia entre toda la serie de contrapoderes de los que estará rodeado dentro de su propio país, como pudieran ser la prensa, el FBI, la CIA, los senadores de su propio partido y, como no, la oposición republicana que,, si bien está en horas bajas y sufriendo el síndrome del perdedor es posible que, dependiendo de la forma en la que se desenvuelva el nuevo presidente, tengsn ocasión de jugar su cuarto a espadas.

Con ello me quiero referir a que, toda esta parafernalia que está rodeando la elección del señor Obama, ha contribuido a ponerle el listón muy alto en una época en la que la nación, como todas las del resto del Mundo, está pasando por uno de sus peores periodos de depresión, sujeta a los vaivenes de la economía, sangrada por el derrumbe de gran parte de su imperio financiero y azotada por un paro que amenaza con ir creciendo a lo largo de los próximos años. Obama, sin duda, ha sido capaz de darle a la masa popular lo que ella quería escuchar de un aspirante a la Casa Blanca; por su condición de senador negro ha tenido ocasión de arrasar en este colectivo tradicionalmente apartado de las grandes decisiones; especialmente afectado por la discriminación racial a la que ha estado sometidos y, sin duda, uno de los grupos étnicos que más han estado afectados por la pobreza y la postergación social. No deberemos perder de vista que los discursos del futuro presidente más que de números y estadísticas económicas, han estado trufados de ofertas sociales, promesas de mejoras laborales, alusiones al esfuerzo común para levantar la nación y guiños dedicados a las clases menos privilegiadas; lo que, si bien le ha dado una gran popularidad; todos sabemos que, tan pronto ocupe su cargo, lo va a poner en el punto de mira de todos los ciudadanos que esperanzados estarán aguardando a que cumpla con sus promesas.

Es posible que, en estos momentos de euforia por la que pasan los estadounidenses, su corazón esté henchido de patriotismo, de espíritu de colaboración y, hasta es muy probable que, imbuidos de un cierto espíritu altruista que los predisponga a aceptar los sacrificios que, desde la tribuna de orador, les ha pedido el señor Obama. Pero lo que también es cierto es que, la volatilidad de los propósitos de los ciudadanos, cuando estos representan apretarse el cinturón, es más bien predecible. Al señor Obama le aguardan desafíos de gran importancia. El hacerse cargo del timón del país más poderoso del mundo, al menos hasta hace poco, entraña dificultades de la misma magnitud, decisiones de gran calado y una gran visión de estadista para afrontar los retos internacionales que le están aguardando, entre otros y no el de menor importancia, la situación del polvorín de Oriente medio con un Irán expectante, un Israel entre la espada y la pared y unos palestinos que han intentado sacar de sus derrotas el mayor rédito político, aunque ello haya significado poner a los civiles como cebo.

Otra cosa es la desmedida, desproporcionada y, a todas luces carente de toda lógica expectativa que ha puesto el Gobierno del señor Zapatero en el advenimiento del señor Obama al poder; como si ello significase que todos los problemas, graves y acuciantes, en los que estamos enfrascados en España, se fueran a solucionar ipso facto. Conociendo como se las gasta ZP, podríamos deducir que todos estos aspavientos, toda esta movida de la prensa adicta al PSOE y toda esta ilusión rayana en el fanatismo que pretenden trasmitir al pueblo español, no es más que más de lo mismo o sea, desviar la atención de la gravísima situación en la que nos encontramos, camuflar las espeluznantes noticias que nos llegan desde Bruselas, en las que quedamos a la cola de la UE, con la espada de Damocles pendiente sobre nuestra economía de superar la escalofriante cifra de los 4.000.000 de parados, y presentarse, como suele hacer, como el “gran estadista” al que el señor Obama va a ser el primero en consultar para solucionar los desacuerdos que pueda tener con la UE.

Si no fuera una incomprensible caricatura de lo que debiera ser el presidente del Gobierno de España, alguno pudiera pensar que es un taumaturgo capaz de que el pueblo americano se olvide de la postura antiamericanista que han estado manteniendo desde que accedieron al poder. Pero de esto vive el ego del señor Zapatero; se muere por salir en la foto y, junto a Moratinos, otro que tal, se esfuerzan en hacernos creer que han tenido algo que ver en la tregua decretada por Israel y que son grandes amigos del señor Olmert después de que, en España, se han esmerado en poner a los judíos como chupa de dómine. Ya Moratinos metió la pata al atribuirse la propuesta de paz del presidente Mubarak de Egipto, poniendo por delante a España como promotora de tal idea, aunque se apresuró a rectificar cuando se dio cuenta de la metedura de pata.

Lo confieso abiertamente, no me gustan los que quieren cambiar el Mundo porque, generalmente, todos los cambios que se consiguen son para ir a peor y, si no me creen, limítense a ver lo que han hecho con España los socialistas. Sin embargo, creo que todos debiéramos pedir que Dios ilumine al señor Obama, para que ejerza con prudencia y sabiduría el cargo recién estrenado; y lo digo convencido de que algo se está moviendo por los trasfondos de Europa, un movimiento que me recuerda otras épocas y otros comportamientos. La crisis siempre ha sido una gran amiga de las revoluciones y, la pobreza y la miseria, las yescas que han sido capaces de prender las llamas de odios y reivindicaciones latentes. Tiempo al tiempo, que ocasión habrá para juzgar los actos de este neófito al que le ha tocado bailar, a parte de con Michelle, con la más fea.

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