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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

El esfuerzo del Gobierno

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 20 de enero de 2009, 08:01 h (CET)
Cuando un trabajador habla de que debe hacer un esfuerzo para cumplir con sus obligaciones laborales, se queda uno pensando que su misión le viene grande y es por ello que debe hacer hincapié en que hacer su trabajo le supone el empleo enérgico de la fuerza física contra algún impulso o resistencia, el empleo de elementos costosos en la consecución de su objetivo o el empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir lo que se le ha encomendado, como define la RAE el esfuerzo.

Es claro que todos en su quehacer profesional deben hacer un esfuerzo para sacar adelante lo que se les encomienda, pues lo fácil es levantarse tarde, holgazanear y dejar para mañana lo que debe hacerse hoy. Eso es claro y todos los que trabajan con seriedad, hacen un esfuerzo para ganarse el sueldo.

Sin embargo, cuando el Vicepresidente Económico del Gobierno, Pedro Solbes, al presentar la nueva propuesta de financiación para las comunidades autónomas pongamos por caso, dice que el gobierno ha hecho un esfuerzo para la consecución de la propuesta, no sabe uno muy bien a qué atenerse.

¿Qué significa que el gobierno ha hecho un esfuerzo? ¿Que ha hecho algo excepcional para cumplir con su obligación? ¿Que ha añadido un plus de responsabilidad a sus obligaciones? ¿Que ha habido una serie de profesionales haciendo horas extraordinarias para conseguir un documento presentable a la opinión pública en la fecha prevista? ¿Que se han devanado los sesos más allá de lo razonable para concretar una propuesta que guste a todos? ¿Que los miembros del gobierno se han rebajado todos el sueldo para allegar fondos para la financiación autonómica? ¿Qué significa esfuerzo en ese contexto?

Lo cierto es que a nivel de la calle, no queda muy claro en qué hace el gobierno un esfuerzo para cumplir el mandato que le dieron las urnas, pues lo que la gente corriente realmente siente en sus carnes es cómo el gobierno les despulga a cada paso y es ya consciente de que le está sacando hasta las muelas del juicio en esta época de crisis, en la que no dejan de subir precios, impuestos y arbitrios de todos tipos.

La verdad es que no resulta chévere que el gobierno hable de que tiene que hacer un esfuerzo para cumplir con su trabajo, cuando más de tres millones de trabajadores han perdido el suyo, tienen un futuro sombrío y desearían tener una colocación en cualquier ministerio que les permitiera decir que han de hacer un esfuerzo para desempeñar su cometido; porque carecen de él.

Se habla también de un esfuerzo del gobierno por incrementar el gasto público. Pero vamos a ver: una política económica deficitaria significa más gasto público que ingresos. Es una forma habitual de funcionamiento en épocas en las que es necesario que desde la administración se fomente poderosamente la actividad económica. Que nada tiene que ver ni con la planificación central ni otras formas de gobierno económico centralistas. ¿Dónde está el esfuerzo entonces? ¿Aplicar políticas económicas establecidas en todos los manuales de macroeconomía representa un esfuerzo a nuestro gobierno? ¿Es un esfuerzo reordenar los gastos y los ingresos del estado para adecuar la política a las circunstancias actuales?

Lo que en todo caso sea, es trabajo ¿pero esfuerzo? Se referirá si acaso a rehacer las cuentas del estado, cosa que no se ha hecho formalmente. Los Presupuestos fueron presentados a la prensa el 26 de septiembre de 2008 y la Ley de Presupuestos para 2009 fue aprobada en el Congreso de los Diputados el 23 de diciembre, sin modificación alguna de su contenido, salvo las vergonzantes concesiones colaterales a los grupos que apoyaron su aprobación.

Así que seguimos sin ver ese esfuerzo, como no se refiera a la mera realización del trabajo que al gobierno le tiene encomendada la soberanía popular representada por el Parlamento. Y si al gobierno le parece que llevar a cabo su cometido representa un esfuerzo, entendido como el empleo adicional de una fuerza enérgica o elementos costosos o empeñar un vigor extraordinario para hacer lo que debe, mejor se proponga hacer el esfuerzo de gestionar bien este país que está empezando a hacer aguas por todas partes. Y ahí si debe hacer un esfuerzo, pues la inercia de la pasada legislatura asumida de improviso y la negación de la crisis para garantizarse la siguiente, ha retrasado la activación de los mecanismos necesarios para paliar sus efectos y acortarla en la medida de lo posible y ahora se requiere el esfuerzo de todos; del gobierno en primer lugar y de la ciudadanía a continuación. Y por ahora más parece que vaya el carro delante de los bueyes: los ciudadanos esforzándose y el gobierno diciendo que lo hace pero sin tirar de él como debiera. Pero eso sí, insiste en que se esfuerza.

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