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Tags: Opinión · Contar por no callar · Rafa Esteve-Casanova
Estados Unidos, un visado encubierto


Rafa Esteve-Casanova


Rafa Esteve-Casanova Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 12 de enero de 2009, 10:49
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Desde aquel fatídico 11 de setiembre en el que una pandilla de desalmados, fanáticos y asesinos hizo saltar por los aires las Torres Gemelas en Nueva York se desató una fiebre de control de las personas con la excusa de la seguridad, un exceso que nos ha llevado a situaciones paradójicas en los aeropuertos cuando a la hora de acceder a las puertas de embarque los malditos “chivatos” comienza a emitir intermitentes y escandalosos pitidos que hacen enrojecer de vergüenza al causante de tamaño desaguisado y que en más de una ocasión ha acabado con alguien en paños menores ante las constantes alarmas de la dichosa máquina que se dispara por unas simples monedas en los bolsillos, por la hebilla del cinturón o la cadena del reloj.

Todos los excesos son malos y este sobrepasado exceso de celo en la seguridad aérea es todavía peor. Cada vez que tengo que tomar un avión a la hora de preparar el neceser con lo necesario para el diario aseo personal he de andar buscando tarros de una determinada medida para introducirlos en la bolsa transparente con la que las autoridades me dejarán andar por los aires de uno a otro lado. Ahora bien, una vez pasados los controles pertinentes no hay quien me impida, dentro del aeropuerto y mientras espero el embarque, comprar en las numerosas tiendas del mismo el frasco de colonia que momentos antes no me dejaron transportar en la maleta. Nunca entendí estas prohibiciones, siempre me han parecido un exceso de celo típicamente americano.

Ahora los yanquis se han sacado de la manga una nueva disposición para tener a los que viajen a su país todavía más controlados, y, según ellos, para impedir que se cuelen por la puerta principal indeseables. Desde hace algún tiempo los españoles y los ciudadanos de otros treinta y tantos países no necesitan visado de ninguna clase para viajar a los EE.UU., al fin y al cabo somos pueblos amigos, hermanos y hasta socios en ese entramado guerrero y belicoso llamado OTAN. Pero los amigos de yankilandia no deben fiarse de nosotros tanto como aseguran y desde el próximo lunes cuando cualquier españolito desee viajar hasta Nueva York, Denver, Dallas o cualquier otro punto del “imperio” deberá cumplimentar con anterioridad un formulario on line contestando a toda una batería de preguntas con cuyas respuestas el funcionario estadounidense de turno determinará si se es digno de pisar tierra norteamericana.

USA, el país más poderosos de la tierra, sabe que es tierra de promisión para muchos desheredados del mundo y que son miles los que ansían poder pasear por las calles de sus ciudades mientras ven, aunque sean pocos, algunos billetes de dólar en sus bolsillos. Su frontera con México es un coladero por el que diariamente centenares de “espaldas mojadas” buscan un norte mejor para sus vidas, en Miami la colonia cubana va en aumento y no volverán a Cuba aunque cambie el régimen castrista y en Nueva York ya hay barrios en los que se habla más español que inglés. Así que han tomado la determinación de hacer que cada día sea más difícil el ir a esta, para algunos, tierra de promisión.

Y los han hecho mediante la implantación de un visado encubierto, incluso para aquellos países en los que legalmente sus ciudadanos no precisan de este requisito para viajar a USA. Ahora, antes de viajar, hay que solicitar, vía Internet, una autorización del Departmen of Homland Security que, entre otras preguntas, demanda al futuro viajero si padece alguna enfermedad contagiosa, algún desorden físico o mental o si es consumidor o adicto a algún tipo de droga y también si ha tenido algo que ver con las persecuciones nazis entre los años 1933 y 1945. No creo que haya nadie tan idiota como para contestar afirmativamente a estas preguntas, lo mismo que pasaba hace algunos años cuando para otorgar el visada preguntaban al solicitantes si había militado en algún partido comunistas o entre sus intenciones estaba la de matar al presidente de los EE.UU. Son, simplemente, ganas de marear la perdiz, de dar trabajo a funcionarios ociosos y de intentar demostrar que ellos, los yanquis, siguen siendo los amos del mundo. Así que, nosotros, la otra parte contratante del contrato deberíamos exigir a nuestras autoridades que ante la implantación de este visado encubierto para entrar en los USA se les exija a sus ciudadanos alguna cosa parecida. O todos moros o todos cristianos.

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