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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Mayor Oreja en Europa, un rival menos para Rajoy

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 10 de enero de 2009, 21:34 h (CET)
Que el señor Mayor Oreja es uno de los activos más sólidos que le quedan al PP, es algo que, nadie que tenga un mediano conocimiento de quién es quién dentro del partido, puede poner en cuestión. Que al señor Mayor Oreja se le ha ninguneado y se le ha apartado de la primera línea del nuevo PP, organizado por el señor Rajoy después del fracaso electoral del mes de marzo del pasado año, tampoco puede negarse. Hoy vuelve a aparecer su nombre y, una vez más, para ser nombrado candidato del PP para las próximas elecciones europeas. Tarde, inopinadamente y a desgana, el señor Rajoy se ha decidido por este defensor de las más puras esencias representativas de los valores básicos e indiscutibles de su partido, resumidos en la defensa de la unidad de España; el cumplimiento de su Constitución; la defensa de los derechos individuales de los españoles, la solidaridad entre todas las tierras y pueblos que integran nuestra nación y el mantenimiento de la ética y moral que nos han trasmitido nuestros mayores. El señor Mayor Oreja ha sido de los que, como la propia María San Gil, no se han dejado amilanar por el nacionalismo vasco y, con muy buen sentido, es de los que está convencido de que, con semejante compañía, no se puede solucionar el problema endémico del país vasco.

En todo caso, no deja de llamar la atención que el señor Rajoy, conocedor de la forma de pensar del señor Mayor Oreja, haya decidido, finalmente, en lugar de nombrar a cualquier otro más afín a la nueva línea pactista, sinuosa en lo político e indefinida en temas como el aborto, la unidad de España, los matrimonios homosexuales etc., nombrar; a este candidato, ya veterano en estas lides, a todas luces incómodo para él; del que sabe que le separa un abismo ideológico y que, en numerosas ocasiones, ha manifestado su disconformidad con el nuevo rumbo que el bisoño equipo directivo del PP, le está imprimiendo a su partido. Como era de esperar, en este impasse de días festivos, tradicionalmente escaso en noticias políticas (de las otras, de aquellas que uno quisiera no tener que conocer, siempre las hay en abundancia), el nombramiento del señor Mayor Oreja ha caído como agua de mayo para las redacciones de los periódicos y las habituales tertulias, tanto radiofónicas como televisivas, que han tenido materia nueva sobre la que constatar opiniones y emitir juicios. Por supuesto que la opinión más generalizada es la de que el señor Rajoy ha tardado demasiado en nombrar su candidato y que, esta circunstancia, puede perjudicar las opciones de Mayor Oreja, debido a que el candidato socialista, señor López Aguilar, nombrado desde ya hace meses, le lleva ventaja en la campaña para promocionar su elección.

Se ha comentado que a los restantes posibles elegibles quizá no les hiciera gracia que los apartaran de las cercanías de la calle Génova, desde donde pueden vigilar más de cerca las maniobras de sus rivales, aspirantes a puestos de mayor influencia dentro de la política nacional; como pudiera ser, por ejemplo, de sustituto del señor Rajoy en el caso de que las tres elecciones que tenemos anunciadas (las gallegas, las vascas y la europeas) no dieran al PP los resultados a los que aspira, para poder demostrar su recuperación y desmentir las encuestas que lo vuelven a situar en el lugar de perdedor.

Otros, peor intencionados, sacan a relucir el carácter gallego del señor Rajoy, y dicen que ha sido una jugada taimada ya que ha puesto a su rival, uno de los considerados pertenecientes a llamada línea “dura” del partido, en el brete de tener que ganar ya que, si no lo hace se va atribuir su fracaso precisamente a sus discrepancias con la actual deriva del partido y, si gana, entonces se va a atribuir el mérito por haber sido el quin designó el candidato. Es muy posible, porque don Mariano ya nos ha trastear con suma habilidad durante años, presentándose como un hombre duro y de convicciones profundas cuando, a la postre, tan sólo era un engaño, una capa fina coloreada de honorabilidad que, a la postre, ha resultado ser como una piel de serpiente lista para la muda cuando las cosas se le pusieran feas, como ocurrió en las pasadas elecciones.

Los ciudadanos de a pie, los que fuimos votantes adictos del PP, todavía hilamos más fino y, como a mal pensados nadie nos supera, tenemos nuestra propia teoría. El señor Rajoy no las tiene todas consigo. Ve fantasmas que aspiran a su puesto en todas las personas que lo rodean, menos, por supuesto, en sus cachorritos, que todavía están en periodo de lactancia, y por ello, ha decidido marcar de cerca a la espabilada E.Aguirre, al ladino de Gallardón, al calculador Camps, al astuto Arenas (posible candidato, como Gallardón, a las europeas) y, como no, aunque ya en otro plano, al estilizado y variable Feijoo, de Galicia, que lo que es lo que se dice aspirar, aspira a todo. Sabe, don Mariano, que toda adulación, toda sonrisa de pleitesía, todo arrumaco y toda sumisión, por parte de los nombrados, tiene su contraportada en forma de hoja de puñal en el caso de que fracase en alguna de las próximas confrontaciones electorales. La señora Rosa Diez ya le ha pegado la primera bofetada política y, se dice, que ya se ha fagocitado a 400.000 antiguos votantes del PP. ¡Esto duele!

El actual líder del PP no puede permitirse más tropiezos porque, con toda seguridad, un nuevo fallo daría al traste con su nueva política y, las bases del PP, los votantes fieles, es muy posible que se revolucionaran contra un tipo de oposición que no comprenden y que se les puede antojar más bien como una “colaboración encubierta” con el PSOE. Así las cosas, al señor Rajoy le puede ir de perillas mantener lejos de la arena política al señor Mayor Oreja, un posible aspirante a sucederle, en un puesto relevante en al UE, desde el que no le pueda hacer daño ( vean lo que ha ocurrido con el señor Vidal Cuadras, otro valor desperdiciado por el PP) y seguro de que, como ya tiene probado, la fidelidad de Mayor Oreja a España y a los españoles, lo tendrá ocupado en defender, como siempre ha hecho, los derechos de nuestra patria, a capa y espada. Entre tanto el señor ZP, libre de marcaje, sigue manteniendo, sin presiones, su distancia, una cómoda distancia si nos atenemos a las circunstancias de crisis por las que pasamos; limitándose a dejar transcurrir la crisis, a trancas y barrancas, pero seguro de que, desde el PP, nadie le va a poner en un brete. Esta es la política de “no crispación y de centrismo” que han decidido hacer los delfines del señor Rajoy con su completa aprobación. Y es que, señores, como dice el refrán: “entre sastres no se pagan hechuras”.

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