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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Contra un sistema canalla

Mario López
Mario López
jueves, 22 de enero de 2009, 07:06 h (CET)
El estado de Israel, como proyecto de convivencia para la región de Palestina, se ha acreditado como un enorme fracaso sin paliativos. Desde la fecha de su fundación, en 1948, y hasta la actualidad no ha resuelto ninguno de los problemas que justificaron su creación. Ya empezó mal desde sus comienzos.

Como todo el mundo sabe, el estado de Israel es el legado que dejó Gran Bretaña tras cesar en sus funciones como responsable del protectorado de Palestina; protectorado que le fue asignado por la Sociedad de Naciones, al final de la I Guerra Mundial. Legado envenenado, pues se concibió en contra de la voluntad del pueblo palestino. En sus sesenta años de vida, el estado de Israel, lejos de favorecer la integración de los diferentes pueblos que han habitado su territorio desde tiempos inmemoriales, ha emprendido la guerra en varias ocasiones contra sus vecinos árabes y se ha dedicado a mantener un gueto en la franja de Gaza, reproduciendo, con una precisión escalofriante, el gueto de Varsovia. Si el gueto de Gaza ha sobrevivido durante sesenta años es porque los judíos nunca han supuesto una amenaza para los intereses de Europa. Lo mismo hubiera ocurrido en Varsovia si Hitler no se hubiera dejado llevar por su afán expansionista. No nos puede sorprender, por tanto, que Europa no mueva un dedo ante el holocausto de Gaza. No lo hizo cuando la Guerra Civil española ni durante el gueto de Varsovia. Nuestras democracias se basan en dos pilares podridos: la economía de mercado –causante de la bancarrota de occidente y de la hambruna en el resto del mundo- y la democracia liberal, que permite legitimar a través de las urnas a políticos capaces de llevar a cabo cualquier tipo de crimen contra la humanidad. Si se dice que el socialismo real fue asesino, ¿qué podemos decir de la democracia capitalista? Si a nuestras autoridades les interesa algo recuperar la credibilidad del sistema que nos rige, deberían promover la liquidación del estado de Israel y la fundación de otro distinto que beneficie a la gran mayoría de del pueblo palestino, así como deberían emprender todos los procesos necesarios para juzgar la totalidad de los crímenes que contra la humanidad han cometido y cometen muchos de nuestros dirigentes políticos y responsables del sistema financiero.

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