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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Cuántas veces más ZP nos pedirá que esperemos?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 12 de enero de 2009, 09:49 h (CET)
¿Esperar?, ¿todavía más señor ZP? Por lo visto a nuestro señor Presidente, tan providencialista él, el único método que se le ocurre para sacar al país de la recesión y para evitar que el chorro de trabajadores que van perdiendo su trabajo, a consecuencia de la pasividad o las medidas absurdas y equivocadas arbitradas por el Ejecutivo es, sin duda, esperar a que la enfermedad económica que nos está afectando se cure por si sola, basándose en que, los buenos deseos de unos y los apretones de manos de los otros, nos lleven a superar la crisis que nos está descapitalizando, empobreciendo y preocupando por su intensidad, su generalización y por la falta de un horizonte que permita a los ciudadanos agarrarse a un asomo de esperanza. Al parecer, el señor ZP se está olvidando de que ya lleva más de un año pidiendo a los españoles que esperemos; que confiemos en el Gobierno; que no seamos “antipatriotas” y no nos hundamos en el pesimismo; que lo de la crisis sólo eran cosas de alarmistas; que con la llegada del gobierno, salido de las urnas del mes de marzo pasado, todo el aspecto social, el empleo y el bienestar estaría garantizado… sólo era preciso tener paciencia y esperar. Lo malo es que, aproximadamente cada tres meses, nos sigue pidiendo lo mismo. Pone señuelos para intentar sembrar optimismo en la población, cada vez que se apercibe de que ya se está agotando la fe en sus palabras y que el pueblo llano lo empieza a mirar de reojo, preguntándose si se le está tomando el pelo o si es que la realidad es distinta a la que se percibe desde la postura de un ciudadano de a pie.

Cuando se nos anuncia que hemos llegado a 3.128.000 parados y sale el señor Presidente del gobierno con toda su flema, con su parsimonia verbal y con su inmutable aspecto de bondadoso protector de la plebe, para sacarse de la manga una de sus utopías y nos pide paciencia; debemos empezar a preocuparnos porque sabemos que todo su fingido optimismo, toda su aparente confianza en sí mismo y la que pretende trasmitirnos a nosotros, no son más que utopías, pompas de jabón que estallan ante sus propias narices y un mero ejercicio de voluntarismo sin ninguna base en la que apoyarse. Pero, veamos señor Presidente, si, aunque sea por una vez, es capaz de decir la verdad, si por sólo una ocasión acepta usted la situación tal y como está planteada, no sólo en España, que más que en otros países, sino también en el resto de naciones de todo el mundo. Deberíamos recordarle que existe Internet, que hay miles de TV’s en España y en el resto de países que nos permiten enterarnos de lo que sucede y que nadie nos debe decir lo que nos sucede a cada uno de nosotros cuando nos apercibimos espantados de que, con nuestros ingresos, nos resulte, cada día que pasa, más difícil atender las necesidades más perentorias que nos acucian.

No nos diga ahora que, con los 8.000 millones que les ha ofrecido a los Ayuntamientos para obras nuevas (vaya usted a saber si hacen falto o no o si se van a destinar a ello o a otros compromisos más ineludibles), va usted a solucionar el problema del desempleo, presente y futuro que estamos padeciendo en España. No somos críos, señor ZP, ni analfabetos, como parece que usted nos está catalogando, y tenemos la capacidad de distinguir cuando uno se tira un farol de cuando tiene un buen juego y, usted señor Presidente, es de los que se ha hecho popular a base de faroles. Lo que ocurre es que, en temas económicos, no valen estos subterfugios y, tarde o temprano, salen a relucir los errores de apreciación, las martingalas y las engañifas, porque la economía se rige por realidades, números, variables, y el juego del libre mercado, o sea, oferta y demanda.

Cuando usted habla del paro se ha dejado en el tintero algo muy preocupantes, algo que puede llevar a que nos tengamos que enfrentar a un problema que, hasta ahora, sólo se ha producido en pequeña escala y que se ha olvidado, pienso que interesadamente, de mencionar. El desempleo, al ritmo en el que se produce, seguirá aumentando, porque así se nos anuncia desde las instancias económicas más creíbles, por lo que, aún en una supuesta reacción de la demanda en algunos sectores (pongamos el sector público) en el resto, en el sector productivo, de momento, no se contemplan remedios milagrosos para evitar la destrucción de puestos de trabajo. Claro que, en otros países, ya se empieza a pensar, incluso lo ha dicho el señor Obama para los EE.UU, en aplicar el remedio de la rebaja de impuestos, como lo piensa hacer, en Alemania la señora Merkel y, es muy probable, que muchos de los países europeos se vean obligados a seguir su ejemplo, ante la ineficacia de ir inyectando dinero a tontas y a locas; pero el señor Presidente es alérgico a esta medida y se niega, con empecinamiento digno de mejor causa, a aceptar una medida tan lógica, sólo por el hecho de que es una propuesta liberal.

No obstante, no debemos olvidar que, según datos fehacientes, aproximadamente 1.500.000 desempleados, que actualmente perciben la prestación por desempleo, precisamente para los meses de marzo o abril dejarán de percibirlas por haber terminado el plazo al que tenían derecho según la legislación laboral. Este hecho entraña una serie de dificultades que no dudo que ya estén en la mente de ZP y que se concretan en una sola pregunta: ¿qué se va a hacer con toda esta gente? Un millón y medio de personas sin trabajo, es un millón de bombas de relojería que pueden estallar en cualquier momento, si no se encuentra una solución viable a su desamparo. No olvidemos que una parte importante de desempleados son inmigrantes, de aquellos que el señor Caldera “regularizó” en un alarde estúpido de prepotencia socialista. Tampoco debemos de dejar de tener en cuenta que se calcula que, otro millón de inmigrantes ilegales, pululan por las ciudades españolas, viviendo de pequeños trabajos, de la caridad o, tampoco debemos descartarlo, de la venta de drogas o de la delincuencia que, cada días, se nos hace más patente a los españoles. Me temo que, si no se encuentra, rápidamente, un remedio para una situación como la que se nos anuncia y si, como parece, desde la OCDE ya se nos ha advertido sobre las posibilidades de que se produzcan problemas en la Seguridad Española para hacer frente a sus compromisos económicos con las clases pasivas; puede que para el mes de Marzo o Abril el señor Zapatero se encuentre con dilemas de una magnitud importante para los que, permítanme que lo diga, dista mucho de estar preparado.¡Ojalá nos equivoquemos! y ¡Ojalá la providencia nos ayude!, pero mucho nos tememos que nos esperan meses muy duros a los que hacer frente y, con este Gobierno, ¡qué quieren que les diga…! Horacio decía.” La carrera breve de la vida nos veda las largas esperanzas” Pues, en esto, estamos.

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