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Etiquetas:   Pederastia   Sociedad   -   Sección:   Opinión

Pederastia deportiva

Los pederastas en vez de fijarse en lo que es malo, deberían fijarse en Cristo que sabe lo que es correcto
Octavi Pereña
martes, 9 de febrero de 2016, 07:41 h (CET)
Los abusos sexuales contra niños es uno e los crímenes más asquerosos que se cometen contra personas que no pueden defenderse y son la evidencia de la brutalidad extrema en que puede caer el hombre pecador apartado de la gracia de Dios. Está documentado el turismo sexual que tiene como objetivo principalmente a los niños de países asiáticos. Últimamente ha salido a la luz pública los abusos sexuales contra niños en seminarios y en centros asistenciales religiosos y del Gobierno. Ahora sale a la superficie que la pederastia también existe en los vestuarios deportivos. Allí en donde se encuentra el hombre es inevitable que más pronto o más tarde aflore la corrupción que alberga el alma. Ni la religión ni la educación lo pueden librar de tal desatino.

“Difícil es saber en qué porcentaje se está produciendo, pero se dan evidencias de que en el deporte se dan casos de asedio y abusos sexuales con menores”, asegura la socióloga Montse Martín del Grupo de Investigación del Deporte y de la Actividad Física de la Universidad de Vic. La investigadora admite que el deporte es un sector especialmente difícil de explorar porque “de entrada las federaciones plantean resistencia cuando se les propone hacer una encuesta entre los deportistas sobre este asunto”.

“La estructura jerarquizada del deporte, en que el entrenador es una persona con mucha autoridad sobre el deportista, impera la ley del silencio sobre los abusos sexuales, es un obstáculo para acabar con dicha práctica”. “Muy a menudo”, dice Montse Martín, “los clubes deportivos han resuelto las denuncias invitando a los entrenadores sospechosos a marcharse, dejando el asunto como un tema privado, sin comunicarlo a nadie, lo único que se consigue es”, dice la investigadora, “trasladar el problema de un club a otro”.

La periodista Maria Jesús Ibáñez, refiriéndose al silencio que envuelve a los clubes deportivos sobre el tema de los abusos sexuales, le pregunta a Gloria Viseras, ex gimnasta olímpica: ¿Por qué es tan importante visualizar lo que sucede? He aquí la respuesta que da la gimnasta: “Llevamos años ocultando que hay abusos contra niños, silenciándolos. Yo misma tardé 30 años en poder hablar sobre ello. Este es el delito más impune que existe, es un delito contra personas que no entienden qué ocurre y que tienden a sentir vergüenza y culpa. Nosotras, que éramos gimnastas, deportistas de elite, lo cargábamos todo a nuestras espaldas, teníamos un alto concepto del sacrificio y algo de heroínas”.

James Rhodes, repetidamente abusado durante cinco años, explica: “Sí, entre los seis y diez años, el profesor de educación física. Aquellas violaciones continuas me produjeron daños físicos, me tuvieron que operar diversas veces de la parte baja de la espalda y mis músculos ya no me respondían y me cagaba encima. El cuerpo no olvida nunca”. Refiriéndose a las consecuencias psicológicas, Rhodes dice: “Falta de confianza en ti mismo, auto odio, fracaso en las relaciones, deseos de hacerte daño, tics, depresión, paranoia y vergüenza, porque piensas que fuiste cómplice de los abusos, te sientes culpable y también de los efectos de tus problemas mentales en los que amas”.

El infierno por el que atraviesa un niño repetidamente violado durante años es imposible que lo entendamos quienes hemos tenido una infancia normal. Por ello se nos hace tan difícil entender las reacciones de los dañados por la lascivia de los adultos.

La periodista Ima Sanchísle pregunta a James Rhodes: ¿Por qué mantuvo relaciones destructivas con hombres mayores? La respuesta que da es estremecedora: “A los 10 años ingresé en un internado y salí a los 18 con la sensación de tener 68. Era un niño, y me duele decirlo, pero lo que buscaba era afecto e intimidad y creía que lo único que podía ofrecer a los otros era sexo, que para mí era lo más sencillo y frío como tomarte un café y lo hacía drogado”.

Rhodesbuscaba afecto e intimidad de manera equivocada porque no sabía buscarlo de otra manera. Los centros religiosos y deportivos que acogen niños para educarlos son caldo de cultivo para asedios y violaciones. Algunos educadores en vez de tratar mejor que los padres a los niños puestos bajo su tutela se aprovechan de las criaturas para dar salida a sus pasiones vergonzosas. Tal vez podrá frenar la práctica de esta perversión sexual si se pone en funcionamiento el registro de delitos sexuales, impidiendo que cualquier persona que haya cometido un delito de tipo sexual pueda tener contacto directo con menores en los centros de enseñanza, sean públicos o privados.

Hecha la ley hecha la trampa. Los depredadores sexuales de menores siempre tendrán la posibilidad de relacionarse con menores en otros espacios. Las redes sociales son uno. Los investigadores de delitos sexuales de la policía atrapan algunos de estos desalmados. Siempre hay algunos de dichos perversos que siguen rapiñando impunemente. Un aviso destinado a todas las personas, especialmente aquellas que tienen trato directo con niños y adolescentes: “Porque vergonzoso hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas, porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:1214). La luz de Cristo tiene el poder de hacer ver la miseria que representa ser pederasta. En el momento en que un rayo de la luz de Dios impacta en el corazón tenebroso de un pederasta, a éste no le queda otra opción que abandonar su práctica sexual pecaminosa porque ya no puede seguir viviendo en la perversidad.
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