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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Sobre la que está cayendo y caerá

Mario López
Mario López
martes, 13 de enero de 2009, 05:17 h (CET)
Por los sesenta rompimos moldes y ahora reventamos mitos. Por fin se empieza a oír la voz del escéptico en materia religiosa. Ya iba siendo hora. Después de milenios padeciendo supercherías y todo tipo de acosos fanáticos, al menos hoy se nos deja plantear en la carrocería de un autobús una duda razonable y un amable deseo: “Puede ser que dios no exista. Disfruta de la vida”. O algo así.

No ha sido fácil y aún ha desatado la iracundia de los cristianos fanáticos, pero no está mal. Por otro lado, el proverbio castellano que dice “año de nieves, año de bienes” también se va a ir a hacer puñetas. Las guerras y la crisis económica se harán cargo de ello. En mi vida he visto nevar sobre Madrid en las proporciones actuales. Si en lugar de haber desarrollado una cierta inteligencia el humano estuviera en el erial intelectual de hace media docena de siglos, seguramente por estos días asistiríamos a la apoteosis de la especie promulgadora del berrinche níveo como manifestación divina que nos vendría a anunciar el acabose si no abandonamos nuestras prácticas impías, lúbricas y divertidas. Pero, afortunadamente, hoy en día los místicos se enfrentan a una humanidad bastante más adulta que aquella sufridora grey que poblaba nuestro solar patrio en los años en los que ellos -implacables inquisidores- hicieron su agosto. Nunca ha nevado tanto y pocas veces se nos presenta un futuro inmediato menos halagüeño. Ya somos masa los parados y, en breve, seremos más. Yo creo que podríamos ponernos de acuerdo y tomar alguna iniciativa para mejorar nuestra condición. Tres millones de personas son muchas personas. Bien organizadas pueden dar mucho de sí. Estoy por solicitar al banco uno de esos créditos, a cargo de las ayudas que acaban de recibir del Gobierno, para crear una plataforma de trabajo que permita diseñar la estrategia idónea para que los parados nos hagamos con el poder económico y político del país. Dios y el dólar tienen al mundo envuelto en sangre y fuego. Todo para que unos pocos puedan cenar en el Bulli. No me parece razonable.

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