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Etiquetas:   El crisol  

Se quedó sin sardina

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 14 de enero de 2009, 07:15 h (CET)
Cuanta ingratitud hay en este mundo. Recientemente Aznar, y con motivo de la despedida, en buena hora, de su amigo Bush, ha calificado a este como un “gran estadista”. Este calificativo nos da la medida exacta de la visión que tiene Aznar para darnos su parecer en cuestiones como estas. Si se puede calificar como “gran estadista” a un sujeto que al final de su desastroso mandato ha reconocido que se equivocó en lo de Iraq con respecto a lo de las armas de destrucción masiva y quedarse tan pancho después de todo lo que está sucediendo en ese país y que su más reciente demostración de ser un “gran estadista” ha sido la de indultar a un preso condenado a muerte para al día siguiente decirle que se le retiraba el indulto, es que el que tal cosa afirma es, muy probablemente, tan sádico y tan tarado mental como el que comete actos, caso de Bush, que solo tienden a hacer sufrir a las personas.

Pero centrándonos en la ingratitud, estos días hemos podido leer que Bush quiere premiar la colaboración de varios políticos, entre los que se encuentra Tony Blair, concediéndoles la Medalla Presidencial de la Libertad. Llama la atención el hecho de que José María Aznar no figure entre los premiados por Bush, lo cual puede dar a entender que Bush nunca ha sido tan amigo de Aznar y que puede que le haya utilizado como un tonto útil. No se por qué cuando acabo de escribir esto último me ha venido a la mente el perrito de los Bush, “Barney”, que como es sabido lo utilizan para felicitar la Navidad a todos los ciudadanos norteamericanos.

Hasta tal punto llega la fidelidad de Aznar a Bush, que ha dicho, como es sabido, que considera la victoria de Obama un “exotismo” histórico y se ha permitido vaticinar “un previsible desastre económico”, cosa fácil de prever después de la “herencia” que le ha dejado Bush a su sucesor en el cargo. O sea que para Aznar el que Obama sea el nuevo presidente USA es una rareza o una extravagancia. Más raro y extravagante fue su acceso a la presidencia de la Comunidad de Castilla-León y nadie se lo ha echado en cara.

En cualquier caso no hay medalla para Aznar. Ni ha conseguido la Medalla de Oro del Congreso de los EEUU, después de habernos costado la intentona unos buenos millones a los españoles, ni su amigo Bush le ha dado la suya. En el grupo de focas que Bush ha manejado en el circo político solo una de ellas se ha quedado sin su sardina como premio al trabajo realizado: Aznar.

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