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Etiquetas:   Mujeres del Siglo XXI  

Probablemente: “Donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón”. Mt. 6, 21

Remedios Falaguera
Remedios Falaguera
sábado, 17 de enero de 2009, 07:51 h (CET)
En esta absurda batalla de los autobuses ateos hay un detalle de forma que, como católica, me enorgullece.

Mientras unos intentan “vender” la duda de la existencia de Dios como principal requisito para disfrutar de la vida, otros refuerzan sus creencias con una actitud de afirmación serena y creíble, resaltando los beneficios de la existencia de Dios como distintivo de la buena vida.

Es más , en esta época en al que se margina todo lo religioso y se busca una “espiritualidad” más cómoda, más superflua y más trivial, me produce una gran tristeza ver como los corazones de muchos que se autoproclaman ateos dudan -de ahí la utilización del adverbio PROBLABLEMENTE en su slogan-, de algo que es inalcanzable por nuestros propios medios, que se llama FE.

Pienso que su corazón, -siento ser tan cruda-, esta distraído y confundido; que sus sentidos se entretienen con frivolidades, muchas de ellas atractivas y legitimas, -por supuesto-, y que no les dejan tiempo para distinguir su verdadero tesoro. Y que su razón esta eclipsada por discursos, muchos de ellos vacíos de contenido, con los que justifican su conciencia y su incapacidad de amar.

Y mientras los creyentes disfrutan de un regalo de Dios, por supuesto inmerecido, de un premio del que tiene que responder, no solo con el entendimiento y la voluntad, sino, más bien, con su forma de vivir, con su comprensión, con su oración, y con su mortificación “a quien nos pida razón de la esperanza que poseemos. Pero háganlo con dulzura y respeto y con tranquilidad de conciencia” (1 Ped 3,15-16)

Dios no quiere obligarnos a creer en El. Solo quiere regalarnos la oportunidad de “oír lo IMPERCEPTIBLE y ver lo INVISIBLE; de creer lo INCREIBLE y recibir lo IMPOSIBLE”.

“Sí; Dios tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor. Como un padre bueno y misericordioso desea para nosotros todo el bien posible, y este bien es Él mismo” como decía Benedicto XVI hace tan solo unos meses. ¿Qué más se puede pedir?

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