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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

Obama: Mito o realidad

Domingo Delgado
Domingo Delgado
martes, 20 de enero de 2009, 08:01 h (CET)
En los últimos cincuenta años, la política estadounidense ha tenido un gran eco mediático y de interés general en nuestro país. De forma que las noticias políticas de Estados Unidos suelen encontrar un eco inmediato en España. Y ello se aprecia cada vez más con el avance de la globalización en que este país lidera el progreso económico y el dominio político como superpotencia mundial.

Tal es así, que habitualmente los relevos en la Casa blanca se han seguido con particular atención a este lado del Atlántico, pero la expectación que ha levantado el nuevo presidente estadounidense tiene pocos antecedentes.

Quizá ser el primer presidente norteamericano de color en un país, que hasta hace pocas décadas era racista, y practicaba cierto grado de separación social en razón de la etnia de procedencia; así como los orígenes del nuevo presidente, que se ha superado a sí mismo, con sus estudios y trabajo, representan unos alicientes dignos de consideración para una especial atención.

Pero en el momento actual, acoge un mayor relieve el conocer los planteamientos del nuevo inquilino de la Casa blanca en torno a los grandes conflictos que afectan al mundo actual (la crisis económica y la seguridad mundial), en los que su posición y futuras decisiones van a tener una decisiva importancia para la estabilidad y el bienestar mundial.

Durante la campaña electoral creó muchas expectativas, y ha generado excesivas ilusiones, tanto en EEUU como fuera de allí, puesto que aquí en España, los medios de comunicación, y los comentaristas políticos lo ponen “en los cuernos de la luna”, de todo lo bueno que esperan de él. Y esto no parece que sea bueno, ni mucho menos que sea real.

Ciertamente, que su antecesor Bush, “el hijo del otro Bush”, representa otro modelo de dirigente político norteamericano, con escasa formación académico-profesional, le bastó ser el vástago de otro jerarca americano, bien ubicado entre la elite político-económica de ese país, al punto de tener a otro hijo posicionado como gobernador en Florida; constituyendo una saga que sirve a los intereses de grandes empresas estadounidenses, especialmente las del petróleo tejano, que en otro momento el saliente presidente atendió desde su puesto de gobernador de Texas, contando entre sus colaboradores con personajes como Dick Chaning que fue alto mandatario de empresas armamentísticas americanas. De forma que “mini Bush” ha ejecutado –durante dos mandatos- el guión que los grandes lobby´s le marcaban. Que tras los atentados del 11-S, daban rienda suelta a los “halcones” del capitolio para imprimir por la fuerza un giro al terrorismo internacional, y al desafío de Alkaheda.

De donde sucedieron los “embarques” de Irak, Afganistán, y de nuevo el conflicto palestino-judío, a los que se atendió con las tesis del más duro “realismo internacional”. Que no han asegurado precisamente, ni la resolución de esos viejos conflictos, ni una mayor seguridad mundial. A lo que se le ha de añadir la gran estafa financiera urdida por grandes brokers del “capitalismo virtual”, pero que ha tenido una decisiva incidencia en la economía real a escala mundial, fruto de la codicia de unos pocos, y de la laxitud reguladora de los gobiernos de la órbita capitalista en lo concerniente a los mercados financieros, que ha dado lugar a una de las grandes crisis económicas del capitalismo, y que pone en cuarentena los afanes globalizadotes de la economía mundial.

Por todo lo cual, Obama tiene ante sí, a partir de su inminente toma de posesión, una delicada labor gubernamental, en el orden interno, y en el internacional, que le auguran una difícil entrada en la presidencia, donde se evidenciará la realidad de sus planteamientos, que ya no resultarán tan del agrado de todos, por los propios intereses nacionales que ha de defender, que se distancian de los intereses mundiales en los que tiene que lidiar.

No nos engañemos, EEUU tiene unos intereses geoestratégicos en el orden mundial, como primer superpotencia, que ha de atender, y eso colisiona necesariamente con el interés de terceros países; pero un cambio en la presidencia, de un republicano a un demócrata, sólo conllevará quizá un diferente talante para abordar determinado tipo de política nacional, de consumo interno, con planteamientos quizá más sociales que los de Bush, pero que no supondrán vuelco alguno en las políticas públicas americanas. Y en cuanto al ámbito internacional, con Híllary Clinton al frente de la cancillería norteamericana, tampoco se pueden esperar giros copernicanos en política exterior, pues los intereses nacionales son los mismos que con los republicanos; si acaso, algún gesto para la galería, como la desinstalación de Guantánamo, y un talante más dialogante en Oriente Medio, como sucedió en los mandatos de Bill Clinton y de Carter, que llegaron a distendir el conflicto palestino israelí, pero no cabría esperar grandes cambios. Que por otra parte, tampoco serían de desear ni para los intereses de EEUU, ni para la estabilidad mundial.

Además Bush deja la “losa” de la crisis económica en la que Obama tendrá que liderar políticas económicas de reactivación de la economía, que a corto plazo le darán importantes quebraderos de cabeza, y posiblemente un costo de confianza pública.

Todo lo cual, nos lleva a apelar a dosis de realismo ante el mito de Obama que muchos medios de comunicación nos han presentado. Ya que no hemos de olvidar la conocida afirmación de Laswell en relación con que “el hombre político es el producto de motivos privados, desplazados sobre un objeto público y racionalizado en términos de interés público”.

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