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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Comodidad y desesperación en los aeropuertos

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 17 de enero de 2009, 22:28 h (CET)
¿Sabían que el Aeropuerto de Singapur es el más cómodo del mundo y mejor valorado por los pasajeros? ¿Y el más criticado el “Charles de Gaulle” de París? ¿Y que la mayoría de los aeropuertos españoles suspenden en comodidad? Intentamos averiguar por qué en las zonas de espera, antes de entrar en la zona de embarque, no existen asientos suficientes que no sean de cafeterías o restaurantes, pues no serán gratuitos ni suficientes; así, encontramos una lista interactiva de los aeropuertos del mundo para votar por los más idóneos para una larga espera, sea cual sea el motivo de ésta. Además, encontramos un estudio de una revista de consumo sobre la calidad de los aeropuertos españoles.

Estando aún recientes las largas horas de espera e incertidumbre que los pasajeros sufrieron en el Aeropuerto de Barajas por culpa de la nieve la pasada semana y de la “casi huelga” de pilotos, surge la pregunta: ¿Por qué no existen zonas bien acondicionadas en estos lugares de tránsito que suavicen los efectos de las incomodidades de un aeropuerto, haya o no haya motivos para permanecer en él durante largas horas?

Ignoro si aún existe en mi ciudad una pequeña sala, concretamente en la Estación de Renfe de Almagro, pequeña pero que en el momento en que la descubrí se me hizo muy grande por la relación con mi estatura de niña de pocos años. Al ser más reducida que la zona de paso, podía albergar de forma medianamente acogedora y calentita a los viajeros y acompañantes que esperaban la llegada de un tren. Este viejo detalle me hace reflexionar sobre lo que debe o no debe tener un lugar donde las esperas se suceden de forma voluntaria e involuntaria como puede ser una estación de tren o un aeropuerto y cómo los viajeros y sus acompañantes se merecen estar durante el tiempo que dure el retraso o la justa espera en unas condiciones humanas y justas.

La verdad es que no tienen muy buena imagen las estaciones aeroportuarias. Por poco que hayamos visitado los aeropuertos habremos sufrido el problema, que mires por donde mires, no encuentras un hueco para sentarte, y así ya nos habremos recorrido cientos de metros por escaleras mecánicas, por cintas transportadoras, etc.

Pensamos que, al ser un lugar de tránsito, los de seguridad no desean que sea excesivamente cómodo para evitar que se congreguen en él mendigos, vagabundos, pícaros, indigentes, ladrones y gentes de mal vivir, que hasta él lleguen buscando un techo que les proteja y beneficie. Pero lo que no se debe consentir es que los viajeros saquen sus babuchas de la maleta de mano, y se echen, de mala manera, una siestecita en las sillas de los puestos de facturación o en la misma cinta transportadora, inmóvil y ajena ella a la inapropiada carga humana de encima por ser lo único horizontal y cercano para recostarse. O que por no tener ni a un kilómetro un asiento, se tengan que sentar sobre sus propias maletas pues hasta los poyetes los hacen estrechos, resbaladizos y curvos a conciencia para evitar que los sufridos pasajeros se sienten, o más bien se arrodillen y arrastren, en una impaciente búsqueda de encontrar un normal posadero.

Si el agotamiento llega a los viajeros, ha de haber una sala de mayor o menor tamaño para albergar a los que no puedan o no quieran alojarse en hoteles cercanos, esté éste abonado o no por la compañía aérea responsable del vuelo.
Entre los 12 aeropuertos españoles más importantes que aparecían en el estudio de la revista de consumo todos suspenden en comodidad y ocio por no tener zonas donde sentarse y carecer de ningún sistema gratuito para amenizar las esperas. Tan sólo el de Málaga ofrecía una exposición de pintura y una zona de juego infantil.

Internacionalmente hablando, sorprenden el aeropuerto de Singapur donde puedes darte una ducha o quedarte embelesado mirando los peces de su estanque; el de Hong Kong, donde hay salones casi privados para la siesta; o el de Dallas, con exposiciones escultóricas y salas multimedia; o el de Zurcí, con la barra de bebidas más larga del mundo y el de Munich con camitas infantiles, pues ya se sabe que un niño cansado multiplica su impaciencia y la de sus padres.

Pienso que la razón de la incomodidad de un aeropuerto es para avisarnos que el asiento del avión va a ser estrecho e incómodo, para irnos acostumbrando.

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