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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Palestina

Mario López
Mario López
jueves, 15 de enero de 2009, 06:09 h (CET)
Es difícil hacerse una idea cabal de los asuntos cuando metemos todo en el mismo saco. Lo que está ocurriendo en Palestina es un caso palmario de lo que acabo de afirmar. Se quiere poner énfasis en la falta de equidistancia, en la asimetría o, sencillamente, en la formidable desproporción de la brutal reacción israelita a los melifluos aspavientos de la cohetería de Hamás. Se quiere poner énfasis en no confundir al pueblo judío con sus brutales dirigentes. Se quiere poner énfasis en el derecho de Israel a protegerse y en la criminal voluntad de Hamás de expulsar al pueblo judío de Palestina.

En definitiva: se quiere meter en el mismo saco un conflicto territorial, para el que han demostrado tanto el gobierno de Israel como Hamás su nula capacidad negociadora, y el flagrante crimen contra la humanidad que está llevando a cabo Israel –el gobierno de Israel con el apoyo de más de la mitad de su población- contra el pueblo Palestino. Y son dos cuestiones absolutamente diferentes. Una cosa es el conflicto territorial, que Israel ha querido solucionar unilateralmente sometiendo al pueblo palestino a un estado de sitio permanente y Hamás lanzando de vez en cuando algún cohete o mandando a algún ciudadano-bomba a inmolarse en las calles de Israel. Hasta ahí llega la cuestión territorial, con su derivada terrorista, que ha de solucionarse en la mesa de negociaciones y con la intervención, no sólo del presidente de EEUU como se ha venido haciendo hasta ahora, sino y, fundamentalmente, bajo el mandato concluyente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Para abordar convenientemente este asunto y evitar que las partes tomen decisiones unilaterales contrarias al derecho internacional, las Naciones Unidas han de poner todos los medios que tienen a su disposición, empezando por desplazar a la franja de Gaza el contingente militar que se considere necesario. Pero, totalmente fuera de este marco que acabo de describir, estamos asistiendo al genocidio del pueblo palestino a manos del gobierno de Israel y de los israelitas que le secundan. Y esto no tiene absolutamente nada que ver con el conflicto territorial; sencillamente, porque ningún conflicto puede constituirse en argumento suficiente para legitimar la consumación de un holocausto (gran matanza de seres humanos). Así que quede claro, Palestina está ahora mismo inmersa en dos dramas absolutamente diferentes: un conflicto territorial sin resolver y un holocausto. Lo primero que hay que resolver, como ha de saber todo aquel que haya distraído algo de su tiempo libre en su propia instucción, es el mal mayor que en este caso es el holocausto. Y ha de hacerse obligando al gobierno de Israel, por el medio que se quiera pero de inmediato, a detener la masacre. A continuación, se ha de juzgar a los responsables de la masacre y condenarles de manera ejemplar para que a nadie se le vuelva a pasar por la imaginación repetir un nuevo holocausto. Simultáneamente, se paliará en la medida de lo posible los daños causados a la población palestina de Gaza. Una vez resuelto el mal mayor, se abordará la resolución del problema territorial, llamando a las partes que deberán estar representadas por individuos y organizaciones que hayan acreditado fehacientemente su capacidad de negociación y su firme voluntad de llegar a un acuerdo pacífico, justo y beneficioso para las partes.

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