Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La abracadabrante Justicia

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 19 de enero de 2009, 05:49 h (CET)
Verán ustedes, en España se nos han juntado el hambre con las ganas de comer lo que, en román paladino, quiere decir que se nos acumulan los problemas. Es evidente que en cualquier país existen temas que requieren una especial atención de sus respectivos gobiernos; los habrá en que los temas candentes serán varios y requerirán, a su vez, que los gobernantes hagan un esfuerzo mayor para intentar prestar atención a cada uno de ellos, pero donde ya la cosa se pone peliaguda, donde saltan todas las alarmas de la Administración y el caos se adueña del país, es aquella nación en que parece que no quede nada que funcione medianamente bien. Un ejemplo palpable de uno de estos lamentables países, es el nuestro, España. Claro que si nos queremos remontar a unos pocos años antes, si queremos hacer un ejercicio de feed back político y regresar al tiempo en el que, el señor Aznar y su gobierno, dirigían el destino de España ( sólo hace cinco años y medio) y contempláramos la situación de nuestra patria, la consideración y el respeto que se había ganado en toda Europa, la regeneración de las instituciones; el prestigio económico de nuestro equipo de economistas, con el señor Rato al frente; nuestras excelentes relaciones con los EE.UU; el frenazo que se le dio al sultán de Marruecos en sus innegables aspiraciones anexionistas; el aumento de los puestos de trabajo y la disminución del paro; la reactivación y saneamiento de la Seguridad Social etc.,probablemente no podríamos reconocer en aquel país ejemplar a esta pobre España de ahora que, como al perro viejo, parece que le crecen pulgas por todos lados.

Si nuestra situación económica está rozando la peligrosa senda que nos conduce al precipicio de los 4.000.000 de parados y, por si tuviera alguna duda de esta posibilidad, ha bastado que el señor Camacho ( siempre he sostenido que, al frente del ministerio de Trabajo, hacía falta una persona bragada en la materia y no un alcalde autodidacta) declarara, con una contundencia propia de alguien más preparado, más estudioso de la materia y con menos fracasos a cuestas; que ¡ de ninguna manera se llegaría a los cuatro millones de parados!, para que ya haya dejado mis dudas aparte y haya llegado al convencimiento de que es más que posible que alcancemos tal catastrófica meta. Tampoco podemos decir que las medidas de las que se está valiendo el Gobierno para hacer ver que intenta hacer algo para paliar la crisis, a la vista de los primeros resultados de los 30.000 millones que les ha facilitado a los bancos para que dieran créditos, no parece que hayan sido muy efectivas, porque ni hay créditos, ni las pymes se han beneficiado de ayudas y el chorreón de percances de empresas que se hunden en la sima de las desahuciadas, cada vez es mayor y más constante.

Pero señores, si es que queremos fijarnos en uno de los pilares más esenciales de cualquier Estado, la Administración de la Justicia, el panorama que se nos presenta ante nuestros horrorizados ojos no puede ser más deprimente. Si empezamos por decir que en estos momentos existen en España cerca de dos millones setecientos mil expedientes judiciales pendientes de resolución, si contemplamos las pilas inmensas de documentos que ocupan las habitaciones de cada juzgado y si nos entretenemos en informarnos de los medios humanos y materiales que están a disposición de la Justicia para enfrentarse a tal caos; no nos quedará más remedio que pensar que los que nos gobiernan son unos incompetentes, si es que no se les puede achacar algo mucho peor. Que no nos salgan con que este problema es endémico, que no nos digan que ya lo recibieron en herencia de gobiernos anteriores y que no se vayan echando mutuamente las culpas con los jueces y magistrados, porque esta no es ni ha sido nunca la forma de enfrentarse a un problema de tal magnitud. El primero al que habría que cesar sería al ministro de Justicia, un sujeto a todas luces incapaz para ostentar tal cargo, lleno de tics comunistoides y de ramalazos de incontinencia verbal más propios de un mitinero de extrarradios que de un señor encargado de velar por el recto funcionamiento de la Justicia. En segundo lugar,la primera preocupación del Gobierno es poner remedio a los errores del anterior y, por ello, debieron poner en marcha toda una serie de medidas encargadas de garantizar a los ciudadanos una correcta aplicación de las leyes, unos organismos solventes, independientes, eficaces y rápidos que permitieran resolver en un periodo prudencial los litigios entre ciudadanos. G. Azcárate decía: “Un pueblo puede vivir con leyes injustas, pero es imposible que viva con tribunales que no administren bien y pronto la justicia”.

No hay medios ni personal ni informática ni jueces ni nada de nada. Y por si no bastara tanta desidia, los tribunales que mejor debieran funcionar, aquellos que tienen a su cargo emitir los fallos de los que depende el rumbo de una nación; que debieran ser garantes de la aplicación estricta de la Constitución, como es el caso del Tribunal Constitucional, están al borde de la prevaricación, porque están dejando pasar el tiempo como una medida política de retrasar la crucial resolución de si el Estatut catalán es o no constitucional, en todo o en parte, mientras que, en Catalunya, ya se está aplicando con todas las consecuencias económicas, políticas y sociales que de tal mamotreto se derivan para los ciudadanos, entre otras, la desigualdad manifiesta entre esta comunidad y las restantes en cuanto a gabelas y privilegios. El TC será responsable, sin duda alguna, de que en España se trate de distinta manera a los ciudadanos de una autonomía que a los de las restantes y, a esto se le llama retrasar voluntariamente una decisión que puede afectar a los derechos individuales de muchos españoles, a los que es evidente que la Constitución ampara, como es el caso de la enseñanza del castellano en comunidades como Catalunya, Galicia, País Vasco y Baleares, donde la discriminación respecto a sus lenguas locales resulta insultante y vergonzosa.

Y, lo peor del caso, es el contubernio que en estas materias mantienen tanto el partido en el Gobierno como la oposición del señor Rajoy; porque, si unos permiten a los regionalistas actuar libremente infringiendo la Constitución, los otros permanecen silenciosos temerosos de que una defensa abierta del castellano les pueda restar algún voto en las próximas elecciones. Lo dicho, una pena, una vergüenza y una canallada antipatriótica, de estas que merecerían que, a algunos, si es que existiera justicia en España, se les pidiera cuentas por sus actos. Pero, como no la hay, por ahí van tan panchos los unos, como la señora Álvarez, despilfarrando el dinero de los españoles con sus continuas meteduras de pata, los otros viviendo en áticos construidos ilegalmente, los otros gastándose el dinero público en favorecer a los palestinos; en fin, que en este país es como la casa de tócame Roque que cada cual va a su aire y todos en busca de su beneficio personal. ¿Alguien recuerda aquellos héroes, aquellos españoles insignes que se sacrificaron por los demás?, que, ¿qué no se acuerdan? No me extraña, porque hoy de eso de la historia, me refiero a la verdadera historia, aquella a la que se le daba el apelativo de “magistra vitae”, parece que nadie se acuerda o resulta tabú para todos aquellos que prefieren la que se inventan según su particular gusto.

Noticias relacionadas

Catalunya, el árbol que no deja ver el bosque

El PP, con la Constitución tapa su corrupción

El valor y la valía

Se requieren gentes de valor que perseveren, dispuestos a plantarle corazón a esta escalada de contrariedades que nos dejan sin aliento

De la Constitución de 1812 a la de 1978

Hay que releer las constituciones derogadas antes de reformar la vigente

Turull y Rull

La viñeta de Carla

¡Aprovecha el instante! ¡Aprovecha el día!

Cada ser humano y cada alma es un microcosmos en el macrocosmos universal
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris