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Algunas pistas acerca de la Novela Negra en la Comunidad Valenciana

Herme Cerezo
Herme Cerezo
sábado, 18 de abril de 2009, 11:13 h (CET)
Es indudable que escribir sobre novela negra en la Comunidad Valenciana es hablar de arrecifes, individuos aislados que, desde sus atalayas, tratan de comprender y explicar la sociedad que les envuelve, utilizando como método de análisis entramados policiales o negros (el término negro, como el propio género, no es absoluto sino ambiguo, igual que sus fronteras tampoco son compactas sino permeables y difusas), cargados de suficiente verosimilitud como para hacerlos creíbles y palpables. Empleando un término muy del género, podríamos hablar de un grupo de resistentes, francotiradores de la tinta y el papel, que dibujan el mundo con el único denominador común de su punto de origen: la costa mediterránea comprendida entre las provincias de Castellón, Valencia y Alicante y la aparición de este territorio geográfico en sus relatos aunque, como veremos después, no en todos los casos. Y es que las tres capitales y algunas otras ciudades como Elche, Torrevieja, Benidorm, Gandía, Vila-Real o Sagunto son escenarios tan idóneos como otros cualesquiera para las actividades y componendas del crimen organizado y desorganizado, de sicarios profesionales o delincuentes de medio pelo, sin olvidar a las mafias (nacionales e internacionales). Esta Comunidad, además, posee un elemento interrelacional muy importante en la novela negra: el mar. Pocos lugares existen en el mundo más asociados al crimen, organizado o no ya dije, que los ambientes portuarios. El puerto y sus alrededores huelen a reyertas, deudas de juego, contrabando, prostitución, alcohol, venganzas, pasiones..., sin olvidar el Pasado, siempre imprescindible en estas novelas que, también de matute, como un polizón, amenaza con regresar a bordo de cualquier barco. Sin embargo, los escritores del género de la Comunidad no se mueven por estos ambientes marinos. ¿Por qué? Porque ¿como buenos valencianos viven de espaldas al mar? Es una buena pregunta que merecería un estudio más detenido.

Por otro lado, la sociedad valenciana, su demografía, crece de modo considerable, producto en buena medida de la cantidad de inmigrantes que ha acogido en su seno durante los últimos tiempos. Los nuevos pobladores de nuestra tierra aportan sus mejores hábitos y costumbres pero también, y desgraciadamente, sus lacras sociales, ni mejores ni peores que las nuestras, simplemente suyas, que se añaden al excelente caldo de cultivo que hace particularmente atractiva a nuestra Comunidad para los cultivadores de lo negro. Afortunadamente quedaron atrás aquellos tiempos en los que, como dice Andreu Martín , “nos habían llegado a convencer de que los policías, los ladrones y los asesinos eran algo ajeno a nuestro país. Aún hoy día podemos escuchar entre los lamentos de algún nostálgico el discutible estribillo: ‘Esto con Franco no pasaba’”(1). Igualmente fueron pasto del olvido aquellos tiempos en que los escritores y los lectores del género eran considerados de “segunda división”, cuando las novelas se vendían en kioscos casi a escondidas por vergüenza del qué dirán. Afortunadamente, la novela negra ha dado un salto de calidad en su consideración social, porque literariamente siempre la tuvo, al menos en sus principales autores.

Dado el carácter de francotirador al que aludía al comienzo, resulta difícil pensar en una escuela valenciana o, ni siquiera, en eso que llaman una generación de escritores. Creo más bien que la situación actual del género negro en esta Comunidad es fruto de un brote espontáneo de magines despiertos, de curiosidades insatisfechas, de espíritus inquietos, diseminados por lugares dispersos sin conexión alguna. Por ello, me referiré a autores que, en algún momento determinado de su carrera literaria, cogieron la pluma, el bolígrafo o el ordenador y escriben, han escrito y deseamos que sigan escribiendo novelas del género.

Y empezamos por el pionero indiscutible, el precursor o, al menos, el primer escritor valenciano que, con novelas policiales, alcanzó una indudable notoriedad por los andurriales de la República de las Letras: Ferran Torrent (Sedaví, 1951). Narrador impenitente desde su infancia, cuando inventaba historias para entretener a sus hermanos, comenzó su carrera como escritor de género negro en lengua catalana con ‘No emprenyeu el comissari’, donde efectuó la puesta de largo de sus inolvidables protagonistas: el periodista Héctor Barrera y el detective Butxana. La serie prosiguió con otras novelas de igual éxito: ‘Penja els guants, Butxana’ (1996) y ‘Un negre amb un saxo’ (1989). Torrent hizo aceptar a los lectores los tipos y calles más tradicionales de Valencia como elementos indispensables de sus novelas. Inolvidables son sus escenas de persecución por el barrio de El Carmen, donde brilla su estilo, directo, agudo y con buen sentido del humor. En este sentido resulta esclarecedora su declaración de principios en la dedicatoria de su primera novela (2): “Muchachos, la sociedad está dividida en dos clases: los que tienen dinero y los que no pierden la esperanza de tenerlo. Y quien diga lo contrario, que lo demuestre”. Últimamente, el escritor “sedavienc” (3) continúa vinculado a la Literatura, pero ha abandonado el registro policial para intrincarse por otros vericuetos de la ficción.

Mariano Sánchez Soler (Alicante, 1954), infatigable activista literario, docente, periodista de investigación, poeta y escritor, es hombre de vocablos exactos, testigo de la Transición española y sus secuelas. Para él la escritura es una actividad total donde tienen cabida todas sus vertientes: “mis ficciones y mis libros de no-ficción forman un todo, se complementan” (4). El propio Soler se define como “periodista que escribe y cuando la investigación no alcanza sus últimas consecuencias utilizo esos materiales para construir ficción” (5). Para él, realismo y verosimilitud constituyen las grandes virtudes de la novela negra y no concibe la literatura moderna sin su presencia “ya que no existe otro género que explique tan bien la realidad de la sociedad capitalista, los mecanismos del poder. Donde no puede llegar el periodismo y no sabe llegar la historia, la literatura se convierte en la narradora de la sociedad postindustrial”(6). El escritor alicantino es un narrador vibrante: “yo interpreto los hechos y trato de reflexionar. Y lo hago con novelas de acción, sin monólogos interiores, donde los hechos nos conducen al retrato social y humano”(7). La acción, una cualidad muy del estilo Hammet, fundador del género junto el otro monstruo sagrado: Raymond Chandler. Dentro del género negro, Mariano Sánchez Soler ha publicado ‘Carne fresca’ (1988), ‘La sonrisa del muerto’ y ‘Festín de tiburones’ (1990). ‘Grupo antiatracos’, editado en 2006, reúne en un solo volumen sus tres clásicos negros, en los que presenta a la pareja de policías, Galeote y Pulido que, quizás a su pesar, llegarán a las más altas esferas del poder y la corrupción para acabar comprobando con impotencia que cuanto más cambian las cosas, más inmóviles permanecen, un argumento muy propio del género negro. ‘Grupo Antiatracos’ puede considerarse como un fresco de la España posterior a la Dictadura franquista. Recientemente, en 2008, se ha reeditado su ‘Para matar’, una intensa historia, que se desenvuelve en las tripas de los movimientos de ultraderecha allá por los comienzos de la Transición, un homenaje a la asesinada Yolanda González. La España del pelotazo, la gomina, el tráfico de influencias y las grandes fortunas son argumentos que también transitan por las páginas escritas por el escritor alicantino.

Procedente del mundo de la docencia de la historia, Luis Valera Muñoz (Valencia, 1955), editor y ensayista histórico y literario de largo recorrido, articula su discurso policial con unos relatos espléndidamente documentados, dotados de un enorme dinamismo y un notable manejo del lenguaje de los bajos fondos, imprescindibles en el terreno de lo policial, sin olvidar una inteligente carga de humor. El estilo del escritor valenciano es conciso “porque, como dice Pérez Reverte, lo que puedes contar en cinco líneas no lo cuentes en cinco páginas”(8). Luis Valera cultiva por igual el género corto, el cuento, que la distancia larga, la novela. En el primer caso, ha publicado dos recopilaciones: ‘Atracos S.L. y otros relatos’ (2002) y ‘Asesinos sin remedio’ (2003), en donde estira calculadamente los relatos tejidos en torno a sus ladrones y asesinos hasta llevarlos a la dimensión de novelas cortas, “para que alguien me explique de una vez dónde empieza la novela y termina el cuento”(9). ‘Anillo de compromiso’ (2006) es, cronológicamente, su primera novela escrita y, por azares del mundo editorial, la última publicada, una obra típicamente negra, enclavada entre la ciudad de Valencia y uno de sus residenciales de lujo limítrofes, con buenos diálogos y momentos de acción trepidantes. En ella, Valera da una vuelta de tuerca más al género y, en contra de lo que suele ser habitual en la novela negra europea, coloca como protagonistas a los componentes de una agencia de detectives sita en la ciudad de Valencia, algo novedoso, atrevido y, aunque parezca difícil, muy plausible, a pesar de la imagen que de estos profesionales se tiene en la capital del Turia donde se piensa que un sabueso sirve para argumentar divorcios y poco más. Para Valera, pasados los tiempos históricos, el éxito del género radica en los lectores, que “no pueden abandonar la lectura de estos libros porque desean que los criminales paguen sus crímenes y que los policías no se rindan jamás. Y eso, a veces, sólo a veces, lo conseguirán a través de estas lecturas” (10).

Pedro Uris Escolano (Valencia, 1952) es otro escritor que se apunta a lo negro, “un modo de contemplar el mundo, una mirada en la que la línea que separa el bien del mal nunca es demasiado precisa y donde los personajes presentan más grises que blancos o negros” (11). Procedente del mundo del cine (ensayista, crítico, guionista y director), Uris ha publicado su primera novela, ‘Cita con la eternidad’ (2008), un thriller romántico, que indaga en las claves del relato policiaco y dirige una mirada decepcionada sobre las sociedades desarrolladas del primer mundo. Su concepción del acto creador es toda una declaración de intenciones, ya que para él “escribir es un ejercicio de libertad y también una experiencia de soledad, la única aventura posible en el siglo XX, como dice el director de cine Manuel Gutiérrez Aragón”(12).

Pablo Sebastiá Tirado (Castellón de la Plana, 1973), autor que no concibe el mundo sin la escritura, proviene del campo del Marketing, de la Comunicación y del Derecho. Además de otras obras, es autor de dos novelas, ‘El último proyecto del Doctor Broch’ y ‘La Agenda Bermeta’, que se enclavan en las coordenadas de lo criminal. Para Sebastiá en el género negro “el dolor y el sufrimiento, interno y externo, de los personajes son un elemento fundamental, acompañados por una atmósfera asfixiante y melancólica. Estos dos elementos perfilan mejor la novela negra que cualquier tiroteo o persecución”(13). En sus obras la acción no es determinante, ya que “no por el hecho de que haya más o menos muertes violentas en un relato se está ante una historia negra. La violencia forma parte del género negro, pero no es imprescindible”(14). Sin temor a cometer errores, podríamos definir su estilo como irónico sin sarcasmo, provisto de abundantes dosis de humor negro y fácilmente comprensible para el lector. El escritor castellonense, además, cree que el género negro tiene mucho futuro ya que “es un género muy vivo porque cambia a medida que la sociedad lo hace también” (15).

Suso Postigo (Castellón de la Plana, 1964), tras pasar por las aulas universitarias, ingresó en el mundo de la comunicación. La radio y las redacciones de varios periódicos le vieron trabajar después, hasta que decidió embarcarse en cometidos diametralmente opuestos a sus ocupaciones anteriores. ‘Mensaje criminal’ (2008) es una interesante historia policíaca, en la que se mueve Glen Malory, periodista de The Chronicle. En su novela, Postigo ofrece un fresco detallado con todos los tics propios del género negro (gángsters, fiscales, sectas, sicarios, etcétera) con una trama que discurre lejos de las fronteras valencianas: en Nueva York nada menos. ¿A qué obedece esta lejanía? “El motivo es sencillo: rendir homenaje a los autores de la novela negra clásica, con una historia que incluya todos sus elementos, incluido el ambiente urbano norteamericano”(16). Buena prueba de que Suso Postigo no rehuye escenarios de la Comunidad para sus argumentos, la tenemos en que, junto con Pablo Sebastiá y otros escritores procedentes de muy diversos campos, ha publicado recientemente un conjunto de doce relatos negros, cuyo epicentro es la ciudad de Castellón (17).

Agustín Santos (Salamanca, 1938), afincado en Almassora (Castellón), procede del mundo editorial. Escritor de cuentos, en 2008 ha publicado su primera novela policial: ‘La llave que te di’, obra penetrante, que transcurre en Valencia y sus polígonos industriales y respira Mediterráneo criminal con guiños sudamericanos. Justo Boyero, el protagonista, es un policía que mantiene una actitud ambigua en sus investigaciones (corruptor y corrupto a la vez). Santos piensa que los relatos del género negro “causan una sensación intensa; creo que estos relatos reflejan mejor que ningún otro género la ansiedad y la angustia del tiempo que vivimos”(18).

Manel Joan Arinyó (Cullera, 1956) es un prolífico escritor en lengua catalana. Y en su devenir literario guarda un rincón de su obra para el género negro. Prueba de ello son dos de sus novelas: ‘L’agenda del sicari’, una pura ficción enclavada en la localidad de Cullera, donde el asesino a sueldo Vicent Ros desarrolla su actividad criminal, y ‘El cas Torreforta’, que el escritor cullerense ubica en la localidad tarraconense de Torreforta y que está basada en un hecho real: el tristemente célebre caso de las niñas de Alcàsser. Ambas novelas se desarrollan al ritmo de la mejor tradición de la novela negra.

Cierra este breve panorama sobre la literatura negra en la Comunidad Valenciana, el que suscribe, Herme Cerezo (Valencia, 1957), cultivador, al igual que Luis Valera, del relato corto policial. Por ello me tomaré la licencia de abandonar la tercera persona. Mis cuentos, sin duda, influenciados por las lecturas de William Irish y recopilados en el volumen ‘El perro faldero’ (2003), están plagados de tipos torpes y en fuera de juego y mis tramas recurren frecuentemente al equívoco o a la paradoja. En mi modo de entender la escritura ¿quién se resiste a narrar en unos cuantos folios la secuencia de un suceso mágico, de un crimen, de un amor increíble, de una mentira o de un chisme intrascendente? Mi estilo narrativo es rápido, nervioso y todos mis relatos esconden, agazapado, un final sorpresivo. Sobre ‘El perro faldero’, el escritor madrileño Montero Glez ha escrito: “los finales de Herme vienen arrollando desde el principio y cuando llegan, entonces te das cuenta de que te arrollan por completo y te aplastan contra la pared con la fuerza de un tranvía. Y es que con lo que no contabas, chúpate ésa, era con todo el peso de los detalles con los que Herme cierra cada uno de sus cuentos” (19).

Y hasta aquí esta mirada sobre la novela negra en la Comunidad Valenciana, un resumen nada fácil de componer porque los novelistas negros, haciendo honor a su oficio, se atrincheran, como los francotiradores del principio, y, utilizando las herramientas que emplean sus propias criaturas, hay que armarse de escepticismo y paciencia para seguirles la pista.

____________________

1 Andreu Martín: prólogo a la edición en castellano de No emprenyeu el comissari. Ediciones B, 1985.

2 Ferran Torrent: dedicatoria a Mateu Torrent en No emprenyeu el comissari.

3 Sedavienc, gentilicio de los habitantes de Sedaví (Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana. Diario Levante-El Mercantil Valenciano, año 2005).

4 Entrevista concedida por Mariano Sánchez Soler a la revista virtual La Gangsterera.

5 Ibidem.

6 Ibidem.

7 Ibidem.

8 Presentación de Anillo de compromiso de Luis Valera. Diario SIGLO XXI, 2 de marzo de 2006.

9 Conversación entre Luis Valera y el autor de este artículo (enero de 2009).

10 Luis Valera: La novela negra actual en Europa. Año 2008, artículo (2009).

11 Conversación entre Pedro Uris y el autor de este artículo (enero de 2009).

12 Conversación entre Pedro Uris y el autor de este artículo (enero de 2009).

13 Conversación entre Pablo Sebastiá y el autor de este artículo (enero de 2009).

14 Conversación entre Pablo Sebastiá y el autor de este artículo (enero de 2009).

15 Conversación entre Pablo Sebastiá y el autor de este artículo (enero de 2009).

16 Conversación entre Suso Postigo y el autor de este artículo (enero de 2009).

17 El título del libro es Crimenes en Castellón, doce plumas negras y un pincel y son sus autores Juan Carlos Enrique, Pablo Sebastiá, Juan Manuel Velasco, Suso Postigo, Francisco Fernández, Gustavo Llach, José Luís Valencia, Carles González, Maty G. Tchey, Pepe Beltrán, Carolina Hernández y Ana Rosa San Feliu con ilustraciones de Lola García (diciembre 2008).

18 Agustín Santos, entrevista diario Levante-El Mercantil valenciano, (29 de agosto de 2008)

19 Montero Glez en La Trinchera Cósmica, web del escritor (4 de febrero de 2007).

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