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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Interpelados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 12 de enero de 2009, 09:49 h (CET)
Visto el panorama que nos rodea, ya suele admitirse que cada uno va a su bola. Cada señal proveniente de otros individuos es minimizada o ignorada sin más. No parece que se deba a taras o impedimentos físicos, los métodos disponibles son cada vez más potentes para la detección de cualquier detalle. Algo subyace en este desolado aspecto de las relaciones humanas. ¿Sólo figuraciones? ¿Auténtico comportamiento social? A través de un indriso, comienzo con estos versos:

I N T E R P E L A D O S
¿Tú te sientes interpelado? ¿Por quién?
¿Te sientes anonadado? ¿Por alguien?
¿Tú sigues impretérrito aunque rabien?

El mendicante que tiende la mano,
También el necesitado hermano,
Como el otrora orgulloso humano,

Intentan caminos en busca de un bien,

Tenaces frente al frío inhumano.

Por ahí se desenvuelve uno de los escándalos de actualidad, la propensión desmedida al DESDÉN con que se atienden las indicaciones de los demás, en un funcionamiento solipsista como su directriz dominante. Aún resulta peor cuando ese despego reinante pretende disfrazarse con aires democráticos. Con aquello de que se votó y las grandes mayorías, se colmaron las consideraciones, ya no se cuenta con otras valoraciones, no interesan para los procedimientos habituales. Sus manifestaciones proliferan sin freno. En las áreas sociales más diversas se detectan esas actitudes frías y desdeñosas con los prójimos, con todo lo ajeno al yo propio.

Si nos paramos a pensarlo, tampoco se requieren grandes procesos mentales; uno se siente llamado por sus coetaneos, o bien pasa de atenderlos. Partimos de esa predisposición inicial, si lo que ocurra a otras personas nos importa o nos resulta ajeno. Pronto nos apercibimos de algunos disimulos. Una vez establecido el toque sobre nuestras fibras sensibles, adquiere enseguida gran variedad de TONALIDADES. El horror por un suceso determinado se diluye con prontitud entre otros acontecimientos, entre otros focos de atención. ¿Cuándo consideramos de verdad que nos sentimos interpelados? Si nos referimos a la interpelación sore el conjunto de una sociedad determinada, aumentan las circunstancias distractoras, los sujetos receptivos son también muy diferentes entre sí. Unos sí y otros no, a la hora de captar una llamada concreta.

¿Qué pensamos o sentimos ante el vacío? ¿Nos da igual? Las cuevas indias de Malabar entroncan su vacío con la divinidad. Más próximo a nosotros, Eduardo Chillida, persiguió el sentido de ese VACÍO –Su proyecto de Tindaya, la montaña vacía-. Apuntemos aquí dos versiones. El hueco inmemorial de las cosas inalcanzables, por eso divinas o supremas, como un reto que apenas intuimos. Mientras Chillida, debió percibirnos como exageradamente atareados u ofuscados, descentrados o aturdidos; quizá por eso mismo, entrevió la importancia de un espacio para los encuentros, libre de tapujos, de enredos, de malas interpretaciones y de tramas peores. Precisamente, ese gran salón dentro de Tindaya, con la tenue iluminación de la luz diurna. Ahora no se piensa en esos sentimientos, se busca en Internet, somos más prácticos …, e insensatos también, no intentamos la comprensión personal.

Las figuras arquetípicas, los grandes mitos, tienen eso; que rebrotan en diversos momentos, con fuerza inusitada. Expresan hondas raices de los comportamientos humanos. Pienso que debiéramos sentirnos aludidos por una de esas figuras antiquísimas, interpelados por los DRAGONES. Habrá que recobrar estas tradiciones orientales. Dos dragones se destrozaron entre sí a lo largo de un gran combate, dejaron como residuo una fértil espuma, y de ella surgieron los descendientes con sus dinastías. Los dragones fueron simplemente los antecesores de una raza heroica. Recobran su interés estos relatos. Las sutilezas de los signos religiosos, el respeto a las vidas, son arrumbados por otros intereses. Dominan las éticas de los más fuertes, variadas y adaptables. Contemplamos los desastres, pero eludimos las cuotas de responsabilidad. Palestina, África, manejo de capitales ajenos, violencias familiares. ¿Van a tener razón los relatos de dragones? ¿Qué respondemos a esto? Los silencios son demasiado flagrantes, incluso con las violencias próximas. Si estamos llamados a una participación racional, no lo parece.

Los diablos ya no necesitan esforzarse como antaño en sus maquinaciones. Las transparencias facilitan su labor. Ahora les basta con mostrarnos el escaparate de los comportamientos humanos; en ellos, las tentaciones y malicias ejercen por sí mismos. Así se comporta “El diablo cojuelo” (Vélez de Guevara). Nos relata el paso de una de las entidades que más atrae nuestra atención, nada menos que la FORTUNA, con una parafernalia estentórea y gran diversidad en sus acompañantes. Describe a las damas de honor de la diosa, expresivas por sus mismos nombres. La fea, pero muy favorecida Necedad; otra es Lisonja; Mudanza es incumplidora por naturaleza; muy llamativa es la Envidia; y con vestidos oscuros, como muy olvidada, la Hermosura. A buen seguro, pasarían otras muchas damas con atributos para ese desfile. Es verdad que los adelantos nos invaden, las técnicas pretenden el absoluto; sin embargo, estas acompañantes de la Fortuna, no han modificado sus características primordiales. Tendrá que ser así, por que tendemos a no darnos por afectados; continuamos en la rueda, y aún la agrandamos.

Abundan los tonos despectivos y desafiantes en las maneras de tratarnos; sin embargo, tengo la impresión de que domina ampliamente la indiferencia. ¿Nos dicen algo los gestos, las actitudes de las personas circundantes? La frialdad en los ambientes habituales me lleva a la cuestión de hoy, si nos influyen o nos importan los ROSTROS de la gente a la que tenemos algún tipo de acceso. Si nos sentimos afectados por ellos. Los niveles de recepción ante esos contactos, serán diversos; gentes más o menos impresionables a la vista de lo expresado por otras personas. Ahora bien, esa relación con los demás, esa implicación, es crucial para el abordaje de tantos problemas como nos abruman. Con estos indicadores tratados hoy, quedará reflejada la importancia de la pregunta, ¿Por qué y por quién nos sentimos interpelados? De ahí nacerán, o no, las respuestas adecuadas.

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