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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Multas de circulación, ¿un abuso recaudatorio?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 15 de enero de 2009, 06:09 h (CET)
Ustedes que, sin duda, son ciudadanos ejemplares, por lo que es muy probable que pudieran pensar que los ayuntamientos de las grandes ciudades españolas están regidos por personas especialmente preocupadas por los problemas de la circulación, deseosas de procurar a los conductores el máximo de seguridad en sus desplazamientos habituales y caritativamente inquietadas por el medio ambiente y la polución en cuanto a su repercusión en los pulmones de la ciudadanía de. Pues bien, siento tenerles que despertar de tan dulce, hermoso y edificante sueño, para darles unas noticias que ponen en cuestión esta bonhomía de nuestros ediles y revelan algunas maldades que se encubren bajo el manto de la piel de cordero con la que se nos presentan a los ciudadanos, no obstante tener un trasfondo bastante parecido a las artimañas ideadas por el pérfido Lobo Feroz de nuestros cuentos infantiles.

Uno, en su buena fe, pudiera pensar que todo el despilfarro de los ayuntamientos de Barcelona y Madrid (vean lo curioso, tan distanciados en lo político y tan unidos en elegir los métodos más lucrativos para poder atender a sus desfasadas plantillas de funcionarios) en ir mejorando sus redes de radar; en perseguir a aquellos conductores que intentan localizarlas ( en legítima defensa), para no ser multados, por medio de artilugios detectores; en fotografiar,a hurtadillas, desde vehículos disimulados, a los pobres ciudadanos que hartos de dar vueltas a la manzana para encontrar una farmacia, dejan su coche en doble fila; a aquellos que se pasan un semáforo en ámbar pero la fotografía, hábilmente trucada, los saca cuando la luz ya está roja o cuando, la velocidad está fijada en un tope y a usted se le escapa el acelerador excediendo en un kilómetro o dos la prohibición; pudiera pensar, repito, que todo este gasto de utilería, técnica, láser, personal, propaganda y energía, estaba encaminado a salvar vidas, mejorar la salud de los ciudadanos o conseguir que la convivencia entre los conductores se hiciera más amable y dejaran de aparecer, por las ventanillas de los vehículos, las desagradables muestras de irritación como los castizos cortes de mangas o los inefables cuernos, con los que los conductores pretenden descargar la adrenalina que van acumulando, hartos de colas, de atascos, de desprendimientos de rocas, de nieve en las calzadas, de vías cortadas y de desvíos obligatorios en los que te pierdes, indefectiblemente, cuando más necesidad tienes de llegar puntualmente a un lugar.

Pues no, señores, todo nuestro gozo en un pozo, porque acabo de averiguar que, todas estas medidas farragosas para controlarnos a los conductores, no tienen otro fin que engrosar las arcas de los municipios. Por lo visto en los presupuestos de ingresos de las corporaciones municipales ya se han previsto que las multas que se van a cobrar el año 2009 van a doblar las del pasado 2008. ¿Futurismo?, ¿bola de cristal?, ¿intuición? Vayan ustedes a saber, pero esta visto que la inversión en medidas de control viario tienen por fin principal el conseguir que los conductores, además de pagar nuestros impuestos, la gasolina, el Impuesto de Circulación y el aparcamiento (porque no hay quien encuentre un sitio libre para estacionar en toda Barcelona o Madrid), parece ser que resulta insuficiente y nuestros ediles necesitan más y, en lugar de mejorar la seguridad de los ciudadanos ( tan atropellada por las bandas incontroladas de facinerosos) prefieren aligerarnos el bolsillo a golpe de boletos de sanción, para así rentabilizar el gasto extra que les ha supuesto la implantación de esta vigilancia radical, tipo Gran Hermano, que ha convertido la conducción de un vehículo en una especie de carrera de obstáculos, ojo avizor, para evitar que te pillen en un renuncio y recibir, a los pocos días, la consiguiente fotografía con el importe de la multa que deberás satisfacer para mayor gloria y esplendor del encargado de la Consejería de Tráfico del correspondiente municipio.

Por si no les bastara, a los encargados de cabrear a la ciudadanía, cuando están aburridos y no tienen otra cosa que hacer, se dedican a tramar maldades contra los conductores. Por ejemplo, ahora les ha dado por disminuir las velocidades permitidas, como ocurre en las entradas a Barcelona. Dicen que para mejorar la salubridad de las vías pero, al parecer, todavía no ha conseguido datos científicos de que ello haya tenido efecto Pero lo que si consiguen es que, al ir despacio, los motores se calienten, se consuma más combustible y los conductores padezcan de ataques de nervios, viendo que se les hace tarde para acudir al trabajo. ¡Pero, eso sí, todo para proteger al ciudadano! Que, al parecer, nunca es bastante mayor para protegerse a sí mismo y necesita de la inestimable colaboración de la Administración; ésta que, no obstante, no se preocupa de que los decibelios de determinadas calles doblen los permitidos y los sufridos vecinos tengan que dormir con las orejas taponadas; o que le roben la cartera por la calle por falta de vigilancia o que se droguen los jóvenes en determinados lugares con aparente impunidad etc. Tanto celo en sancionar a las personas decentes y tanta apatía cuando se trata de desalojar a un okupa o encarcelar a un atracador.

En todo caso, de lo que se han olvidado por completo ha sido de establecer un escalado racional y lógico en el importe de las sanciones de circulación. A la más mínima que te descuides te cae un pelotazo de 90 euros, incluso en el caso de que la infracción no suponga la pérdida de puntos. Recuerdo que ya existen diversas sentencias, incluso en casos en los que se trataba de conductores que dieron positivo en la prueba de alcoholemia, en las que los tribunales los exoneraron al comprobar que conducían sin peligro alguno para terceros. La cuantía es excesiva y este tipo de sanciones, de tanta entidad, debieran sólo estar reservadas a casos de flagrante peligro para las personas o de manifiesta temeridad. Lo contrario no es más que una muestra más del afán recaudatorio de los municipios, de su prepotencia y de lo poco que les importan las personas cuando se trata de obtener recaudaciones extras. Sería hora de que los partidos políticos, en vez de estar tan preocupados mirándose el ombligo, empezaran a hacerse eco de los derechos de los ciudadanos, llevando al Parlamento cuestiones como ésta que hoy estoy comentando, que demuestran la indefensión a la que estamos sometidos los ciudadanos de a pie, cuando debemos enfrentarnos a los abusos y arbitrariedades de las autoridades.

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