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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Impuestos y fraude

Josep Esteve Rico
Redacción
martes, 20 de enero de 2009, 08:01 h (CET)
La desaparición del impuesto sobre el patrimonio, alegando que así se beneficiarían las clases medias, lejos de resultar eficaz, ha supuesto para España una merma importante en recaudación.Reimplantarlo sería beneficioso y rentable para el Estado pues ingresarían en las deficitarias arcas bastantes millones de euros, que falta hacen. En 2005 el Estado recaudó por este impuesto unos 1.442 millones. Y esta cifra fue en aumento. Su desaparición hizo frotarse las manos de contento a los millonarios y ricos españoles que dejaron de pagar por sus bienes beneficiándoles como poseedores de las rentas e ingresos más cuantiosos y de las propiedades sujetas a gravamen. A pesar del desorbitado fraude fiscal habitual en este sector de la población, sólo declararon poseer una vivienda de más de 10 millones de euros 727 propietarios de un total registrado de 3.290. Vaya jeta y menudo fraude con dinero negro y blanqueo de capital, sobre todo en el mundillo del ladrillo. A las clases medias y bajas con propiedades inferiores a 300.000 euros apenas mínimamente benefició la derogación de tal impuesto, pues solo pagaban unos irrisorios 80 euros de gravamen. Las autonomías habrían potenciado el mantenimiento de los actuales insuficientes servicios sociales si este impuesto no se hubiera anulado creando bastante empleo público en tales servicios, disminuyendo así el paro o evitando que éste aumentara. Pero nada de lo dicho antes se ha llevado a cabo.Y se nota, salta a la vista.

Grave es el despilfarro de ricos y de la clase política en general. Gentes que se pirran por salir en la foto y que en sus adentros parecen 'rezar' aquello de 'Señor, no me des, pero ponme donde haya, que yo ya cogeré lo que pueda...' como ironiza mi amigo José Luís aludiendo a la hipocresía y a la ambición de muchos politicos. En una crisis tan severa como ésta sobran las ostentaciones y los excesos y se requiere austeridad. Austeridad que los propios millonarios y políticos deben aplicar dand ejemplo. Mucha crisis habrá pero en varios lugares de la piel de toro el gasto en comilonas y coches oficiales se ha disparado. Y es que algunos ni se privan ni se cortan un pelo. Aunque lo más grave es el fraude fiscal. Lo inteligente, aparte de detectarlo, perseguirlo y reducirlo; sería convertirlo en una fuente de ingresos, hacerlo rentable. Un 20 % de la actividad económica es pura y duramente, fraude fiscal (mayormente en Seguridad Social y Banca), el más elevado de Europa. Vergonzoso. Si ese caudal no declarado revirtiera en el Estado, éste ingresaría más de 88 mil millones de euros anuales que a su vez se podrían destinar a financiar servicios públicos y a crear empleo para mantener el bienestar de la población. Y el fraude fiscal sigue siendo el más fuerte de la UE debido al poco empeño estatal en erradicarlo por culpa de la presión e influencia que sobre la política ejercen los grupos o 'lobbys' de poder económicos, especialmente bancos e inmobiliarias y profesionales liberales.

Recuerdo cuando el ex-presidente Aznar comentó en 2003 aquella parida suya tan sonada a la vez que irónica y sorprendente de que 'en España los ricos no pagan impuestos'. Pues casi sí. En concreto, cuando veo que un simple autónomo quiosquero paga fiscalmente en proporción más que un millonario empresario, me da la impresión de que los ricos no pagan impuestos en España. Totalmente injusto. El pequeño soporta mayor presión tributaria que el grande, al igual que la hormiga proporcionalmente aguanta más peso que el elefante. Esta situación ha de cambiar: quien más gana, qué pague más impuestos, y especialmente en crisis.

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