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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Sánchez necesita un mes para buscar apoyos. ¿No será un tiempo perdido?

“De todos los presagios siniestros el más grave, el más infalible es el optimismo” E. de Girardin
Miguel Massanet
jueves, 4 de febrero de 2016, 00:48 h (CET)
Finalmente SM el Rey hizo lo que parecía más evidente: encargar al señor Pedro Sánchez, del PSOE, iniciar los trámites para una posible investidura, lo que significa que desde ahora el líder de los socialistas deberá conseguir el apoyo de suficientes parlamentarios para obtener la mayoría necesaria para ser designado presidente del futuro gobierno español. En la rueda de prensa posterior, el señor Sánchez demostró que ya tenía previsto, con bastante antelación, este encargo de Felipe VI ya que, el discurso que tenía preparado para dar cuenta a los periodistas del encargo de la Casa Real, se convirtió, inter alias, en un peñazo por su extensión y por su contenido propagandístico, más propio de uno de sus mítines electorales a los que nos tienen acostumbrados estos perdedores del PSOE, con los que han querido disimular que, un partido minoritario, esté dispuesto a lo que fuere preciso, incluso pactar con los señores de Podemos para hacerse, a cualquier precio, con la presidencia del gobierno.

Sin embargo, sí notamos un cambio bastante significativo de la estrategia del líder socialista cuando, en su intervención, se mostró dispuesto a hablar con todos los partidos, en este caso incluido el PP, con el que han estado repitiendo hasta la saciedad que no iban a tratar bajo ningún concepto, excluyéndolo y proponiendo, de hecho, someterlo a un nuevo “cinturón sanitario”, al estilo del tristemente recordado Pacto del Tinell. Y cuando, de pronto, uno empieza a oír hablar de “lealtad” de “responsabilidad” o de “altura política” de la oposición, hacia un gobierno utópico presidido por un señor que ha estado insultando, desmereciendo, atacando, y descalificando al PP, desde que subió a su puesto de secretario general del PSOE; no sabe si calificarlo de loco o del mayor hipócrita que ha ocupado la dirección de un partido político. Y es que, este señor ha actuado, precisamente, como un ariete en contra de todo lo que ha llevado a cabo el partido en el gobierno, incluso criticando el que haya sacado a España del abismo en el que su antecesor en el cargo, señor Zapatero, dejó sumida a España cuando perdió las elecciones del 20D del 2011.

Resulta oportunista, poco serio, escapista y, evidentemente, sacado a colación con la intención de justificar una presunta lealtad hacia anterior gobierno que no fue tal, porque se olvidó de hacer mención a que, cuando mostró su apoyo al gobierno de Rajoy en el tema de los separatistas catalanes, para que actuara en defensa de la Constitución; a los pocos días ya estaba criticando la política del Gobierno en el caso catalán, acusándolo de falta de diálogo, aportando, de su cuenta, la idea de hacer una España federal cuando, en la Constitución nada se habla de esta posibilidad, ¿ se puede considerar esta conducta como leal? Y, cuando era evidente que había temas en los que, el no apoyar al legítimo gobierno, se podría considerar como traición a la patria, es obvio que cualquier formación política no es que pueda escaquearse o disimular para dejar de apoyar al gobierno, sino que es su obligación el hacerlo sin que ello signifique lealtad al gobierno, sino la lealtad debida a la Constitución, a la patria y a todos los españoles.

Ahora vamos a comprobar si –como ha estado manifestando el señor P.Sánchez desde que se postula como futuro presidente del gobierno español –, es cierto que todo lo que dijo, referente a que no iba a llegar a acuerdos con los que apoyaran al separatismo o atentaren contra la unidad de España y que no quiere ser presidente “a cualquier precio”, se cumple, o si, en el hipotético caso de que consiguiera formar gobierno, sus políticas, como ha estado insistiendo para convencer a los españoles, van a servir para mejorar el nivel de vida de los españoles, sus condiciones sociales o sus oportunidades de conseguir un trabajo y, todo ello, si es capaz de lograrlo, como afirma, sin aumentar impuestos, pagando religiosamente nuestros compromisos de deuda pública y, atención, sin que el déficit público se salga de los límites fijados por la UE.

Con la teatralidad oportuna, propia de aquel que nunca se ha visto ante semejante reto, el señor Pedro Sánchez, ha hablado de que ahora “va en serio”, una frase que repitió en varias ocasiones. Deberemos suponer que hasta ahora todo lo que ha hecho y dicho iba de guasa, que no tenía importancia ni se le debía de tomar en cuenta. Ha pedido un mes para poder concluir con el mandato del Rey y, dada su convicción de que lo tenía todo “atado y bien atado” parece que el plazo es excesivo. Puede que haya algún pacto secreto con Podemos que, entre tanto, no para de lanzarle pullas y propuestas absurdas, entre ellas se han atrevido a proponerle los ministros que debiera nombrar de su propio partido, el PSOE, en el colmo del atrevimiento y de la humillación hacia aquellos con los que aspiran a gobernar o ¿no? y lo que buscan en unas nuevas elecciones.

Tal como le piden el resto de partidos, este retraso parece que lo único que esconde es la intención de los socialistas de ganar tiempo, de prolongar en lo que puedan los plazos para, en el caso probable de que no se consiguiera el acuerdo que se pretende, las temidas nuevas elecciones fueran lo más tardías posible. Y es que, señores, si hay algo que varios partidos del arco parlamentario temen más que a un ciclón, es que se tuviera que celebrar nuevos comicios en los que, con toda probabilidad, algunos de ellos iban a sufrir nuevos descalabros. Puede que el que más castigo recibiera de una, utópica, nueva visita de los españoles a las urnas, sería precisamente el PSOE y, para el señor Sánchez, con toda probabilidad, podría ser su canto del cisne. O exhibe, ante sus críticos del PSOE, una investidura como presidente o es muy posible que su carrera política acabe al mismo tiempo que se llame de nuevo a votar a la ciudadanía...

Por lo que respeta al PP debo decirles que su única esperanza, si es que le queda alguna, de recuperar algunos de los votos que fueron a parar a Ciudadanos o de los que se abstuvieron, vendría del temor que se ha despertado en la ciudadanía, en todas aquellas personas, con sentido común, capaces de tener criterio propio y valorar el gran peligro de que, la izquierda del PSOE, se llegara a aliar con la extrema izquierda, representada por el comunismo bolivariano de Podemos, constituyendo un gobierno insólito en Europa. Si esto ocurriera, es evidente que España entraría en una nueva época en la que, a diferencia del paraíso que nos han ofrecido Pablo Iglesias y sus compadres, tan pronto se pusieran en práctica sus políticas económicas o se derogara la reforma laboral, que tan efectiva ha sido para insuflar confianza a las empresas y animarlas a contratar; una vez que la inercia del impulso dado por las reformas llevadas a cabo por el PP dejara de funcionar, se empezarían a sentir los verdaderos efectos de una política estatalizadora, intervencionista, subvencionadora y de aumento del gasto público para satisfacer insostenibles compromisos sociales y, como parece que ya ha está empezando a ocurrir, con una sobresaturación de cargos públicos, algo que, en años pasados, parecía que se estaba controlando.

Faltará saber si, en este caos y suponiendo que se celebrasen nuevas elecciones pesaría más, en la balanza del PP, el miedo del pueblo a afrontar una aventura de manos del PSOE y Podemos o, el enfado de sus votantes habituales y de los que no les votaron en las pasadas elecciones, acabarían por inclinar la balanza al lado del apoyo o del rechazo. Una cuestión difícil de dilucidar y que va a ser crucial para el señor Rajoy, que parece que ha decidido jugarse todo su prestigio político y su valoración como estadista, en esta última apuesta a cara o cruz.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos el pálpito de que, en esta ocasión, nos estamos jugando de verdad el porvenir de nuestra nación y, con él, la posibilidad de que España siga por el camino, con obstáculos por supuesto, de la recuperación y la creación de empleo o, por el contrario, estemos en peligro inminente de que todo lo conseguido en estos pasados años de crisis, no haya servido para nada, tengamos que empezar de nuevo y ello, por desgracia, sin contar con el apoyo de la CE que, obviamente, no va a aceptar que una de las potencias económicas de la UE, pretenda contagiar, al resto de naciones que la integran, el comunismo bolivariano que, con tanta facilidad, ha calado en una parte de la ciudadanía española, evidentemente engañada por los cantos de sirena de activistas que, si no sirven para gobernar, son muy hábiles a la hora de lavar los cerebros de aquellos predispuestos a ello. Lo malo es que, como dice Murphy: “La democracia consiste en elegir a nuestros dictadores, una vez que ellos nos han contado lo que creemos que deseamos escuchar”. Tomen nota de ello.
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